Tengamos sexo en Paz. Dónde la moralidad dogmática no tiene cabida

Por Jandro Villamayor León

Digerir y deglutir una obra de teatro, es un ejercicio arriesgado al cual uno se embarca con el fin de comprender cuán atravesado cómo público y cómo persona ha tenido un hecho artístico que aborda una temática referente al cuerpo que va a ser el receptor final de un mensaje que es interpenetrativo e interpelante, sobre eso de lo que no se habla; píe a un examen de conciencia pues la propuesta afecta.

La relevancia del tema y cuánto esperamos en las butacas mientras la luz tenue y roja espectral por momentos, nos deja ver las siluetas de una mesa, pizarra con artilugios “domésticos” de una escuela, sillas, percheros de píe y guarda-polvos; que en el espacio logran con el timbrazo de inicio una leve semblanza que nos resitúa en el cogelio (expresión para referirse al colegio) …

La música nos sitúa en un espectáculo, pero la sensación de estar en una escuela pyharé nos acompañará por todo el trayecto de la propuesta, generando situaciones y tensiones que problematizan, conceptos, hábitos y costumbres; la presentación de la dirección con su saludo como discurso del relato social de la distancia es el anclaje al tiempo contemporáneo que irrumpe como juego de la temporalidad, pues la pieza juega con una anacronía logrando síntesis sobre los aspectos tratados de forma didáctica.

¿Qué sabemos de sexo?

El peligro de Escindir del relato y no abordar lo referente a la sexualidad, y la denuncia que realiza la pieza dramatúrgica, sobre el morbo que subsiste en el tratamiento que se hace sobre la temática y que operan en la subjetividad, mechado con el contexto actual de violencia y discriminación que viven las mujeres y disidencias sexuales intergeneracionalmente, funge de testimonio sobre nuestra realidad nacional, por lo cual la función de la obra socioeducativamente hablando es vital.

Poner en palabras la urgencia de fundar espacios cívicos y de acción política, dónde la moralidad dogmática no tenga cabida, desechando las estigmatizaciones y reificaciones que se hicieron en consonancia con el pacto patriarcal hetero normado, más la consigna del derecho al buen sexo y al placer de los orgasmos, dan cuenta de la pertinencia de poner en el escenario obras que dialoguen con los fenómenos referidos al deseo.

El monotemático tema sobre el tamaño y la eyaculación precoz dan cuenta de la involución en la cual se encuentran subsumidos los hombres hetero cis (con honradas excepciones), mientras que gracias al movimiento feminista el grado de conciencia alcanzado politiza al amor para contratacar el bombardeo pornográfico que construye y constituye nuestra sexualidad biopsicosocial, pues producimos en la medida que consumimos, “expertas en orgasmos”

La labor artística que desempeña la actriz, realizando un soliloquio basado en Boccacio, nos regala una sensualidad muy bien lograda en la cual la inteligencia y habilidad para hilar el relato, sobre la primera humedad y erección originaria, es versátil como así original, y va encarnando el rol de demonio disfrazado de hermosura, que nos hace llegar a un clímax sobre el clímax en el cual la expresión significativa con la cual remata la acción, “ lo lindo que suena mi nombre en su boca”  y el encuentro de los amantes resaltan la poesía que se alcanza en ese momento.

Tener el demonio en las partes íntimas y calientes del cuerpo es la antesala a una interpretación brillante, que desempeña Barrios, Liz dónde la danza del ausente o del fantasma del cuerpo se hace presente, y con el artilugio del teatro logran que nos sumerjamos a la obra; para confrontarnos con el discurso que muchos escuchamos, hacemos o provocamos.

Ser buen compañero; a mí sí no me tratan bien no me gusta, lo consentido y consensuado de la pareja y todos los tabúes que se van dando cuando tenemos sexo, los miedos, recuerdos y traumas, las veces que debemos accionar un enfático para, para que paren…

El aborto es el tema subsiguiente de la escuela del sexo, lo que pasan las mujeres, la legalidad y el trato recibido por las personas en la clandestinidad son el tópico sobre el cual no voy a referirme en profundidad, mas solo notar un aspecto que me parece interesante acotar; el aplauso que me descolocó en lo absoluto pues se refería a la decisión de no realizarse el procedimiento.

En ese sentido, me parece brillante cómo la presentadora nos invita a poner en remojo las fuentes que usamos para seguir siendo hipócritas y persistir en la idea del control del cuerpo y de la vida de las mujeres, poniendo énfasis en la necesidad de la prevención y de una educación sexual integral, dónde las voces de las mujeres refunden el contrato sexual.

La maestra y la asistente.

Voy a referirme sobre todo a la invitación sobre el hablar con los adolescentes y niños sobre la sexualidad, que realizan en un tono de farsa y comedia del arte las dos actrices para ahondar sobre un tema delicado, referentes al placer y el sexo de la mujer.

La masculinidad tóxica monotemática sobre la virilidad del miembro es una cuestión a notar, pues además de ser recurrente la sobre exposición, es una forma de hacernos ver que el falo centrismo como principio de dominación es el pecado original y no la concepción.

En ese sentido la danza como arte de la expresión de la sensualidad, el rap de lo que podes y no hacer y el vals sobre el sexo y estado de conciencia son el saber empírico puestos en escena para dar cuenta de la importancia del teatro en nuestras esferas más íntimas de la vida para revisarnos, para conocernos y auto erotizarnos, politizar hablar de sexo con los hijos con el hincapié de que ninguna violencia puede ser aceptada, valor subsecuente que posee la pieza.

El coito como obra de arte desechando la feminización y fetichización del cuerpo, es un discurso ambivalente bien logrado que nos regala risas y aplausos, como así nos permite un lugar para hacer catarsis, más nos conduce hábilmente a reflexionar cuestionarnos sobre cuál es el camino que debemos andar para el buen amor, pues la sexualidad implica muchos aspectos que debemos hoy tener en cuenta aprehendiendo y resignificando con el tamiz crítico de qué es posible tolerar y que ya no vamos a tolerar; lugar conmovedor.

Cuestionar la mención sobre el precio de un procedimiento de aborto, que expone sin embargo la realidad cruda y latente que solo las personas ricas pueden pagar mientras las pobres mueren; y también el uso excesivo del proscenio que hace la obra, que logra sin duda un panóptico empero nos limita y no nos permite ver la profundidad del espacio.

Mencionar la música y los efectos que se logran con ella, el mundo sonoro y el ritmo que va adquiriendo la obra es inmejorable, como así la disposición constructivista del espacio que se remata con el acto casi proselitista que nos llama al deber de hablar y debatir sobre el amor, el deseo y el sexo desmontando y desromantizando, pues el placer el político, y la consiga Tengamos sexo en Paz es invitante.

 

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