Pobreza, los sindicatos y la complicidad

Ante las declaraciones del ministro Gustavo Leite, de industria y comercio, explicando orgullosamente que el Paraguay tiene uno de los salarios mínimos más bajos de la región, se impone una mirada a la clase trabajadora organizada en nuestro país. Y esa mirada nos muestra una cruda realidad: la casi nula capacidad de reacción de las organizaciones sociales ante, incluso, la amarga burla de las autoridades.

Los trabajadores desde inicios de la humanidad han luchado por su sustento y el de su familia, en especial desde la consolidación del modo de producción capitalista, en un proceso histórico donde el eje era el trabajo y por lo tanto el salario. Enfrentando, en distintos periodos, las maniobras de las clases dominantes, era a partir de su trabajo donde buscaba la dignidad y el bienestar, por eso el papel central del salario.

El salario mínimo es, por definición y por doctrina, uno de los principales mecanismos de lucha de la clase trabajadora. Como su nombre lo dice, busca darle un mínimo de ingresos a todo trabajador para garantizar la satis¬facción de sus necesidades y de su familia.

En sus declaraciones, el ministro Leite toca dos puntos centrales en la consolidación del neoliberalismo actual: los bajos salarios y el gran contingente de desocupados. Mano de obra ociosa o primer empleo son algunos de los eufemismos que usa, demostrando que estamos ante un ataque a la esencia del trabajador, el trabajo como sustento de la existencia, pues convengamos que el obrero no tiene alternativa para dejar de ser proletario. Por eso es grave la poca reacción de sus organizaciones, ya en el límite de la complicidad de alguna dirigencia.

Recordemos que desde el inicio de la transición, y el sensacional número de sindicatos que se organizaron, uno de los temas centrales de los empresarios y del gobierno era bajar el salario mínimo, pues se “denunciaba” como el más alto de América. La militancia y la fuerza de la clase obrera organizada fue una traba que el neoliberalismo no logró romper por largos años. El prestigio de las luchas, la claridad en las consignas, la militancia popular y la permanente formación política de las bases, fueron algunas de la claves para resistir.

Abusando de la historia, recordemos que los delegados del Paraguay fueron de los primeros en pedir en la Conferencia en 1919, de lo que luego sería la OIT, se estudiara la posibilidad de establecer un salario mínimo en las diversas industrias, y que el trabajo no debe ser considerado simplemente como una mercancía o un artículo para el comercio.

La lucha por el salario mínimo en nuestro país tuvo su última gran actuación en el periodo 2007/8, cuando casi 100 sindicatos estatales, de todas las Centrales, y entiéndase bien: “todas las centrales”, empezaron y consolidaron lo que finalmente fue conocida como la Campaña Vida Digna. Los sindicatos involucrados pedían mejores salarios y QUE NINGÚN TRABAJADOR DEL ESTADO, GANARA MENOS DEL SALARIO MÍNIMO LEGAL!!!

Esta petición, que dogmáticamente parece absurda, pues el Estado no puede violar “legalmente” la ley del salario mínimo, pero aun así se tenía en ese periodo más de 50.000 trabajadores del sector público que no percibían el salario mínimo. Esta campaña llevó dos años de lucha, movilizaciones y persecuciones, para finalmente lograr sus objetivos. Para el 2010 ya se incluyó en el Presupuesto, que ningún trabajador, inclusive los maestros, podían ganar menos que el salario mínimo.

Lamentablemente debemos decir que hoy, se tiene de nuevo un retroceso, incluyéndose en el Presupuesto General de Gastos de la Nación, salarios menores que el salario mínimo. Esto posiblemente sea una de las consecuencias de la dejadez de nuestra dirigencia y la división en el campo popular.

Entonces no podemos dejar de preguntar, como activistas sociales: ¿Por qué no están movilizados los sindicatos?, ¿Dónde están las organizaciones populares? ¿Cómo es que no se está pidiendo explicaciones al ministro? Sobre todo teniendo en cuenta el grado creciente de desmoronamiento salarial y de desempleo que se tiene hoy. Y allí entra el componente de connivencia y confabulación pagados con cargos, besos o directamente convirtiéndose en traidores a sus iguales.

Parecería que los liderazgos sociales están más preocupados en las elecciones políticas, antes que en las luchas sociales. Esta dejadez de la dirigencia social, no sería un problema, pues de hecho las luchas sociales van de la mano con las luchas políticas, si no fuera que en las bases, en los sindicatos y en las organizaciones campesinas, es donde reina el silencio, no se escuchan los reclamos.

El nivel de conflicto entre el trabajador y el empresario, tiene una relación directa con la capacidad de reacción del trabajador organizado. Cuando menos conocimientos de su situación, de sus derechos, de su historia, de la comprensión de que cuando más trabaja más gana el patrón, menos posibilidades de reacción y fortalecimiento de esa “mística” de la clase obrera en rebelión. Porque así como el trabajador no tiene opción, tampoco el empresario puede dejar de lado la explotación: la dinámica empresarial del sistema le obliga a agudizar y perfeccionar su explotación, bajando salarios, eludiendo la seguridad social, empleando jóvenes, etc.

La falta de formación, información y práctica en las bases es alarmante, pues ya vimos, con varios ejemplos a lo largo de nuestra historia social, que esa falta de intuición de las bases del contexto de explotación, producto de la alta y perfeccionada alienación de nuestra sociedad de consumo, ha llevado al descabezamiento de grandes y memorables luchas.

Este escenario, con las organizaciones sociales peligrosamente desmovilizadas, sin consignas de lucha, sin motivación, debe, y puede, ser revertida, y la dirigencia social tiene la palabra. De lo contrario, las bases populares tendrán todo el derecho de estigmatizarlos como vulgares conspiradores contra la clase trabajadora.

Comentarios

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1 Comentario
  • Avatar
    mario lomaquis
    Posted at 22:23h, 04 agosto Responder

    como es de publico conocimiento el sindicato sitepropasa de la multinacional prosegur fue exterminado con complicidad del ministerio del trabajo acciones como esta son las que les cortan el brazo a los trabajadores. 327 empleados fueron despedidos atravez de una coaccion a los mismos. Actualmente tenemos demandado al ministerio del trabajo ante la oit con asiento en suiza por violar el convenio firmado con la oit. Hasta el momento no habiendo ninguna respuesta favorable por parte del ministerio del trabajo.

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