Tres lecciones de las movilizaciones estudiantiles

Por Hugo Ruiz Díaz

Las movilizaciones  estudiantiles en estos primeros días de mayo que terminaron en la destitución -bajo eufemismo de dimisión- de Marta Lafuente, se ubican en la continuidad de grandes movilizaciones de los últimos tiempos.

Estas movilizaciones son la muestra  de un descontento generalizado,  reflejo de un malestar social más profundo y creciente.

Muestra de la crisis de legitimidad de un gobierno y de un sistema de “democracia”  impuesto al pueblo por los poderes fácticos, a costa de la marginación de la población en general y de los jóvenes en particular.

Sin que pretenda ser exhaustiva,  de esta lucha estudiantil se desprenden las siguientes lecciones.

Primera: el alto grado de legitimidad y credibilidad de sus dirigentes;   la firmeza de las reivindicaciones y la fuerza y  poder de convocatoria y organización.  Esta lucha frontal,  dio a luz  a una nueva generación de dirigentes jóvenes, ya protagonistas decisivos en la sociedad.  Y mostró que la lucha y los reclamos se conquistan en las calles, y no en ficticios “diálogos” palaciegos.  Toda una lección para el mundo sindical y para algunos sectores y dirigentes campesinos, muy propensos al “diálogo” con el actual gobierno.

Segunda: los estudiantes lograron  la destitución -en tres días- de una ministra,  que en su momento gozó de la protección absoluta y pública de la Unión Industrial Paraguaya, de la ARP, de la FERPINCO, de la UGP y de otros poderes fácticos;  del apoyo de la actual cúpula católica, de sacerdotes y del mismo Presidente Horacio Cartes.

La destitución de Marta Lafuente no es logro insignificante.   El grito de “SÍ, SE PUEDE” o el de “QUE SE VAYAN TODOS,  QUE NO QUEDE NI UNO SOLO”,  hablan de por sí.

La tercera: la reivindicación estudiantil no se agotó  en la simple destitución de Marta Lafuente. Como fuera el caso de la última movilización de campesinos y cooperativistas, constituyó una interpelación al paradigma mismo con el que funcionan el Estado y los poderes fácticos e institucionales. La lucha contra la corrupción es un elemento de primer nivel a apreciar en esta lucha. A ello sumemos la reivindicación  de fondo para participar directamente en la designación del nuevo ministro.

Desde este punto de vista, la destitución de Marta Lafuente constituye  una segunda y durísima derrota política, en pocas semanas, para un gobierno y modelo de sociedad  en crisis de credibilidad, de desprestigio y de degradación acelerada.

Lo cierto es que estas movilizaciones estudiantiles profundizaron el   debate social que está en el tintero de toda la sociedad paraguaya: la necesidad, el imperativo y la pertinencia  de un  cambio,  que se vuelve urgente.

Comentarios

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2 Comentarios
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    octavio ferreira
    Posted at 20:43h, 07 mayo Responder

    Paraguay no puede tener mas politico que utiliz al estado Como una vaca lechera. .Los tres poderes del estado se tiene que reconstruir para el bien del pueblo

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    Alex
    Posted at 12:55h, 12 mayo Responder

    Qué se logró exactamente? Se logró que el gobierno cambie un poco en su formar de relacionarse con el gremio estudiantil. Cartes se dió cuenta que debe tener a alguien menos soberbio y antipático. Aparte de eso, solo hay gatopardismo, cambio de ministro para que no cambie nada

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