Perdimos, pero no ganamos experiencia

Hemos aprendido poco de nuestras experiencias y  por eso estamos repitiendo los errores. Todos sabemos que la Región Oriental de nuestro país ha sufrido una catástrofe ambiental, por la destrucción de gran parte de sus bosques, para destinar las tierras deforestadas al cultivo de la soja y la explotación ganadera. De 11 millones de hectáreas de bosques que tenía la región oriental en 1950, en la actualidad se estima sólo en 1 millón de hectáreas. En la década de los 90, con el salto de la soja y la ganadería, se deforestaron 350 mil hectáreas por año, llegando a picos de hasta 500.000 hectáreas por año. Fue una deforestación demencial. En el año 2014, de enero a julio (6 meses) se deforestaron 6.281 has, 75 % menor a la del mismo período del 2013 que fue de 25.765 has. Sin embargo, la región occidental o chaco, que aún se había salvado de dicha deforestación, desde hace algún tiempo, viene sufriendo el mismo modelo productivo, copiado al implantado en la región oriental: un modelo productivo basado en la destrucción del medio ambiente. Y no hemos aprendido ni de nuestras propias experiencias ni de las ajenas. Ya en el año 1992, acuciado por desarrollos económicos de muchos países que tuvieron como costo la degradación del medio ambiente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) organizó la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, que recomendaba que el desarrollo económico debe ser compatible con la preservación del medio ambiente y la calidad de vida de la población.

El gran chaco está sufriendo  desde hace 10 años aproximadamente un acelerado proceso de transformación, con una escasa o nula intervención del estado, por la debilidad en ciertos casos, y por la complicidad en otros, de los organismos competentes, que puede tener como consecuencia la desertificación de la región, la destrucción del ecosistema, la base de vida de su población y  la calidad de vida de toda la población del país. Este proceso de transformación se traduce en el crecimiento acelerado de la deforestación para cultivos agrícolas vinculados a los agro negocios, en especial de la soja y para la implantación de pasturas para la ganadería, en especial en el norte del chaco, Alto Paraguay principalmente y parte del departamento de Boquerón.  El tipo de deforestación consiste en la quema de los bosques y luego el desmonte con pala mecánica, que contribuye más aún a la emisión de gases invernaderos como el dióxido de carbono.

Según un monitoreo ambiental realizado por organismos no gubernamentales especializados, en el 2014  en el chaco, se echó 287.435 hectáreas de bosques; 236.869 has en el 2013 y 268.437 has en el 2012. Sólo en el mes de enero del 2015 se deforestó 18.200 hectáreas, con un promedio de deforestación de 607 has/día. En los últimos 12 años, en el chaco se registró la mayor tasa de deforestación en el mundo.

El avance de la agricultura mecanizada y de la ganadería, a la vez de destruir el ecosistema, va reduciendo cada vez más las posibilidades de permanencia de la población, tanto indígena como campesina al no contar con suficiente territorio, o porque  sus territorios son avasallados por aquellos sectores, viéndose en la obligación de emigrar, pese a las continuas denuncias, luchas y resistencias que los indígenas y campesinos vienen realizando por afectar sus medios de vida. De las 40 millones 675 mil hectáreas  que tiene el Paraguay, 24.702.500 ocupa el chaco, es decir más de la mitad de su territorio. Cerca  del 10 % de la población paraguaya reside en esta región, con numerosos pueblos y comunidades indígenas y campesinas.

El chaco paraguayo es una vasta región semi-árida a semi –húmeda. Este frágil pero rico  ecosistema alberga a unas 3.400 especies de plantas, 500 especies de pájaros, 150 especies de mamíferos, 120 especies de reptiles, 100 especies de anfibios y con 6 millones 875 mil  hectáreas de bosques, según el Censo Agropecuario nacional del Ministerio de Agricultura y Ganadería, sin embargo  Ongs estiman en mayor la cantidad de cobertura boscosa. Este ecosistema es la base que sustenta a las comunidades indígenas y en menor medida campesina, que alberga una rica biodiversidad.

