Buena parte de la soja y la energía “paraguayas” son del Brasil

El sociólogo Ramón Fogel concluye en un ensayo publicado en su libro Enclave sojero, merma de soberanía y pobreza, que cerca del 90% del cultivo de soja en el país es explotado por los colonos y latifundistas brasileños ausentes (es decir residen en el Brasil) y residentes en Paraguay

Un claro indicador de este porcentaje es que en los departamentos donde se concentra la población brasileña (Alto Paraná y Kanindeju), la producción de soja se disparó en los últimos 10 años. Y es que justamente fueron los brasileños, colonos tipo farmers, los que introdujeron el cultivo de la soja a mediana y gran escala, con el apoyo crediticio y técnico de organismos públicos y privados brasileños desde el Brasil. Detrás de ellos vinieron los grandes capitalistas que compraron miles de hectáreas y, algunos, monitorean su negocio sojero desde San Pablo, Minas Gerais o Rio de Janeiro.

Por cierto, según el sociólogo Tomás Palau, los productores y terratenientes brasileños de la soja dejan al Estado Paraguayo en concepto de impuestos una parte escasísima de sus fabulosas ganancias para sostener el monocultivo; “La otra la invierten directamente en el Brasil a través de sus depósitos en los bancos brasileños Interbanco y Banco do Brasil que operan en Paraguay. Prácticamente no queda nada para el país”, agrega Palau.

Igual despojo, pero a escala mayor, comete el Brasil con la energía eléctrica que producen las usinas de la Represa Binacional Itaipú. Según Ricardo Canese, experto en temas energéticos, si el Paraguay pudiera vender la energía eléctrica que le pertenece de Itaipú a precio de mercado regional, debería recibir aproximadamente 1.800 millones de dólares anuales, y no la migaja de 120 millones de dólares que hoy recibe. Ocurre que la diferencia entre estos dos montos (1.680 millones de dólares) se la traga Eletrobras, la empresa estatal de energía brasileña, pagando por la energía paraguaya un precio muy por debajo del de mercado. Y casi toda la energía y la plata van para sostener al complejo industrial de la burguesía brasileña.

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