Paraguay y su inservible burguesía

En Paraguay no vivimos solo una crisis en la administración de la cosa pública. No se trata de una simple falta de eficiencia. Es un drama que debemos asumir como colectivo. Cada cual en la clase a la que pertenece. Pero en medio de todo el embrollo social, político y cultural que padecemos, es la burguesía la que se destaca  y no en un sentido positivo.

Una fotografía de su decadencia es el safari organizado por los chicos del Colegio Internacional. Desde la mala redacción del listado de desafíos hasta los hechos violentos que promueven, todo es un disparate.

Nuestras familias “bien” se parecen más a una anacrónica deformación feudal que a una burguesía.  Dudo que conozcan el rol que cumplió su clase en la historia. Y es por esta misma razón que no tienen posibilidad de impulsar las reformas que necesita este país y que permitan a las grandes mayorías alcanzar un mejor nivel de vida.

La burguesía en  Paraguay sufre una sobreideologización que hace imposible hacer acuerdos para garantizar derechos mínimos o beneficios para las mayorías empobrecidas. No importa cuánto pueda ganar el  país con una alianza económica con Venezuela o China, bien preferirá unos miserables cheques taiwaneses. Ve fantasmas por todos lados. Se esconde temerosa detrás del muro de Berlín y se hunde en una Guerra Fría que no existe.

Es por las características de quienes detentan el capital en Paraguay que no podemos esperar que apunten al desarrollo. No es que sea difícil pensar en una burguesía desarrollista, es que es absolutamente imposible. Cualquiera menos ellos serían capaces de impulsar reformas democráticas que permitan el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Todos menos ellos podrían construir una democracia real que garantice los derechos humanos básicos.

Dice Marx: “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas”. En Paraguay no.  Tampoco piensa hacerlo pues camina para atrás.

Es improbable que lean estas líneas, temerosos a ser contagiados por el “socialismo del siglo XXI”, “el bolivarianismo”, “el comunismo” u otro espectro que puedan inventarse para obstruir el progreso de todos y todas. Finalmente, cabe preguntarnos: ¿quiénes son los que promueven una ideología retrógrada y desfasada que no permite el desarrollo nacional?

Los "desafíos" del safari del Inter, difundidos por el sindicato docente.

Los «desafíos» del safari del Inter, difundidos por el sindicato docente.

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