Brasiguayos: odiados o adorados

Enclaves coloniales en tierra guaraní. Reportaje publicado en el El Dipló – Le monde diplomatique Cono Sur.

El rey de la soja, Tranquilo Favero. Foto: Profimedia.com, Redux.

Alrededor del 19% del territorio nacional paraguayo, es decir 7,7 millones de hectáreas (el 32% del total de las tierras cultivables), está en manos de propietarios extranjeros. Y unas 4,8 millones de hectáreas pertenecen a brasileños, sobre todo en las zonas fronterizas del Alto Paraná, Amambay, Canindeyú e Itapúa (1). Así lo indica un estudio realizado a partir del censo agrario 2007-2008 y dirigido por Marcos Glauser, de la organización BASE Investigaciones Sociales, y Alberto Alderete, del Servicio Jurídico Integral para el Desarrollo Agrario (SEIJA).

Dos períodos favorecieron la llegada de quienes fueron bautizados “brasiguayos” (mitad brasileños y mitad paraguayos, uno u otro o los dos a la vez). Las leyes que permitían vender las tierras públicas fueron aprobadas después de la guerra contra la Triple Alianza, que entre noviembre de 1864 y marzo de 1870 enfrentó a Paraguay contra una coalición integrada por Brasil, Argentina y Uruguay, con desastrosas consecuencias para aquel. Luego, en la década de 1970, marcada por el bajo costo de la tierra, resultaba mucho más fácil deforestar de modo salvaje en la medida en que el dictador Alfredo Stroessner no tenía nada que negar a sus homólogos del país vecino.

El proceso seguirá cuando la “dictadura” sea sustituida en 1989 por la “dictablanda”: los colonos brasileños, con la agricultura mecanizada en el equipaje, serán la punta de lanza de la introducción de la soja. Montarán las empresas de agronegocios más importantes y… entrarán en conflicto directo con los campesinos locales.

En materia de “domesticación” de la población, los recién llegados ya habían hecho buena escuela en su país (2): “La gran mayoría llega con la ‘mentalidad de frontera’, para hacer fortuna fácilmente, y se impone por medio de la violencia, modificando las costumbres, las normas, las reglas medioambientales… sin hablar de las leyes laborales”, denuncia Miguel Lovera, ex presidente del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senaves). Aunque emplean poca mano de obra, por la mecanización de los cultivos, estos colonos –cuyas propiedades van de un centenar de hectáreas a las 140.000 hectáreas del “rey de la soja”, Tranquilo Favero– suelen infligir a sus trabajadores un régimen de semiesclavitud. “Tienen su propia seguridad –precisa Jorge Lara Castro, ministro de Relaciones Exteriores del ex presidente Fernando Lugo–. Pero, muy a menudo, utilizan a campesinos locales como matones, por poco dinero.” En conexión directa con sus militantes de campo, Esther Leiva, coordinadora nacional de la Organización de Lucha por la Tierra (OLT), se muestra más precisa: “Si pasás por sus tierras, te pueden disparar”.

“Entre ellos hay de todo –confirma el economista Luis Rojas–. Brasileños ‘de pura cepa’, naturalizados, hijos de la segunda o tercera generación. Pero, tengan o no documentos paraguayos, todos mantienen una fuerte relación con su nación de origen.” En distritos donde todas las radios y televisores emiten en portugués, se expresan en esa lengua, tienen sus propias escuelas, sus iglesias, se mantienen económicamente muy vinculados a las empresas del país vecino. “Nosotros no vemos bien esto –nos confía Isebiano Díaz, campesino de un asentamiento del departamento de Caazapá, resumiendo el sentimiento de su comunidad y muchas otras–. Ponen ideas extrañas en la cabeza de la gente.”

¿Xenofobia? “Hay rechazo –admite Rojas–, pero es muy complejo: mientras que los campesinos son abandonados, los brasiguayos están muy presentes en los ambientes de negocios que los expolian.” En efecto, si bien la comunidad brasileña como tal se implica poco en la vida de los partidos políticos, ejerce fuertes presiones cuando considera que se afectan o amenazan sus intereses. Y consigue lo que busca, gracias al apoyo incondicional de los círculos dirigentes. “A mediano plazo –considera Alderete–, sus tierras se convertirán en enclaves brasileños en el territorio paraguayo.” Si ya no lo son…

Maurice Lemoine: Periodista, autor de Sur les eaux noires du fleuve, Don Quichotte, París, 2013.

Traducción: Gabriela Villalba

Artículo publicado en El Dipló – Le monde diplomatique Cono Sur

Lea también: El reino del latifundio: “Sojalandia”, un Estado dentro del Estado paraguayo.

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1.  ABC Color, Asunción, 22-08-13.

2.  Véase “Le Brésil des hommes marqués pour mourir” y “Les nouveaux forçats du travail-esclave au Brésil”, Le Monde diplomatique, París, diciembre de 1990 y agosto de 1993, respectivamente.

 

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