Rachid, forzando la máquina

Por Caracolito GAD

La declaración del gremio de abogados de Canindeyú oponiéndose a la restitución de Rachid como fiscal de Curuguaty es el tipo de acciones que permitirán romper ese eslabón. La queja de otros gremios y organizaciones, la movilización de todas las personas y organizaciones afectadas por el mal desempeño de Rachid, el mantener el tema en el debate público, la recusación por parte de quienes tengan que enfrentar a Rachid en causas judiciales en las cuales se le ponga como fiscal, la petición de cambio de fiscal interviniente por parte de quienes deban ser representados por el Ministerio Público en cualquier causa, el escrache y boicot en Curuguaty, Salto del Guairá y Asunción, las juntas de firmas y solicitadas en prensa, un largo etcétera, en definitiva la desobediencia civil y la objeción social de conciencia a esta decisión de la Corte son el camino para frenar y revertir este daño al país, a la sociedad y a todas las víctimas de la masacre de Marinakue.

Por cierto, finalmente la salida de Rachid será una solución a la crisis interna de la Corte y el MP puesto que en ambas instancias quedó la sensación de que Rachid pesa más que Jiménez Rolón y que Quiñonez, respectivamente.

Porque Jalil Rachid fue desconfirmado para fiscal de Curuguaty por la Corte Suprema. Días después, presión mediante, la Corte lo reconfirmó. Hoy el Ministerio Público tiene a 40 fiscales legítimamente confirmados y Rachid.

La primera acción de la Corte, la de no confirmar a Rachid (con lo cual quedaba fuera del Ministerio Público) fue recibida con asombro, sorpresa, incredulidad, alegría y respaldo por la sociedad paraguaya. Para el sentido común y el especializado en temas de justicia, Rachid no debía seguir más como fiscal por el caso Curuguaty, llevado a la perdición, la impunidad y la injusticia por su funesto desempeño, pero no solo por ese caso (el deficiente desempeño fiscal de Rachid está estudiado en el libro Deforestación e Impunidad, marzo 2016, Asunción).

La reposición de Rachid (borrando la Corte con el codo lo que días antes había escrito con la mano) no sorprendió mucho, ni generó asombro. Solo generó indignación y la sensación de haber perdido una oportunidad de hacer las cosas bien en lo que a justicia se refiere. Comprobó que el sistema judicial, especialmente en lo penal, ya no da más y que requiere cirugía mayor, una reforma que intente eliminar el clientelismo, amiguismo, clasismo, corrupción y mafia que la carcome.

Rachid para volver al puesto del cual fue expulsado hizo un gran gasto energético, forzó las maquinarias: tanto la que le apoya como a la que presiona a las distintas instancias involucradas (Corte, Ministerio Público). Forzó de tal manera que dejó unos cuantos heridos en el camino, quebró la Corte en dos, lo mismo que al gremio de abogados. Por cierto, la sociedad paraguaya vio claramente una operación política en esta acción de la Corte. Quedó claro como la justicia está al servicio de unos pocos y no de la ciudadanía.

La Corte, el Ministerio Público no aguantarán otra crisis “Rachid”. Se forzó demasiado la máquina, se estiró demasiado la cuerda. Es el único fiscal que continúa no por méritos propios si no por presión política. Es el único “repuesto” en un rol del cual fue eliminado. Es el punto débil, la vergüenza (la poca que tienen) del aparato judicial.

Es ahora mismo, por los esfuerzos que hizo él y quienes lo sostienen ahí para reponerle, el eslabón débil de la cadena.

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