Somos semillas de todo lo que podemos hacer

Por Nati Boniati

En la Casa Karakú nos juntamos 22 almas el pasado jueves 30 para sembrar dondequiera. Hacer huertas urbanas. Algunes nos conocíamos ya, otres no. Y qué gusto. Nos convocamos a partir de la destrucción del Plantío Rafael Barrett frente al Cabildo. Sabiendo que la respuesta es seguir sembrando y cada vez más.

Y ahí estábamos, haciendo tokorré de pororó, sentades en círculo, madres, padres, ingenieros agrónomos, veganas, psicólogas laborales, artistas textiles, ecologistas humanos, estudiantes de arquitectura, moda y contabilidad, periodistas, curadores de arte. Con experiencia en agricultura y sin.

Alguien con mucho pelo nos regaló semillas de algodón de los Pay Tavytera; hubo quien no pudo ir y mandó semillas de moringa; también estábamos las que siempre luego se nos mueren las plantas; las fanáticas de las lombrices californiana y, obvio, los que tenemos en maceta nuestras aromáticas para el mate y poha ñaná para el tereré.

Alguien venido de las Europas recalcó el maravilloso clima que tenemos en Paraguay, el sol que no valoramos. Que meter las manos en la tierra es terapéutico y sanador de muchos pesares. Se habló de plantar en la plaza de las Mujeres (Italia) y en el Parque Caballero. Se recordó la experiencia de siembra en el Parque Pavetti y nos emocionamos al enterarnos que después de que la municipalidad arrancara todo para abrir una calle, ha sobrevivido y con muchas ganas un Poleo´í.

Esparcimos al viento ideas como semillas:
– Cultivar nuestra verdura. Ser autosustentables.
– Crear vínculos entre el campo y la ciudad. Revalorizar el conocimiento campesino e indígena.
– No depender del supermercado. Las hortalizas son caras y de mala calidad.
– Aprendí muchas cosas de mis abuelas. Lo que sé de plantas lo sé por ellas.
– Parece muy difícil, pero es necesario el ejercicio de soñar.
El próximo miércoles 5/02 nos volveremos a encontrar en casa Karakú, a las 5 de la tarde (hubo un alma cándida que propuso a las 5 de la mañana) para aprender haciendo una compostera. Y empezar a armar la huerta. Cuando ya nos íbamos pasaron muy cerca nuestro los diz que 60 satélites. Y ahí estábamos mirando al cielo, sorprendides, saludándoles, leyéndolo como una señal de aprobación a tanta energía creativa y entusiasmo por sembrar.

Y al final, qué importa. Mba´e pio cheve. Si la luz ya estaba de antes, adentro nuestro.

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