Ycuá Bolaños y sus lecciones de salud mental para esta pandemia

Por Agustín Barúa Caffarena[1]

Rigidez, irresponsabilidad, descuido, autoritarismo.

Como colectivo Psi Crítica[2] nos interpelan las últimas declaraciones de la portavoz de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública (MSP)[3] y el relato construido por el gobierno nacional desde el inicio de esta pandemia.

Nos preocupa el abordaje de este gobierno sobre la salud mental, caracterizado por sobrevalorar lo médico y lo psiquiátrico, promover la sumisión de la población y fortalecer el discurso belicista.

En un ejercicio de memoria nos preguntamos ¿qué aporta la experiencia de la masacre del Ycuá Bolaños[4] a la salud mental en este contexto de pandemia?

En nuestra mirada, el Ycuá Bolaños fue una catástrofe llena de aprendizajes para la salud mental comunitaria, pues nos enseñó como sociedad, de la manera más brutal, cuatro lecciones para pensar desde otros lugares la salud mental.

Una es que el lucro, la acumulación y devastación que genera el capitalismo es un horror oculto que solo se nos revela en catástrofes como esta.

Dos, que no bastan los consultorios y las salas de internación para trabajar la salud. Que la vida es afuera, es cotidiana y está atravesada por disputas de poder.

Tres, que los lazos comunitarios de cuidado, de reconocimiento, de cercanía, de sentido, no son reemplazables con psicofármacos.

Cuatro, la rebeldía, la organización colectiva y la exigencia de derechos hacen parte orgánica de la salud mental.

Sin embargo, ¿qué nos dice el discurso oficial?

¿Por qué nos preocupa que sólo la medicina tenga una voz validada para hablar de salud mental?

El relato oficial impone un discurso único: habla de “casos”, resalta que lo que hay es una “pandemia de salud mental”, incrementado el poder médico, despolitizado y deshistorizando el sufrimiento psíquico, sacando de contexto el malestar de la gente. De esta manera, reduce la complejidad de cada uno de esos “casos” a etiquetas diagnósticas.

Es una perspectiva que niega la desigualdad social, la pugna de poder Abdo – Cartes o nuestra genuflexa política exterior a los mandatos del gobierno de EUA que interviene directamente en la política de vacunas sin ofrecer siquiera algún salvavidas a una institución de salud ahogada en sus miserias: el clientelismo, el saqueo de siete décadas y la privatización.

Todas estas complejidades quedan invisibilizadas bajo el “pulcro” rótulo que ofrecen los manuales de psiquiatría.

El Trono psiquiátrico

En la voz oficial se escucha que “se necesitan refuerzos de profesionales de psicología en todos los centros asistenciales” pues “solo existen 100 psiquiatras en el país”; por si no queda claro, agrega: “por lo menos pedimos contar con sicólogos”.

Esto ¿rearma, esta vez en contexto pandemizado, la vetusta jerarquía en la que debemos reinar los psiquiatras?

¿Hasta qué punto este discurso vuelve a posicionarnos a los psiquiatras como la referencia ineludible y, por ende, como prioritarios administradores económicos del sufrimiento mental humano esta vez en su versión COVID?

¿Una institución como la Dirección de Salud Mental no debería acaso validar la interdisciplina? ¿La igualdad entre diferentes profesiones en salud mental?

Así, mucho más lejos aún queda la promoción de saberes de cuidados no profesionales. Una vez más solo cabe oír el monólogo psiquiátrico.

Salud mental como sumisión

En las entrevistas mencionadas se recomienda a la ciudadanía que “realicen actividades físicas y recreativas”. Ninguno de nosotros se opondría a esto… ¿pero no hay nada más que sugerir?

