Relatos sobre la India Juliana. Entre la construcción de la memoria y la ficción histórica.

Por Gabriela Schvartzman*

¿Qué sabemos sobre la India Juliana?, ¿Cómo sabemos lo que sabemos?, ¿Qué discursos operan tras los diferentes relatos existentes?

Su figura se construye entre la guerrera guaraní, icono de la resistencia de las mujeres indígenas en la conquista, y la delatora, traidora y colaboracionista. Entre la madre de la nacionalidad paraguaya que cooperó con el proceso de mestizaje y la sediciosa que se levantó contra el régimen político sexual colonial.

¿Clavó a su marido con una espada o lo degolló?, ¿Fue un jueves santo de 1539 o fue en 1942?, ¿Era hija de un cacique?, ¿A qué pueblo pertenecía?, ¿Cuál fue su verdadero nombre indígena? ¿La mataron en la hoguera, la decapitaron o la descuartizaron?

Tenemos más preguntas que certezas y éstas nos invitan a construir la memoria histórica de las mujeres indígenas, nuestras ancestras, desde una perspectiva feminista y descolonial. En esta tarea, para nada fácil ni ingenua, nos enfrentamos a varios desafíos.

Por un lado, el de la construcción de memoria histórica, rompiendo la linealidad del tiempo moderno, como una herramienta política que nos permita avanzar en el presente hacia un futuro en el cual, como acto de justicia, se transforman los imaginarios sociales reivindicando las voces acalladas de las víctimas en el pasado.  Y específicamente es un gran desafío construir la  memoria de las mujeres, sin homogeneizar identidades, sin colonizar imaginarios, desde las palabras de todas y desde una mirada interseccional que nos coloque siempre por delante la pregunta ¿Cuáles mujeres?

En este sentido, el tema de las fuentes no es un tema menor, ya que la gran mayoría de los documentos y registros, sobre todo en el periodo colonial, han sido producidos por hombres y desde una mirada androcéntrica. Por eso también la construcción de la memoria histórica de las mujeres requiere de la ampliación de la búsqueda incluyendo el relato oral, las producciones artísticas, culturales, rituales.

Por otro lado, el reto de comprender la vinculación dialéctica entre historia y ficción, que incluso puede ser analizada como si fuera un oximorón en el cual dos términos opuestos, la verdad y la mentira, la necesidad de organizar racionalmente los hechos del pasado y la invención como respuesta  a necesidades estéticas, dan lugar a un relato donde la verdad no es homogénea y la mentira no es del todo falsa. (Jitrik, 1995).

Los relatos expresan discursos y éstos “…representan, confirman, legitiman, reproducen o desafían las relaciones de abuso de poder (dominación) en la sociedad” (Van – Dijk, 2016, pág. 203). En este marco, el relato de la India Juliana está atravesado por múltiples discursos que buscan, desde lo ideológico, construir cuál fue la posición de las mujeres indígenas en nuestra historia colonial.

El discurso que afirma la no existencia real de la India Juliana, o que pone en duda este hecho basándose en la inexistencia o desconocimiento de documentos o registros históricos fiables se presenta como pretexto para la invisibilización de las resistencias indígenas, sobre todo de las mujeres. Refuerza la idea de que las relaciones entre españoles e indígenas, durante la conquista y colonización, fueron relaciones sin conflicto, pacíficas e incluso amorosas. No buscar a la India Juliana, o no buscarla lo suficiente, son indicadores que miden el interés en encontrarla, en visibilizarla, finalmente constituyen una posición política tanto para quienes actúan en el campo de la investigación histórica y social, como para quienes actúan desde los movimientos de mujeres y el feminismo.

El racismo también tiene su discurso en esta historia cuando el relato construye el personaje de La India Juliana como traidora de su pueblo o como dispositivo pasivo del mestizaje, o aún peor, como entusiasta forjadora de una nueva nación. El discurso subyacente refuerza la jerarquización racial donde lo indígena es arcaico y primitivo, y lo europeo, moderno y civilizado.

