Soy infeliz…pero tengo marido

El título de este artículo lo copie del afiche de una obra de teatro pegado por paredes y murallas de Asunción, un tiempo atrás. Lo copié porque me parece oportuno para hoy, que se recuerda el Día de la no violencia contra las mujeres del mundo.

No voy a omitir mi condición de hombre juez y parte en este asunto: soy, como mis congéneres, poseedor y portador del poder patriarcal, cargado de contradicciones, y hasta de incoherencias. Aún así, con mi autoridad disminuida, quiero atacar una institución que ha devorado las vidas de millones de mujeres (y también de hombres) en la historia de la humanidad: el marido, una figura que queremos los hombres porque creemos nos conviene, y que también quieren, con furor, muchas mujeres.

Sé que no es materia simple para las mujeres rechazar un marido: en sociedades que les imponen para darles seguridad, en esas mismas sociedades donde la inseguridad que sufren las mujeres es real; en las que las mismas mujeres miran mal a la que no tiene marido; en las que las ofertas laborales son mucho más para hombres, y los buenos sueldos también;  en las que caminar sola por las calles eleva las posibilidades de asalto y de agresión física y verbal; en esas sociedades donde la mujer sin marido es o lesbiana o puta o fea o amargada; en esas (en nuestras sociedades) no es fácil negarse a desear un marido y buscar otras formas de ser mujer, de realizarse.

No digo que para los hombres sea fácil no desear una esposa y ser hombres de otra forma, realizarse. Solo que hay una lógica para que nosotros la deseemos: nos conviene; además, el que tiene el poder pocas veces hace algo para perder ese poder. Así que no me extenderé sobre este punto porque el tema del artículo son las mujeres  y la institución que –a la mayoría- las fagocita cotidianamente: el marido (el tema, en el fondo, es porqué muchos seres humanos elegimos nuestra desgracia, nuestra esclavitud).

Tampoco niego el milagroso amor y erotismo que puede haber entre las mujeres y los hombres del mundo. Digo que la compañía del hombre querido puede también vivirse sin aferrarse al marido, fuera de esta institución.

Sin negar aquellas adversidades reales citadas para las mujeres, recuerdo aquí, y en este día, que valdría la pena que cada vez más mujeres –porque hay quienes ya lo hacen- opten (una opción de libertad, de poder) por negarse ante sí mismas y ante los demás a tener marido. Negarse a poseer “el pájaro propio”, a ciertas comodidades que ofrecen los maridos; a aguantarse la mirada de desprecio de las esposas del mundo (que son las grandes trasmisoras del poder patriarcal, educadas por los hombres). En definitiva, a animarse, las mujeres, a ser un poco menos “felices” pero a liberarse del yugo del marido, y a evitar eventuales cuchilladas y balazos en un futuro posible.

 

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