Ante un manejo por lo bajo turbio de los préstamos para deuda pública por más de mil quinientos millones de dólares, ante una Cámara de diputados que se permite dormir durante cuestiones tan determinantes como el debate sobre un posible Juicio político presidencial, ante un presidente mucho más preocupado por congraciarse con una mayoría parlamentaria cartista que en pensar con la ciudadanía las decisiones y los impactos económicos que afectan sobre todo a las mayorías largamente empobrecidas y a las capas medias y sus frágiles emprendimientos: ¿bastan los consejos como “tome 3 litros de agua al día”?

El discurso de la guerra: Autoritarismo médico 3.0

Finalmente la voz gubernamental definió este momento así: “Estamos en una guerra”[5]. En el párrafo siguiente habló de su preocupación por que los médicos somos “víctimas de agresiones verbales por parte de los familiares de los pacientes”.

Este discurso simplista de la guerra que reduce a “enemigos y aliados” no pareciera ayudarnos a comprender y a pensar el momento.

Hay muchos elementos que son necesarios de problematizar en estas hostilidades. ¿Y si en lugar de seguir culpando a la gente[6] nos preguntamos?:

. ¿Qué confianza podemos pedir a la gente para el sistema de salud paraguayo tras tanto maltrato?

. ¿Cuáles son las consecuencias de que nuestras escuelas profesionales se niegan a incluir en su formación, a la reflexión política, a la sensibilización ante la diversidad humana, a la multiplicidad cultural, a la preparación para dialogar?

. ¿Cuál es el empobrecimiento de nuestras propuestas terapéuticas a consecuencia de pretender abordar los vínculos y los afectos meramente con el autoritarismo farmacológico y el encierro manicomial?

. ¿Cómo la población no se va a rebelar contra el siempre negado derecho a la salud?

. ¿Cuáles son los efectos de que el modelo médico hegemónico desprecie todas las otras formas de pensar los cuidados y las curas, todo lo que no es espejo de si?

. ¿Podemos incluir en nuestra idea de salud el trabajo digno, la vida comunitaria, la naturaleza de la que somos parte?

Finalmente

En general, como Psi Crítica, esta postura oficial reproduce más de lo mismo: el mismo modelo sanitario represivo, los mismos prejuicios de fondo, los mismos encierros que dicen ser terapéuticos, los privilegios de siempre.

Mirando atrás, mirando lo que dolorosamente nos enseñó aquel incendio, nos toca recordar. Y aprender.

 

[1] Psiquiatra y antropólogo. Integrante de Psi Crítica.

[2] Espacio de profesionales psi que invitan a construir colectivamente una reflexión crítica sobre la salud mental nacional. En enero pasado lanzaron una colección de 3 volúmenes sobre este tema.

[3] https://www.ultimahora.com/la-depresion-el-estres-y-la-ansiedad-aumentan-la-pandemia-del-covid-n2936345.html

https://www.ultimahora.com/claman-refuerzos-salud-mental-los-profesionales-blanco-n2936495.html

[4] El incendio del supermercado Ycuá Bolaños sucedió el 1 de agosto del 2004. Fallecieron más de 400 personas, algunas aun hoy desparecidas. Los dueños fueron condenados por ordenar cerrar las puertas. También se cuestionó la responsabilidad de la empresa constructora y del entonces intendente de Asunción Enrique Riera.

[5] Quizás desde ahí es entendible que, al haber ido a vacunarme contra el COVID al Hospital Barrio Obrero la semana pasada, había en la entrada un soldado con vestimenta camuflada y una ametralladora.

[6] Y no solo como médicos. En estos días la municipalidad de Villa Elisa (supuestamente apoyada por un financista particular, se permite pretender insultar a la gente como “HDP” por el no cumplimiento de los protocolos sanitarios anti COVID: ¿En qué momento se habilitó que los autoridades mandatadas no solo no deben pensar las causas de lo que ocurre sino que se pueden permitir agredir simbólicamente a sus mandatarios, en este caso la ciudadanía de Villa Elisa?
Ver aquí:
https://www.abc.com.py/nacionales/2021/04/17/usa-tapabocas-hdp-dice-llamativo-cartel-en-villa-elisa/

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