Nos refiere Roberto Céspedes en su obra “Una mujer para cada nación”, a propósito de las ordenanzas municipales de Asunción, relacionadas a la nomenclatura de la calle India Juliana:

“La incorporación de la India Juliana es un hito por tratarse de una persona y no una colectividad en el caso de un pueblo indígena. Su nominación es conjunta con la del Indio Francisco. Pero, en ambos casos, se trata de una incorporación subordinada porque su mérito es la colaboración como guías de los conquistadores, según el texto de la compilación (JMA, 2009: 277). Se la podría considerar como madre cultural en el sentido de facilitar la unión entre ambas culturas. No obstante, actualmente aunque en forma soterrada existe una disputa sobre esta interpretación. También se cuenta, en quinto lugar, con el genérico nombre De la madre según Ordenanza N° 45 de 1998” (pág. 215)

Desde el relato literario, Helio Vera, en su cuento “Primeras Letras. Jueves Santo, 1539”[1], construye el personaje de la India Juliana como una joven e ingenua mujer indígena que enamorada de Juan de Salazar, quien además le estaba enseñando a leer en español, delata la rebelión indígena planeada para el jueves santo, traicionando a su pueblo.

Otros discursos sin embargo, construyen la memoria de la India Juliana rebelde, guerrera, valiente, peleando contra la imposición colonial y la explotación de su pueblo. Numerosos artículos periodísticos, con mayor o menor rigurosidad, reflejan este discurso. También la literatura cuenta con este tipo de relatos, como el cuento de Gloria Muñoz “Año 1540 ¡Arde, Juliana, arde!”[2] o “Carta de la India Juliana” del Semanario El Jacaré. [3]

Discursos nacionalistas desde imaginarios occidentales, de derecha o de izquierda, maximizan los relatos épicos donde la India Juliana aparece como el componente femenino de “la garra guaraní”. En estos relatos se hace énfasis en el carácter belicoso de la protagonista que al estilo de los “héroes de la patria” empuña la espada o el puñal para dar muerte al enemigo español y defender la dignidad de la nación paraguaya, pero no del pueblo guaraní.

Que nos dice la historia.

Partiendo de que no existen muchas fuentes, referencias o investigaciones académicas sobre la India Juliana, el discurso histórico es menos heterogéneo. Se cuenta básicamente con un relato fundante, el de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que en el apartado XLII de “Relación de los Naufragios y Comentarios”[4], escrito en 1545, dice lo siguiente:

“…al tiempo que llegué á la dicha provincia fuy ynformado que una yndia llamada Juliana, natural de la dicha tierra, avia dado ponzoña a un crystiano llamado Ñuño de Cabrera, y que Domingo de Yrala la avia tenido presa é abia hecho proceso contra ella, é abiendo comprobado el delito por confision de la dicha Juliana, diciendo que por celos que avia tenido del dicho Nuño de Cabrera le abia dado ponzoña con que muriese, y al tiempo que supieron que yo benia la hizieron soltadiza y la dicha Juliana se fue, é á todas las otras yndias que syrbian á los crystianos les dezia que ella sola hera la baílente que avia muerto á su marido; lo qual benido a my noticia mandé buscar é prender la dicha Juliana, y presa, procediendo de nuevo tornó á confesar el delito, y el dicho Domingo de Yrala me bino a rogar la madase soltar a ruego de un Sancho de Salinas, su amigo, primo hermano del dicho Nuño de cabrera, que estaba aficionado a la dicha Juliana; yo lo afee y reprehendi, asi al dicho Domingo de Yrala como al dicho Sancho de Salinas, y por birtud del proceso mi alcalde hizo justicia della, porque demas de merecerlo convino para quitar el atrevimiento que otras no se atrebiesen á semejantes casos…” (pág. 46)

Pero Hernández, Secretario del Adelantado Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, en la misma época se hace eco del este relato y escribe en sus “Memorias”[5]:

“28. Otro sí, una India cristiana mató con yerbas á Nuño Cabrera su amo, vecino de Cazalla é Pero Diaz su alcalde la prendió é procedió; la India confesó el delito, é á ruego de Sancho de Salinas, primo del muerto, fizieron soltadisa la India, é se fué sin castigo…”

45. El Gobernador prosedió de oficio contra la India que mató á su amo con yerbas é la mandó prender é fué presa é por virtud de su confision éde lo contenido en el primero proceso que fué acomulado con el segundo fué sentenciada á pena de muerte é fué hecha cuartos”.

El relato de Alvar Núñez en “Relación de los Naufragios y Comentarios” es citado por Enrique de Gandía, historiador y sociólogo argentino, en su obra “Indios y conquistadores en el Paraguay” publicado en 1932[6] y Carlos Pastore cita a Gandía en “La Lucha por la Tierra en Paraguay” (1972) cuando se refiere a la conspiración de la India Juliana.

