Paridad, nos exigen la mitad

Por Jimmi Peralta

En la distribución del trabajo el hombre es en esta cultura el que ejerce el poder político y económico. Es la mujer es la encargada de la crianza, además de la producción de dinero. Esto sigue siendo así. En Paraguay hay 700 mil personas que no fueron reconocidas por su «Padre», es decir, por «El varón», pero la labor de crianza recayó directamente sobre «La Mujer».

A modo de ejemplo de quién se encarga culturalmente de la crianza en una distribución del trabajo que no es opcional, sino cultural y estructural. Esto sin contar a los miles y miles de hombres que reconocen a sus hijos, pero dejan una moneda al mes y aportan el tiempo de cuidado para que la mujer pueda tener una vida social, laboral, sexual y política, y tienen que centrarse a ser madre. (ni mencionamos los casos de las “familias bien constituidas”, que son un espejo de eso).

La forma de exclusión de la mujer de la práctica política es estructural e histórica, y lo citado es una muestra de ello. ¿En la asamblea de 1813 para la formación de la república ya estuvieron votando mujeres en iguales circunstancia? Aunque desde el 68 las mujeres ya podían votar en este país, y por tanto podría ser también electas, recién en 1993 se hizo una elección abierta y mínimamente decente en Paraguay, o sea, hace 25 años. Aunque los papeles digan que somos iguales, en la práctica no lo somos.

Para los que cuestionan la idoneidad, está claro que el gobierno de las mujeres no será mejor ni peor por sí mismo, porque las mujeres no son mejores que los hombres, ni peores. Pero es justo que la mitad de la población que fue excluida del poder ante toda la historia occidental, tenga el derecho de decidir también. La ley de paridad fuerza a favor de la mujer lo “naturalmente” el hombre, dueño del poder, no está dispuesto a ceder. Pero no nos piden 2000 años de dominación patriarcal para quedar a mano, solo nos exigen la mitad del poder, paridad.

Los hombres venimos legislando sobre las mujeres, es tiempo que ellas decidan sobre ellas mismas, sobre los hombres y sobre los niños en iguales condiciones que los hombres. Nosotros los hombres hicimos esas leyes que legalizaban el asesinato de las mujeres “infieles”, nosotros hicimos las leyes que excluyeron de derecho de ciudadanía a las mujeres, nosotros hicimos las leyes que penaban más un abigeato que la violación de la mujer, nosotros hicimos legal la violación del hombre sobre su esposa, porque al casarse ella ya le había dado el consentimiento sexual para el resto de su vida… Se puede seguir, pero hasta ahí nomás.

Todas estas cosas que dije ya cambiaron, porque las mujeres exigieron desde afuera del poder que eso cambie, pero ahora exigen poder cambiar las cosas desde dentro, de manera paritaria, saltando las formas estructurales de exclusión de la cultura.

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