El “control y fiscalización ” del estado

  • La Fiscalía de delitos ambientales. En un interesante trabajo de investigación periodística, el Diario Digital E´a constató que un agente fiscal de delitos ambientales con asiento en Filadelfia, Alan Schaerer con tres ayudantes y una camioneta sin combustible debe recorrer, controlar y fiscalizar 91.600 Km2 del departamento de Boquerón y 60.000 Km2 del departamento de Alto Paraguay. Por otro lado, el agente fiscal de delitos ambientales de Presidente Hayes debe fiscalizar todo el territorio de 73.000 Km2 y 20.000 Km2 del Alto Paraguay. Pese a la deforestación verificada en la zona, preguntado el fiscal por E´a si alguna persona fue penada con cárcel por esos delitos ambientales en la región: “yo no conozco casos”, contestó lacónicamente.
  • El Instituto Forestal Nacional tiene un solo director regional con un ayudante y una camioneta sin combustible y descompuesta, para los tres departamentos del Chaco, que debe fiscalizar la extracción de bosques y verificar si los ganaderos (20 mil establecimientos) cumplen con el plan de uso forestal, en un territorio de 246.000 Km2.
  • La Secretaría del Medio Ambiente, no tiene locales ni oficinas en el Chaco.

Esta ausencia del estado en el chaco, lo convierte en responsable por esos hechos, por la omisión de su deber de cumplir y hacer cumplir las leyes ambientales y de protección de los bosques. Pero aún no es tarde si las autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales se despiertan ante el ruido que ya está haciendo esa otra catástrofe que se está iniciando.

Ley de deforestación cero

Es necesaria la aprobación del proyecto de ley de Deforestación Cero o pausa ecológica para el Chaco, actualmente en estudio en la Cámara de Diputados, por lo menos por el término de 5 años, para que permita al país ordenar su normativa legal  y fortalecer las instituciones estatales medioambientales y judiciales en el chaco. La ley Nº2524/04 de deforestación cero para la región oriental que rige hasta el 2018, ha contribuido mucho a la disminución del 80 % de la deforestación en la región oriental. Algunos dicen que dicha ley no sirve porque aún se sigue deforestando. Pero dicho juicio es equivocado pues se basa sobre el 20 % aún deforestado y no sobre el 80 % de efecto positivo. Sin duda dicha ley para el chaco no será la solución, pero sí una contribución importante.

En una audiencia pública organizada en Filadelfia por la Comisión de Ecología, Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Cámara de Diputados el pasado 4 de mayo, los agricultores menonitas del chaco, manifestaron su oposición a dicha ley, porque “podría atentar contra el crecimiento y el desarrollo del país”, manifestaron. Por su lado, el Presidente del Consejo de la Federación de Cooperativistas de la Producción Ltda, Eugenio Scholler, expresó al Presidente de la Comisión Nacional de Defensa de los Recursos Naturales del Senado, Senador Fernando Silva Faceti, que “El gran chaco paraguayo, por su belleza característica y sus grandes beneficios aprovechables principalmente para el sector productivo, podría ser una excelente opción de progreso para la zona”.

Ya hemos visto cómo le fue a los bosques del país con el modelo de crecimiento económico agropecuario a costa de la destrucción de los recursos naturales. Este tipo de crecimiento ya no es viable, porque beneficia a unos pocos y perjudica al resto. Es un crecimiento incompatible con el medio ambiente, con la calidad de vida de la población y de las generaciones futuras. Límites, es el nombre que necesita el modelo agropecuario. Los derechos de éstos terminan donde comienzan los  derechos de los demás. Se llama también actualmente, desarrollo sostenible.

Ya hemos perdido mucho con el modelo agropecuario insostenible ejecutado con la complacencia del estado en la región oriental. Pero parece que no hemos aprendido de nuestros errores, porque seguimos repitiendo. Tenemos que esperar a que se destruya nuestro hábitat y medio de vida para despertarnos?  Aún hay tiempo, ¡despertemos!.

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