En 1963, Oscar Creydt en su obra “Formación Histórica de la Nación Paraguaya” menciona “la sublevación de las mujeres siervas bajo la jefatura de la India Juliana, quien murió como heroína, ajusticiada” (pág. 60). Idalia Flores de Zarza también relata la sublevación y el ajusticiamiento de la India Juliana en su obra “La mujer paraguaya protagonista de la historia – Tomo I” (1987). En esta versión coloca que fue condenada y ahorcada por orden de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Estudios más actuales realizados incluso por historiadores argentinos utilizan en general las fuentes antes mencionadas. Como ejemplos se puede mencionar a Loreley El Jaber que en su libro “Un país malsano: la conquista del espacio en las crónicas del Río de la Plata siglos XVI y XVII” utiliza los relatos de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca  y Felipe Pigna, que en su obra “Mujeres tenían que ser”, cita a Idalia Flores de Zarza en su mención sobre la India Juliana.

Si bien esta genealogía aún es muy incompleta, partiendo de esta base, los relatos coinciden en el carácter rebelde de la India Juliana. Difieren en detalles como las fechas de los hechos (entre 1539 y 1542), como da muerte a su marido o la forma en que es ajusticiada, pero el núcleo del relato es el mismo, a saber, mató a su marido e instó a otras mujeres a hacer lo mismo, por lo que fue apresada y luego ajusticiada como aleccionamiento para que otras mujeres indígenas no sigan su ejemplo.  Por otro lado, el relato de Juliana como traidora de su pueblo o enamorada de su opresor pareciera no tener fuentes históricas respaldatorias, por lo que se constituiría en una ficción portadora de un discurso colonialista y patriarcal.

Retomando el relato fundante sobre la India Juliana es necesario definir tres elementos principales del contexto político y económico de la colonia en el momento de la llegada de Alvar Núñez Cabeza de Vaca a principios de 1542: La rivalidad entre el Adelantado y Domingo Martínez de Irala; la subversión del sistema de cuñadazgo y las rebeliones indígenas entre 1539 y 1543.

Análisis del relato de Alvar Núñez Cabeza de Vaca en contexto.

Cabeza de Vaca llegó al Río de la Plata a pedido de Su Majestad para socorrer a los españoles de la armada de Pedro de Mendoza. Le fue concedido para tal efecto el título de Segundo Adelantado y Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay. En su rol de fiscal acusó desde la lealtad al imperio, su posición fue centralista y su misión el cumplimiento de los mandatos de la cristiandad y la acción civilizadora, así como de la legislación metropolitana. Por otro lado, Irala gobernaba desde un enfoque localista producto de la experiencia en el lugar y del carácter autogestivo que debió tener la colonia en sus primeros años. Estas posiciones confrontadas terminaron con la expulsión del Adelantado, luego de un proceso de conspiraciones, que regresó a España con varios pliegos de acusaciones para enfrentar un juicio público.

A falta de oro, los españoles encontraron en la explotación laboral y sexual de las mujeres indígenas la mejor forma de generar y acumular riquezas. Es por esto que no tardaron en corromper las alianzas políticas con los caciques, lo que en principio eran pactos sellados con la entrega de mujeres a los españoles, en el marco del sistema de cuñadazgo indígena, se convirtió en una “praxis de la saca de mujeres indígenas” (Candela, 2018, pág. 331).

Las rancheadas o deportaciones indígenas consistieron en el robo, fundamentalmente de mujeres, con el fin de servir a los conquistadores en Asunción que se estaba convirtiendo en ciudad. En palabras del historiador Candela “Las rancheadas fueron sin ninguna duda el fenómeno de aculturación más efectivo de la conquista. Pueblos enteros fueron vaciados de sus fuerzas procreadoras, marcando así un trauma evidente en la vida de los indios afectados” (ídem pág.333)

Todas estas transformaciones al principio de la conquista fueron sumamente conflictivas y violentas y generaron la reacción de los indígenas quienes protagonizaron levantamientos como el del Jueves Santo de 1539 o el de Jejuí en 1543.

En este marco el relato de Alvar Núñez sobre el caso de la India Juliana tiene una doble moraleja:

La primera, poner en evidencia el caos que las políticas de Irala habían generado en la colonia, sobre todo en lo relativo a la vida promiscua que llevaban los españoles con las mujeres indígenas y  sancionar estas conductas, demostrando su superioridad moral y su capacidad civilizadora. El argumento de los celos y las supuestas relaciones amorosas que Juliana mantenía con un primo de su marido que a su vez era muy amigo de Irala, son la trama que permite esta interpretación.

