Productividad y exportación de la soja se ha duplicado, pero sigue siendo soja

La industrialización de la economía está ausente de la política del gobierno, porque no tiene una política industrial. Sin embargo, el gobierno y ciertos sectores, han consagrado como paradigmas de desarrollo a la agricultura mecanizada y la ganadería extensiva. Así, frecuentemente se expone como logros extraordinarios del desarrollo económico, que el Paraguay es el 4º mayor exportador mundial de soja, el 6º mayor productor de soja, el 6º mayor exportador de maíz, el 8º mayor exportador de carne bovina y el 10º mayor exportador de trigo. No se trata de despreciar los avances en la productividad y la competitividad de la agricultura mecanizada, aunque sí su dimensión ambiental. Se trata de que, en lugar de producir y exportar una bolsa de soja o de trigo, ahora se produce y exporta dos bolsas, pero sigue siendo soja o trigo, es decir productos agrícolas sin ningún valor agregado. Y una economía basada en la agricultura, no puede ser enarbolada como paradigma de desarrollo, porque en realidad, la misma, es un indicador del atraso económico del país, no de su desarrollo.

Sin embargo,  veamos  cómo se encuentra la competitividad del sector manufacturero en Paraguay, según un estudio e informe elaborado por la Unidad Técnica de Estudios para la Industria, con el apoyo técnico y financiero de la Organización de las Naciones Unidas Para el Desarrollo Industrial (ONUDI)

  • Entre los países de América Latina, Paraguay ocupa el último lugar en el Indice de Rendimiento Industrial Competitivo (IRIC);
  • El Valor Agregado Manufacturero (VAM) ha disminuido en los últimos años, mientras que en los demás países latinoamericanos ha aumentado;
  • El monto de la exportaciones manufactureras del país es muy pequeño, con una ínfima participación en el mercado mundial de manufacturas;
  • El rendimiento comercial del Paraguay en las exportaciones de manufacturas más dinámicas, ocupa el último lugar en América Latina;
  • Presenta  la más alta concentración de productos manufacturados exportados de América Latina (pocos productos del total de exportaciones);
  • Las exportaciones de Paraguay se orientan, básicamente, hacia productos primarios;
  • Una carencia significativa de exportaciones intensivas en tecnología. Un ínfimo porcentaje de sus exportaciones totales corresponde a productos de media y alta tecnología;
  • Escasa diversificación de mercados y alta concentración de las exportaciones manufactureras, siendo el principal mercado el del MERCOSUR, mientras que el de la Unión Europea ha perdido peso y el de Estados Unidos es marginal;
  • Disociación entre la política educativa, científica y tecnológica con una política industrial, por lo que los Recursos Humanos no tienen alternativas de educación técnica media o superior;
  • Escasa o nula inversión pública en desarrollar capacidades de desarrollo tecnológico e investigación tecnológica;
  • Limitado acceso y disponibilidad de crédito, con tasas y plazos adecuados.

Por otro lado, la industria genera el 11 % del empleo y participa del 10,2 % del PIB, registrando una baja constante, pues en 1990 ocupaba el 15 % del PIB, en el 2000 el 13 % y en el 2012 el 12 %. Una de las causas de éste  preocupante desplazamiento  es el auge de los agronegocios.

Esta es la situación de la competitividad industrial de nuestro país, que requiere del apoyo del estado para coadyuvar a su superación. En vez de un estado ausente, el desarrollo manufacturero requiere de una política industrial del gobierno, capaz de definir estrategias y apoyar a los sectores de baja productividad y competitividad industrial, apoyando la inclusión productiva, en un esquema de complementariedad e interacción entre el estado, el mercado y el sector manufacturero.

El indicador del desarrollo económico de un  país está dado por su nivel de desarrollo industrial y el nivel de vida de su población, éste último,  directamente vinculado al primero. “República bananera”, se suele decir despectivamente de un país atrasado y empobrecido, en el que la economía se basa en unos pocos productos agrícolas de escaso valor agregado, ejemplificados por las bananas; y en lo político estos países se caracterizan por una débil institucionalidad, gobernado por pequeños grupos corruptos y autoritarios. La economía de nuestro país está basada en la exportación de seis productos agropecuarios, que representan el 80 % de las exportaciones (soja 50 %, trigo, maíz, girasol, carne y madera), mientras que los productos manufacturados corresponden  sólo  el 14,7 % de las exportaciones (aceites vegetales, textil, calzados, domisanitarios, confecciones, alimentos elaborados, plásticos y cauchos, metal-mecánica y minerales), según informes del Ministerio de Hacienda.

La industria es desarrollo, la agricultura  el atraso. No podemos enarbolar con orgullo  el atraso. No hagamos más alarde de nuestros defectos y debilidades como si fueran virtudes, pregonando que Paraguay ocupa los primeros  lugares del mundo en producción y exportación de equis productos agrícolas. Más bien, el país y su gobierno deben hacer esfuerzos por superar la primarización de nuestra economía, diseñando y ejecutando una política industrial, de tal forma que avancemos hacia el desarrollo, consistente en  pasar de una economía basada en la agricultura, a otra basada en el desarrollo industrial.

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