¿Quienes son los que pretenden impugnar la candidatura de Lugo?

Por Diego Verón de Astrada

Muchas vueltas se anda dando sobre los textos jurídicos y constitucionales a la hora de discutir sobre la apabullante popularidad de Fernando Lugo, que se consolida cada día que pasa como la figura de mayor peso político para las presidenciales de 2018.

Incluso aquellos sectores que no tuvieron pudor en violentar la voluntad popular y derrocar a un presidente constitucional a través de un juicio sumario express, hoy se erigen como grandes defensores del orden constitucional y democrático para intentar sustentar una supuesta inhabilidad de Lugo como candidato.

No me quiero restringir al análisis jurídico, sobre el que hay posiciones dispares hacia una u otra posición. Me quiero referir más bien a las intenciones y al espíritu democrático de quienes pretenden coartar los derechos de una figura política como la de Lugo.

En este sentido, es claro que en un escenario de disputa política, quienes quieren agotar la discusión desde una interpretación jurídica restrictiva de la Constitucional Nacional, provienen principalmente de sectores que adhieren a proyectos políticos sin mayor arraigo popular, y  que a su vez se muestran muy relacionados a voceros del gran aparato empresarial de la prensa.

Es claro que en un escenario político, el debate no se restringe a una mera interpretación parcial desde la óptica jurídica. Y queda en evidencia que quienes pretenden reducirlo a este ámbito, apuntan esencialmente a coartar los derechos de un pedazo importante de la población paraguaya a elegir a una figura política que cuenta según las mediciones de la propia prensa, con un 60% de aceptación popular, consolidándose como favorito para convertirse en el próximo Presidente del Paraguay.

¿Podría haber algo más atentatorio contra los principios democráticos?

Al pueblo paraguayo, no sólo le robaron su voluntad popular en el 2012 cuando impusieron a Federico Franco como Presidente. Y depusieron, impidiéndole concluir su mandato a un presidente que tenía la legitimidad de la voluntad popular expresada en las urnas. Esta legitimidad, más la legitimidad de haber dado lugar a la alternancia luego de más de 60 años de gobiernos del mismo partido.

Aparentemente, el gran pecado de Lugo es que a diferencia de las otras figuras que pretenden disputar la presidencia, este cuenta con el apoyo de un pedazo mayoritario de la población. Un apoyo que no está sostenido sobre el aparato propagandístico de los medios empresariales de comunicación, o el aparato del Estado, o el soporte de alguna estructura partidaria aceitada sobre el clientelismo prebendario.

¿Serán acaso, estos poderes de hecho, quienes bajo un ropaje jurídico pretenden coartar los derechos del soberano pueblo paraguayo?

¿Será que una figura que llega al poder sin estar atada o comprometida a ninguno de estos grupos de poder, por su propia autonomía, pudiera resultar en una amenaza para ellos?

 

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