Buen viaje para el viejo Ananías

No recuerdo bien. Creo que fue a fines del 2006 cuando, en una noche calurosa, Ananías Maidana pasaba por la vereda de la Chopería Roma.

Yo estaba sentado allí. Me dijo que venía no sé de dónde. Y que estaba apurado, porque una reunión lo espera en el local del partido. Antes de seguir, posó con firmeza su mano en mi hombro, me miró fijamente con esos ojos azules que daban vértigo, y me dijo: “Ñañembogueta va’êra”, con un tono amable, y agregó, ya con un tono de comandante: “Cuándo hablamos”. Le dije que cuando quisiera. Me respondió que me iba avisar. Y se fue, cruzando Colón, decidido a tomar un ómnibus sobre la calle Montevideo que lo llevaría a la calle Brasil. Nunca me avisó.

Anoche me encontré con Luís Casabianca, otro dirigente del PCP, en el lanzamiento de un libro. Conmovido, Luís me contó que Ananías estaba muy mal, pero que lo veía espantosamente conciente de sí mismo. Esta mañana, muy temprano, alguien me tiró un mensaje informándome de su muerte.

Escribo estas líneas no desde el afecto que pudiera escribir un amigo de Ananías. Tampoco desde el respeto sagrado de un militante del PCP por la moral revolucionaria del viejo. No fui su amigo ni soy del PC. Escribo estas líneas porque vi en Maidana a un feroz animal político, cargado de un poder que no muchos seres humanos alcanzamos. Vi al viejo como a un bicho invencible, que con cada uno de sus gestos negaba la muerte. Las veces que estuve frente a él, me sentí rebasado por su fe, por su idea superior. Tuve deseos de devorarlo para apropiarme de su espíritu, como hacían los guerreros guaraníes con el cuerpo de sus enemigos vencidos. Jamás lo vi, ni él se habrá visto, como  “víctima” de la dictadura. Víctimas son los derrotados. Ananías fue una digna criatura de poder, y por su creencia hubiera hecho cualquier cosa, tal como lo demostró. Sé que no fue perfecto, pero que de sus defectos se ocupen hoy los que ayer fueron sus enemigos.

Sé que las bacterias habrán empezado la fiesta con su cuerpo. Pero sé también que toda criatura del Universo, y el Universo mismo, no solo es materia, es también intangible, es Símbolo. Y ese símbolo llamado Ananías hoy partió, como un eco eterno, hacia los infinitos rincones de Cosmos.

Buen viaje para el viejo entonces.

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