Protestas en Colombia: Cali, símbolo de resistencia

Hoy Cali y el Valle serán reconocidas como un símbolo de resistencia y dignidad en un país que necesita nuevos símbolos y sobre todo un nuevo camino que transitar desde la paz

Por Oscar Hembert Moreno Leyva*

Desde el 28 de abril la ciudad de Cali ha vivido una serie de manifestaciones históricas en contra de la propuesta de reforma tributaria del actual gobierno. Vale recordar que esta será la tercera reforma tributaria que Iván Duque presenta, pues en el primer año de su mandato (2018) creó la Ley de Financiamiento, y luego propuso la Ley de Crecimiento después de que la Corte Constitucional tumbara la primera. Esta nueva reforma proponía recaudar a través de cambios en el IVA y en los impuestos a personas naturales y jurídicas unos $23,4 billones, pero una Comisión de Expertos el año pasado planteaba otras soluciones para que el Gobierno suba el recaudo, pues hoy el sistema tributario tiene exenciones por $92,4 billones.

Además, a este paro nacional se han ido articulando demandas históricas que van desde la caída de la estatua del colonizador español Sebastián de Belalcázar por parte de la comunidad originaria Misak en un acto de justicia simbólica. La caída Sebastián de Belalcázar nos invitó, en aquella fría madrugada, para ir a marchar.  Los indígenas llegaron en caravana a cada uno de los puntos de concentración sumándose a las consignas que iban más allá de la reforma. Las incontables injusticias sociales que son constantes en los diferentes barrios populares de la ciudad, como falta de servicios públicos, mejoras en la infraestructura, en la salud y educación, son las banderas de cambio que piden los manifestantes.

¿Por qué Cali se convirtió en el símbolo de la resistencia a nivel nacional? Esta semana en redes sociales se difundió una pequeña nota sobre la historia de la ciudad. En ella se habla desde la firma de la independencia hasta la caída de Rojas Pinilla en los 50s. La historia nos cuenta algo diferente, los primeros en firmar el acta de independencia fue la ciudad de Mompox en mayo de 1810, Cali fue a los dos meses y Bogotá días después. Lo que sí se puede documentar y afirmar desde el Archivo Histórico de Cali, como comenta la historiadora Carolina Abadía Quintero, es que entre el siglo XVIII y principios del siglo XIX hubo un gran número de revueltas lideradas por esclavos y mestizos, como la famosa de Los Caicedo, y otras realizadas en contra de los impuestos que terminaron con el asesinato de sus líderes en las plazas. Ya en la década del 70 del siglo XX, la ciudad estuvo marcada por el levantamiento de los movimientos estudiantiles que encontramos documentados no solo en libros de historia sino también en novelas como El Atravesado de Andrés Caicedo y Jalisco pierde en Cali de Gabriela Castellanos. En la década del 80 y 90 estos movimientos sociales y estudiantiles se convierten en referentes claves en los cambios del país.

Durante las marchas hemos visto con total atención aquellos espacios de concentración en Cali, especialmente los que han sido resignificados por sus comunidades como es el caso de la Loma de la Cruz o “loma dignidad” y también en Puerto Rellena o “puerto resistencia”. Estos espacios han hecho frente a la situación con diferentes formas de protesta. En la Loma Dignidad por ejemplo las actividades culturales han llevado a la gente a proponer desde performance y música con todos los géneros, hasta la creación de una Biblioteca Popular en el que era, hasta hace 5 días, el CAI de la policía.  Puerto Resistencia por su parte es un territorio interesante por analizar ya que esta zona no ha sido aún documentada por parte de la academia. Como dice el historiador Hansel Mera, son poblamientos que llegaron entre la década del 50 y 60 sin planeación por parte del municipio, ya entre el 70s y 80s comienza a definirse en planos por la extensión de los 4 barrios que lo conforman, el antes llamado “unión de viviendas populares”. Según cuenta el historiador Camilo Villa este sector de discotecas fue llamado “puerto rellena” por la venta de fritanga, muy famosas y apetecidas por los comensales al salir de la rumba.

Estos puntos de concentración expresan el deseo de miles de personas por la urgencia de cambios sociales y económicos. Como historiadores (supongo los escritores en general) sabemos la importancia de contar nuevos relatos que construyan imaginarios fuertes en nuestras comunidades. Es por ello que hoy vemos como caen las estatuas, cambian los nombres de los barrios y la camisa de la selección Colombia está siendo resignificada por las nuevas generaciones en su contingente devenir histórico.

Al quinto día de manifestaciones cerca del mediodía, las redes sociales estallaron de euforia al saber que Iván Duque retiraba la reforma tributaria. La gente tocaba las bocinas de los carros, los vecinos resonaban las cacerolas y las banderas ondearon hasta llegar la horrible noche. En la hora más oscura del sexto día sonaron los primeros mensajes. S.O.S replicaba en cada perfil virtual. Los comunes eran vistos por cientos de miles en todo el país. Sonaban tiros de fusil y la policía en las sombras acorralaba a los jóvenes. Algunos huyeron entre cañaduzales, otros no consiguieron. La sangre se va con la lluvia mientras espera justicia.  Hoy sus nombres estarán en la larga lista que se va sumando día a día. Los grandes medios de información les es ajena la situación. Desde la academia y los medios alternativos podemos intentar comprender lo que está sucediendo, pero serán cada uno de los protagonistas quienes escriban cada página de los cambios que se puedan generar. Cabe recordar que en el año 2011 en Facebook vimos cómo el mundo árabe se alzaba unido contra los regímenes dictatoriales. Hoy vemos por más redes sociales y medios independientes nuestra primavera. Hoy en el gobierno tenemos a un Nerón indolente dando una orden de muerte mientras toca su guitarra y el país se consume en el fuego.  Hoy su caballo continúa siendo ministro. Hoy Cali y el Valle serán reconocidas como un símbolo de resistencia y dignidad en un país que necesita nuevos símbolos y sobre todo un nuevo camino que transitar desde la paz.

*Publicada originalmente en Rolling Stone Colombia

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