Un nuevo auge del Kunumi Pepy, ceremonia de los niños Paĩ Tavyterã

Por Sofía Oviedo

En estos días, en el campo político de lo posible, el sueño de cambio y nuevas brisas para el continente americano vuelve a estar en auge. Bolivia y Chile nos están enviando mensajes llenos de esperanza. La tierra se mueve y abre nuevos canales de percepción y comprensión. Como parte de estos hechos esperanzadores, en los montes Paĩ Tavyterã de Amambay, también están ocurriendo cosas que merecen ser contadas.

Remontémonos al pasado. Hace como cinco años, en Ita Guasu, pastores evangélicos entraron a una de las comunidades más influyentes del pueblo Paĩ Tavyterã, dejando impactos complejos; uno de los primeros efectos fue la sensación de desintegración y de división comunitaria. Evangélicos, por un lado, y “demoños” —o más bien, defensores del Paĩ reko(modo de vida Paĩ) y de los conocimientos propios— por el otro. Como consecuencia, las familias se vieron divididas por una frontera bien delimitada.

Así pasaron los tres primeros años desde la intrusión de los religiosos, hasta que llegó el tiempo de preparar de vuelta el maíz —avatipuku—, la casa ceremonial —oypysy—, para organizar la ceremonia del Kunumi Pepy, en Ita Guasu. Se trata de una ceremonia donde los niños varones (las niñas tienen otra ceremonia llamada kuñajekuaku) reciben conocimientos, son cuidados y formados, adquiriendo los fundamentos del modo de vida Paĩ Tavyterã.

Esta práctica cultural tiene raíces históricas y representa un momento clave para afianzar lo propio, por quienes fueron duramente cuestionados y juzgados al seguir las pautas Paĩ Tavyterã. En esa época, empecé a reconocer mejor a los niños que estaban en el Kunumi Pepy.

El Kunumi de Ita Guasu fue inolvidable, por muchos motivos. Los participantes cantaron y bailaron durante varias noches. Al terminar, las mujeres mayores empezaron a hablar en el idioma de las deidades; tonos claros, elocuentes y elevados en la lengua conocida como Arakuaávy.

En los siguientes años, se organizaron ceremonias similares en otras comunidades; unas más cercanas, otras más distantes de Ita Guasu. En lo que va de este año 2020, a pesar del complicado contexto del Covid-19, van por el tercer Kunumi Pepy en los distintos tekoha.

Cada vez hay más niños que quieren participar de la ceremonia. En el tekoha Jaguãti, primero llegaron once, luego aumentó a veinte y en pocos días subió a treinta, hasta alcanzar cuarenta niños con sus distintos encargados, tanto padres como madres ceremoniales. De principio a fin, la ceremonia dura cerca de dos meses.

Los evangélicos también entraron al tekoha llamado Piky, donde Leandro Valiente es uno de los sabios y referentes (tekoaruvicha) que en estos días está conduciendo el cuidado de los niños en la tercera ceremonia del año. La buena noticia, y me gustaría que todos se enteren, es que muchos niños, cuyos padres años atrás optaron por seguir la doctrina evangélica, hoy volvieron a seguir sus propias pautas. Son niños que buscaron a los familiares suyos que no se adhirieron a los principios evangélicos y pidieron apoyo para poder formar parte del Kunumi Pepy.

Creo haber aprendido que, además de la doctrina evangélica, que quiere imponerse y condenar las costumbres de los Paĩ, hay niños interesados en mantener viva la práctica del Kunumi Pepy, y tienen una manera de hacer las cosas que es respetada en la comunidad. Los padres respetan las decisiones de los niños. Una vez que estos últimos deciden —porque les gusta, les interesa —, se encaminan a recibir las enseñanzas de los maestros Paĩ.

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