Un fantasma recorre el Paraguay: el fantasma del coronavirus

Por Osvaldo Zayas

El coronavirus destrozó la ensoñación neoliberal, aplastó los delirios anarco-capitalistas y desnudó a la mano invisible del mercado, convirtió en keynesianos a los economistas liberales y, si la crisis continúa, puede que estos terminen revisando propuestas socialistas. En lo que ha recorrido el mundo, reposicionó simbólica y materialmente al Estado y despertó a millones de trabajadores y trabajadoras.

Esa extraña palabra atacada por los movimientos sociales desde los ochenta: neoliberalismo, hace referencia a la desregulación y apertura del mercado. En su esplendor, esta corriente hizo que varios Estados entregaran la educación de la sociedad, la salud, las jubilaciones y, en algunos casos, hasta la justicia, a empresas privadas. Redujo las competencias estatales al mínimo.

Con la llegada del COVID-19 quién podría atreverse a postular que el Derecho a la Salud puede ser administrado por empresas privadas. La grieta abierta por el virus que recorre al mundo sigue corriendo y hoy la sociedad entera se pregunta cómo es posible que tengamos un sistema de salud hecho pedazos, por qué no tenemos ese derecho garantizado como en otros países que, si bien pueden estar sufriendo los efectos del virus, son capaces de dar buena atención.

Otra corriente de pensamiento político que deberá andar con la cabeza metida en un agujero cual avestruz es el anarco-capitalismo o anarquismo de libre mercado, que postula que todos los servicios de una sociedad debieran ser brindados por competidores privados. Ya quisiera ver a las empresas de salud con ganas de competir por atender de la mejor manera a los contagiados con COVID-19.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) vaticina una situación económica peor a la crisis financiera mundial de 1929, conocida como Gran Depresión. Es en situaciones como esta cuando las propuestas que atacan las injerencias del Estado desaparecen y las sociedades exigen su intervención.

En este primer momento de la crisis generada por el COVID-19, donde la consigna es #QuedateEnCasa, nadie cuestiona la asistencia que el Estado, y solo el Estado, puede ofrecer a la ciudadanía empobrecida. Sobre todo por las características del mundo del trabajo en Paraguay, donde casi el 70% de las y los trabajadores son informales. Pero será después, con el desastre económico que deje a su paso el COVID-19, que deberán aparecer políticas públicas que administren el caos.

Luego de la Gran Depresión de 1929 la propuesta económica keynesiana (John Maynard Keynes) tomó fuerza. Es muy posible que reaparezca casi incuestionable en estos tiempos. Es sencilla: intervencionismo del Estado, aumento del gasto público para estimular la demanda agregada y así aumentar la producción, la inversión y el empleo. Sin embargo, es posible que eso no alcance y nos veamos obligados a redescubrir propuestas económicas.

El coronavirus, con su tenebroso recorrido, está sacando la basura que el sistema de dominación escondía bajo la alfombra. Está arrancando máscaras a élites mezquinas y despertando de su letargo a millones de trabajadoras y trabajadores, quienes hoy ven más claramente los derechos que les robaron.

Paraguay saldrá de la crisis que dejará el COVID-19 solo con un Estado Social de Derecho, como realidad material que garantice derechos políticos y sociales y planifique la actividad económica. El modelo de exclusión donde unos pocos multimillonarios aportan unas monedas y los pobres sostienen el aparato estatal con el IVA es insostenible. Allí está la raíz de los problemas como la falta de camas de terapia intensiva o las aulas que se caen a pedazos.

Para llegar a un Estado fuerte que garantice el bienestar habrá que luchar contra esa gente a la que le encanta hablar del modelo educativo finlandés o de salud pública de países nórdicos pero le molesta a rabiar que se cuestionen los bajos impuestos que pagan los que más renta generan en Paraguay.

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