Pedagogía del carajear: Concretud, omnipotencia, autoritarismo y desprecio por la diferencia

Por Agustín Barúa Caffarena

“Ya no sabemos cómo decirles a las personas para que utilicen casco. No entienden que esto puede salvar sus vidas” habría dicho el titular de la asociación Asunción Positivo[1] en medio de una actividad donde “entregaron 40 cascos a decenas de motociclistas que llegaron con sus motos hasta el Hospital del Trauma”.

En este mismo hospital unos días antes, el director[2]de este hospital mandó colocar un cartel de un árbol de navidad (estado laico, las ganas) con “una carita triste” y la leyenda “USÁ CASCO CARAJO”.En una nota de prensa, el mismo dio las siguientes cifras: anualmente 20.000 accidentes de tránsito, 13.000 personas sufren accidentes a bordo de una motocicleta; al mes llegan más de 1.000 al hospital en moto que, en su mayoría, no usaban casco.

Fuente: uhora.com.py

Fuente: uhora.com.py

Las cifras son más que alarmantes. Ahora ¿Por qué no se usa casco?¿Qué hay detrás de estas cifras? ¿Por qué las medidas que se nos ocurren son esencialmente lomos de burros, multas y mensajes insultantes?

¿Otro “mensaje frontal y elocuente” es posible?

Me gustaría proponer otros aspectos para pensar estas “campañas de educación vial” carajeantes, y otras posturas similares ya que esta racionalidad no se circunscribe a este tema: agrego aquí un meme que circuló tomando la fachada del área obstétrica y pediátrica del Hospital de Clínicas (UNA).

Ante estos(citando la posición del director del Hospital del trauma, felicitado por el actual ministro de salud) “mensajes frontales y elocuentes”, planteamos debatir desde donde se pudiera estar hablando en esta pedagogía del carajeo:

Concretud: las medidas mecánicas (cascos, reductores de velocidad, por citar dos ejemplos) son un aporte sin duda, pero el tema de la accidentalidad tiene una complejidad tremenda: ¿Cuáles son los aspectos emocionales que subyacen a las prácticas riesgosas viales?¿Cuánta falta de sentido de vida e ideas suicidas no conscientes (y conscientes) se enmascaran en ellas? ¿Cuáles son otras opciones ofrecidas de transporte baratas, de calidad, seguras, accesibles que puedan competir con una moto comprándose en económicas cuotas? ¿Qué hacer con imaginarios culturales muy instalados de “poder” asociados al consumo de motos en (no exclusivamente pero de manera más extendida) varones de los sectores populares?

Omnipotencia: pensar que somos “sólo los profesionales” (o “las autoridades”, o cualquier figura que se autoreconozca como “autorizada”, como necesariamente superior) sean quienes van a definir este tema habla de lo difícil que es reconocer el lugar de la impotencia generada, en definitiva, por estas posiciones elitistas, que al final entrampan en una frustración y hostilidad que se manifestarían en el insulto y el desprecio hecho fachada de hospital.

dosAutoritarismo: el juicio de “inconscientes” no aporta gran cosa sobre estas conductas: ni el problema es comprendido ni avanzamos en su solución. Sin embargo fácilmente la posición de jueces es la enarbolada. ¿Es posible asumir que estamos ante un cuestionamiento a la sociedad toda a partir de entender estas cifras como un espejo social que nos interpela?

Desprecio por la diferencia: si, sin dudas hay aportes específicos que se pueden hacer en tanto “profesionales”, pero tanto ética (reconocer a cada persona como sujeto de sabiduría) como pragmáticamente (abriendo el debate se enriquecen las respuestas y se avanza en la posibilidad de eficacia) necesitamos asumir que se tiene que construir entre toda la gente.

Poder reconocer las circunstancias de vida en que se encuentran personas que deben salir de sus casas con sus familias a kilómetros del transporte más cercano, o las de adolescentes y jóvenes sin mayores chances de existencia que la desde una estigmatización ante su supuesta “pérdida de valores” sin chance de empleo mínimamente digno o de educación no autoritaria niadultocéntrica, tiene que ver con que a lo mejor  esa “conciencia” que demandamos afuera, nos es devuelta y exigida de múltiples maneras, y también a través de estas enormes cifras de accidentes.

Incluir es uno de los temas más difíciles de nuestra sociedad conservadora, y expulsiva; no se da sólo en lo vial: la especulación inmobiliaria en los bañados, el latifundio agroexportador en las zonas rurales y territorios indígenas, los grupos mafiosos controlando las instituciones estatales, son sólo algunos de los ejemplos donde más seguridad, mas cascocracia,resulta insuficiente, y cómplice.

[1]Última Hora. Peipurúna casco: Regalaron protectores a motociclistas. 21 de diciembre de 2016, 02:00. Extraído de http://www.ultimahora.com/peipuruna-casco-regalaron-protectores-motociclistas-n1049572.html

[2]Última Hora. «Usá casco, carajo»: El insomnio que dio origen al mensaje. 18 de diciembre de 2016, 17:40. Extraído de http://www.ultimahora.com/usa-casco-carajo-el-insomnio-que-dio-origen-al-mensaje-n1048897.html

 

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