Sin legitimidad, ¿cómo convencerá el Gobierno a la gente para que vuelva a la cuarentena total?

Por Osvaldo Zayas

Alto Paraná concentra el 80% de los casos activos de la Covid-19 y el 30% de los internados por esa enfermedad en Paraguay. A casi 150 días de iniciado el distanciamiento social para evitar la propagación acelerada del nuevo coronavirus, ese departamento vuelve a cuarentena total. ¿Cómo hará el Gobierno para que se cumpla la medida sanitaria en una región devastada por una economía en crisis?

Las medidas de distanciamiento dieron un buen resultado a un costo enorme. Por el contrario de lo que manifiesta el Gobierno, ha sido el pueblo, con su respeto a las normas sanitarias, el que frenó la acelerada propagación del nuevo coronavirus. La gente creyó en el Gobierno del Estado cuando le dijo que el aislamiento iba a aplacar la enfermedad e iba a permitir que las instituciones se preparasen para enfrentarla en los servicios de salud. Lo primero fue verdad, lo segundo un bochorno.

A medida que los medios empresariales de comunicación martillaban con la idea de que los responsables de cualquier desastre serían las y los ciudadanos, por no cumplir con el distanciamiento, la gente fue sintiendo con mayor fuerza los embates de la crisis económica derivada de la pandemia. En una economía informal por excelencia, las monedas escasean cada vez más y las ciudades transfronterizas, donde viven casi dos millones de personas, padecen una calamidad económica.

La parálisis del aparato productivo, de la triangulación comercial tradicional en Paraguay, solo tenían una solución parcial posible: la asistencia social desde el Estado. Para ello, el Congreso aprobó una Ley que habilitó multimillonarios préstamos que superaron los USD 2.400 millones. De esta forma se debía garantizar auxilio a las micro, pequeñas y medianas empresas, a las y los trabajadores independientes. Todo fue insuficiente, mal gerenciado y, lo que es peor, plagado de sospechas de corrupción.

El Ministerio de Salud, que hace 140 días era bandera del Gobierno se convirtió en el blanco de las críticas. Pasó de la buena gestión a la mendicidad estatal para subsistir con donaciones y más donaciones. Su ministro, Julio Mazzoleni, parafraseando a un funcionario de Gobierno, puede que sea un buen médico, pero mostró que es un pésimo administrador público.

El peligro que se cierne sobre la sociedad paraguaya es que en el Departamento de Alto Paraná y las ciudades transfronterizas la curva de contagios va en ascenso. La única razonable medida sanitaria es el aislamiento social, sin embargo el Gobierno de Mario Abdo Benítez perdió legitimidad para pedir a las y los trabajadores que se queden en sus casas. Lo hizo pero es muy improbable que acaten.

El poder político en el Gobierno de un Estado se ejerce mediante la hegemonía y la dominación, es decir, con el convencimiento y la capacidad de coerción. Si las y los gobernados sienten confianza en sus gobernantes, aunque sea mínima, las disposiciones se acatan. Pero cuando el Gobierno pierde toda capacidad de convencimiento lo que puede darse es un caso de dominación sin hegemonía.

En términos simples, debido a la desastrosa gestión de la pandemia que ha tenido el Gobierno, hoy día no tiene forma de convencer a los esteños para que vuelvan a la fase cero de la cuarentena, aunque esta sea la medida más razonable.

Escribió Antonio Gramsci:

“Si este presunto grupo de óptimos, pese a las fuerzas materiales ingentes que posee, no tiene el consentimiento  de la mayoría, habrá que juzgarlo inepto o no representante de los intereses  ‘nacionales’, los cuales tienen que prevalecer al inducir la voluntad nacional en un sentido y no en otro” (C. XXX; M. 80-82)

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