Solo una rebelión silenciosa puede derrotar al caballo de Cartes

En las internas presidenciales de la Asociación Nacional Republicana (ANR) de 2002, se enfrentaban el que luego sería presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, y el entonces poderoso empresario de cigarrillos, Osvaldo Domínguez Dibb. A la mañana, Duarte Frutos, candidato de la estructura oficialista y de un grupo económico muy importante, lideraba por alrededor de 10 por ciento las elecciones. A la tarde, Domínguez Dibb logró acortar esa diferencia a tres por ciento, todo un fenómeno de tendencias.

Si bien ese fenómeno casi pasó desapercibido para la gran prensa y para la gente común, para los operadores electorales de peso la cuestión estaba más que clara. Domínguez Dibb, al mediodía, reunió a sus operadores más importantes y les preguntó qué pasaba, por qué iba tan abajo.

“Plata, plata, Don Osvaldo. Heta plata ñaikotevê”, habría respondido su principal operador entonces, Juan Bautista (Letradito) Ibáñez, según la investigación que había establecido entonces con varios operadores.

A la tarde, Osvaldo daba vueltas Asunción y Central pero el dinero no llegaba a tiempo en las comunidades rurales. “No había todavía Tigo money”, recuerda, con mucha seriedad, un operador consultado para esta nota.

Domínguez Dibb asumió después, en entrevista con Humberto Rubín, que habría gastado en su campaña alrededor de seis millones de dólares.

Cuando el Partido Colorado pierde en las elecciones generales del 2008 el Poder Ejecutivo, en manos de un conglomerado de grupos políticos encabezados por Fernando Lugo, al interior de este partido cunde la inapelable sensación de que sin el manejo de los recursos públicos solo con muchísima plata se puede pensar en el retorno al mando presidencial. Fue así como llegan a Horacio Cartes, cabeza de un grupo económico que domina la reexportación (cigarrillos y otros productos).

Cambian los estatutos y rápidamente lo convierten en candidato, sin mucha oposición. Como mentor público (en realidad Cartes tiene detrás un grupo muy poderoso de poder fáctico) aparecía el senador Juan Carlos Galaverna, el único sobreviviente político de las negociaciones del pacto de gobernabilidad, por el cual se había estructurado toda la organización posdictadura de Alfredo Stroessner: la Corte Suprema de Justicia, la Justicia Electoral, la Fiscalía, el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y el Consejo de la Magistratura.

Esa realidad de imponerse un candidato con muchísimo dinero refunda el Partido Colorado luego de la derrota en las elecciones del 2008. Y es esa realidad la que llevó a Horacio Cartes a elegir a un joven, desconocido, que en su haber tiene más derrotas electorales en su pueblo, Pilar, que victorias: Pedro Alliana. Su padre, Rubén Alliana, es piloto aviador. Ya se sabe a qué se dedica Cartes y su grupo de poder fáctico.

Qué se necesita para ganar

Tataindy, un afamado operador de un barrio rivereño de Asunción, se cruza las piernas y yergue la cabeza para responder con pose casi doctoral: “Hay que tener un buen candidato y muuucha plata”. Este énfasis en “muuucha plata” lo arropa de ojos muy abiertos. Varios operadores de Mario Abdo Benítez, el contendiente de Alliana, recuerdan que Luis María Argaña derrotó a todo el aparato oficialista en 1992 (se le robó en el tribunal electoral). Derrotó a Juan Carlos Wasmosy, cabeza de los barones de Itaipú, apoyado y promovido por el equipo de Andrés Rodríguez, Lino Oviedo, Conrado Pappalardo, cabezas de grandes negocios, entre ellos el narcotráfico, según informes confidenciales y publicaciones que en su momento los vinculó, especialmente a Rodríguez y Oviedo. Conrado, cuñado de Aldo Zuccolillo, dijo alguna vez que Argaña jamás sería presidente. Efectivamente, no lo fue. Lo mataron el 23 de marzo de 1999.

Mario A. Benítez con su equipo principal, casi todos senadores. Foto: Ultima Hora.

Mario A. Benítez con su equipo principal, casi todos senadores. Foto: Ultima Hora.

Mario A. Benítez, al igual que Argaña, apela a la tradición del partido e intenta reencarnar la figura de caudillo para instalar más fuerza en la tradición y menos en el dinero. Pero no es Luis María Argaña, carismático y arrollador caudillo en su tiempo. Tampoco, según los indicadores públicos, puede reunir hasta el momento un grupo económico de peso como sí tenía detrás Argaña: En los medios, la familia Bo, con la Red Privada de Comunicación, y varios sectores de la construcción, que en nuestro país siempre estuvieron muy ligados a los negocios con el Estado.

Pero las cosas han cambiado, aunque algunas de modo imperceptible, en nuestro país. Si ya en las internas del 2002, los sectores urbanos podían casi emparejar una abultada diferencia en comunidades rurales, como también se vio en la contienda Luis M. Castiglioni y Blanca Ovelar en el 2007, es de esperar elementos nuevos y significativos en la composición del electorado del Partido Colorado el 26 de julio.

“Agarren la plata y voten por nosotros o voten cruzado” es también ya una consigna extendida, aunque los resultados de esta transacción sean muy difíciles de cuantificar.

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