Por qué que López murió con o por su patria

Por Julio Benegas Vidallet

López, en Paraguay, es como Eva a la Argentina. Siempre, por alguna razón, está en tapete. Ahora lo está porque un grupo de gente no quiere que se lo tome a burla con una obra de teatro. No vi la obra ni sigo mucho las razones de la protesta, pero es importante, creo, entender por qué murió el tipo y con él por qué sacrificó y se sacrificó todo un pueblo.

Fue, claramente, para que no seamos colonia ni brasilera ni argentina ni inglesa. Por eso fue, y por eso, no porque él era un vanidoso tirano (que también pudo haberlo sido), el pueblo se sumó al ejército. Era gente que creía, en el fondo mismo de su ser, que peleaba por su tierra y que el Estado les representaba.

Que en el camino de la defensa, luego de la derrota en Humaita, haya alucinado, enloquecido, de andar peregrinando los restos del Estado de pueblo en pueblo, fue una expresión de un pueblo, una nación y un Estado destruidos, aniquilados.
Escombros sobre escombros, vidas sobre vidas, muertes sobre muertes.
Qué son las tierras hoy. Dónde están sus dueños. Dónde vivimos y malvivimos los paraguayos. Qué hicieron del Bosque Atlántico, qué hacen de los ríos, de los arroyos.

Dónde vive el 30 por ciento de la población que nació en este país.

Qué es soberanía, qué es patria hoy.

Destruyeron el país y su proyecto industrial, el primer capitalismo de Estado ensayado luego de las reformas agrarias del período francista.

Destruyeron su fundición de hierro y decretaron la muerte de cualquier ensayo de aproximacion a la tecnología moderna, al Estado moderno.

Y luego se repartieron las tierras.

López es la imagen de todo, de la fuerza, de la voluntad, de la ignominia y de la locura y, finalmente, del ostracismo y la marginalidad.

A 150 años de la destrucción del primer Estado nación mestizo de América del Sur, somos un pueblo marginal, periférico, que se lame las heridas y vive y mira de reojo y con indiferencia el padecimiento y la desigualdades.

«Estado fallido» es la caracterización secreta de Estados Unidos sobre Paraguay. En esa teoría Estados Unidos cree -está seguro- que puede contar con sus grupos de poder para cualquier cosa, desde sumar mayoría para fundar el Estado israeli, sacar de la OEA a Cuba, mantener relaciones con Taiwan y no con China, meter sus trasnacionales trasgénicas y venenos a kutiple con bajos o inexistentes impuestos, crear un aeropuerto de reabastecimiento en Mcal. Estigaribia, sacar y meter soldados, o que sin se lo solicite, un gobierno, como el de Cartes, acuda en soledad, rápidamente, a convalidar la capitalidad de Jerusalén para Israel.

Qué es lo que murió con López. Y por qué nos cuesta tanto recuperar alguna idea mínima o tal vez profunda de patria y soberanía fuera del regodeo épico y martirológico. Y a quiénes finalmente les sirve solo una aproximación romántica de nuestro ayer heroico en un presente cobarde de concesiones, traiciones y tiranias oligárquicas.

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