Semillita

Por Julio Benegas Vidallet

Desde el tiempo de Semillita a esta parte Paraguay ha pasado de ser una sociedad inminenente rural a una sociedad suburbana. La mayor parte de los lotes de 5, 10, 20 a 30 hectáreas, lugares de las antiguas familias, fue tragada por el latifundio ganadero, sojero y narcoganadero.
Las antiguas familias detrás de la vacas, en las hamacas, en la chacra, cuidando aves de corral, canturreando polcas y guaranias han sufrido una tremenda descomposición. Sus hijos y sus nietos son hoy vendedores ambulantes, cobradores, cargadores de celular, vendedores de quiniela, cuidadores de tiendas, recepcionistas, uberistas, taxistas y un sector importante ha ingresado a la función pública.
Más del 70 por ciento vive y malvive en las ciudades. En la época en que apareció Semillita, el material de lectura de primer grado, era exactamente al revés: el 70 por ciento vivía en el campo.
Ahora que al Ministerio de Educación y Culto se le ocurrió la brillante idea de reeditarlo, en Semillita nuestros hijos podrán leer, como lo hacíamos nosotros:
Papá ama a mamá
Mamá cocina y Mimí la ayuda.
Ya en esa época, mi papá no amaba a mamá. Estaba furioso contra ella porque mi madre decidió separarse luego de concebir 13 hijos.
Y ya por ese tiempo, mi mamá salía a trabajar, caminaba el microcentro de Asunción con frutas y verduras. Luego, a la tarde, plantaba, cosechaba o limpiaba las malezas de los cultivos.
De la época de Semillita a esta parte crecieron la desigualdad, la prepotencia, la fiebre del consumo y aquello que, lamentablemente, se sigue tomando como “progreso”: las máquinas, motos, autos chilere y colectivos maltrechos inundan el escenario urbano. Se han disparado la ansiedad, la bipolaridad y la esquizofrenia, además de la diabetes, la hipertensión, la grasa en la sangre y los cánceres. Ah, y hace 20 años que el dengue nos acogota
La gente que cree que tiene algo que perder levantó altas murallas y se asocia a grupos de wasap de alerta. Las criaturas viven adentro, viendo la televisión, el internet y protestando por las comidas, quejándose, al igual que los padres, de todo.
Las cosas han cambiado.
Y a mí, por más que no entendía muy bien cuando leía Papá ama a Mamá, me gustaba Semillita. Fue el primer libro con dibujos que vi y leí. Leíamos en clase, en grupos. Pasaba de mano en mano. Nadie de nosotros tenía posibilidad de comprar el material y el ministerio de Stroessner no distribuía ningún libro de lectura a los estudiantes.Es más, el gobierno de Stroessner veía peligro en cualquier libro.
Me acuerdo de Semillita y de Raquel, la de los ojos grandes, azules y rulos. Mama mía, qué tiempos aquellos.

Los errores en el libro de Matemática distribuido por el Ministerio de Educación y Cultura se pueden corregir, pero ¿cómo hacemos con los horrores de la historia contemporánea en Paraguay perpetrados por una casta gobernante ruin, prepotente y vendepatria?

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