La segunda moraleja tiene que ver con el desacato de las mujeres al sistema colonial sexual impuesto. En pleno contexto de ranchedas y rebeliones indígenas no era para nada bueno que las mujeres imiten las acciones de Juliana, quien fue capaz de matar a su marido para liberarse de su yugo e instar a otras mujeres a hacer lo mismo.

El carácter rebelde de la India Juliana entonces está dado por su contexto, pero también por el texto. Cabeza de Vaca cuenta que ella confesó dos veces su crimen y dijo a las demás que había sido la única valiente en haberse animado a matar a su amo, dando a entender que esto la enorgullecía y la afirmaba. Su valentía le valió la vida “fué sentenciada á pena de muerte é fué hecha cuartos” afirma Hernández.

Quizás el dato más curioso e invisibilizado del relato es la forma en que Juliana mató a Nuño de Cabrera. No fue con la espada ni el puñal, no fue degollando ni cortando la cabeza de su marido, no mató al amo con las armas del amo. Lo mató con yuyos, con hierbas del monte, esas que milenariamente usaron sus abuelas para sanar, pero que según la dosis también son útiles para dar muerte. “Le dio ponzoña con que muriese” dijo Cabeza de Vaca, “…una India cristiana mató con yerbas á Nuño Cabrera su amo…” replicó Hernández. No lo mató con la fuerza, lo mató con sus conocimientos, que al fin y al cabo son el mayor poder de las mujeres en todos los tiempos.

*Publicado originalmente en Espacio Juliana

Agradecimientos:

A Gloria Scappini y Guillaume Candela por el rico intercambio de conocimientos para la redacción de este artículo.

A mi mamá, que me dedicó el cuento “Arde Juliana, arde”, y con ello me motivó a buscarla constantemente.

Bibligrafía

Candela, G. (2018). REFLEXIONES DE CLÉRIGOS Y FRAILES SOBRE LAS DEPORTACIONES INDÍGENAS EN LA CONQUISTA DEL PARAGUAY ENTRE 1542 Y 1575. Chungara revista de Antropología Chilena, 331-339.

Céspedes, R. (2015). Una mujer para cada nación. Suplemento Antropológico, 1, 176 – 258.

Creydt, O. (1963 1° Ed, 2010 4° Ed.). Formación Histporica de la Nación Paraguaya. Asunción: Servilibro.

Durán, M. (2010). Conquista y colonización (1537 – 1680). En I. C. Telesca, Historia del Paraguay (págs. 63 – 86). Asunción: Taurus.

El Jaber, L. (2011). Un país malsano : la conquista del espacio en las crónicas del Río de la Plata : siglos XVI y XVII. Rosario: Beatriz Viterbo Editora; Universidad Nacional de Rosario.

Flores de Zarza, I. (1987). Mujeres Protagonistas de la historia – Tomo 1. Asunción: Intercontinental.

Jacaré, E. (2011). Carta de India Juliana. En D. G. MEC, Club de Lectura. Poesía y Discursos (págs. 66 – 68). Asunción: MEC.

Jitrik, N. (1995). Historia e imaginación literaria. las posibilidades de un género. Buenos Aires: Biblos.

Muñoz, G. (2007). 1540 – Arde Juliana, arde. En G. Muñoz, Madejas de Clío. Asunción: Arandura.

Pastore, C. (1972). La lucha por la tierra en Paraguay. Mintevideo: Antequera.

Pigna, F. (2011). Mujeres tenían que ser. Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los inicios hasta 1930. Buenos Aires: Planeta.

Van – Dijk, T. A. (2016). Análisis Crítico del Discurso. Revista Austral de Ciencias Sociales, 203-222.

Vera, H. (1998). Primeras Letras. Jueves Santo, 1539. Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, 299-305.


[1] Disponible en: https://www.persee.fr/doc/carav_1147-6753_1998_num_70_1_2796#carav_1147-6753_1998_num_70_1_T1_0299_0000

[2] En Madejas de Clio. Gloria Muñoz. Arandura. 2007.

[3] Disponible en: https://mec.gov.py/cms_v2/adjuntos/9783

[4] Disponible en: https://archive.org/details/relacindelosnau01herngoog/page/n45/mode/2up?q=Juliana

[5] Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/viaje-al-rio-de-la-plata-1534-1554/html/ff3a9778-82b1-11df-acc7-002185ce6064_89.html

[6] Indios y conquistadores en el Paraguay. Enrique de Gandia. Editor A. García Santos, 1932

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