Paraguay, entre ruptura o continuismo

Por Abel Irala

Posterior al golpe parlamentario contra el presidente Fernando Lugo en el año 2012, se avizoraba una clara arremetida del modelo neoliberal en Paraguay. Primero, con Federico Franco para completar el periodo del presidente derrocado a través de uno de los tantos golpes blandos que se inauguraban en el continente (antes Honduras), y partir del 2013, con Horacio Cartes impulsando una serie de ajustes económicos y legislativos que desnudaban el íntimo relacionamiento entre los administradores del Estado y los dueños de los grandes capitales.

 

Durante los primeros meses del gobierno Cartista señalábamos que era imperiosa la reactivación de las protestas sociales, de la acción directa, de la reorganización de los movimientos, de la combinación entre las luchas institucionales y extrainstitucionales, para ampliar un horizonte realmente democrático que no forma parte de la agenda del poder hegemónico, una tarea nada fácil para un país que no logra romper el predominio de gobiernos conservadores y dependientes a los intereses del gran capital internacional.

El argumento es que solo desde la fuerza que otorgan las luchas sociales a los sectores excluidos de los gobiernos de turno, se puede pensar en afrontar la lógica de desarrollo que propone el neoliberalismo, basado al menos en tres aspectos estructurales: hegemonía del capital financiero, profundización de agronegocios y extractivismo, corporación privada de los medios de comunicación (Sader, 2010). Cualquiera de estos aspectos que se vean amenazados por las clases subalternas generarán crisis en la elite dominante y provocará riesgo en su hegemonía y legitimidad, si la tuviere.

El aumento de las protestas y la unidad de distintos frentes de lucha es la amenaza que se dibuja sobre el gobierno y que le resulta difícil borrarla. En una relación contradictoria, lo que significa la intimidación para unos es vigor para otros; lo que está en juego en Paraguay es una relación entre rupturas y continuidades donde los movimientos sociales –y una vez más el campesinado– fortalecen sus acciones tendientes a reducir y resistir los efectos del modelo de desarrollo actual.

En lo que va del gobierno de Horacio Cartes ya se han realizado dos huelgas generales, se han realizado distintas medidas de fuerzas por organizaciones campesinas en defensa de sus comunidades y el ambiente, así como en los bañados de Asunción, se ha tenido una explosión juvenil desde las luchas estudiantiles, movilizaciones varias por parte de docentes, profesionales y pequeños comerciantes, que han ido formando un entramado importante de signos de resistencia y dignidad de los de abajo.

Las movilizaciones iniciadas el 4 de abril en Asunción por cooperativistas y campesinos han tenido la virtud de ganar la adhesión de otras varias organizaciones sociales, la pluralidad y la diversidad enriquece la lucha, permite un canal de demandas varias, de construir acuerdos amplios y democráticos. Marta Harnecker sobre las luchas sociales en el continente dice: “Estos movimientos generalmente parten rechazando a la política y los políticos, pero, a medida que avanza el proceso de lucha, pasan gradualmente de una actitud apolítica de mera resistencia al neoliberalismo y luchas puntuales a una actitud cada vez más política, de cuestionamiento del poder establecido y comienzan a comprender la necesidad de construir sus propios instrumentos políticos”(2013).

A pesar del cerco mediático, del soberbio discurso gubernamental, las movilizaciones se abrieron camino y avanzan hacia su tercera semana, con enorme sacrificio de todos los y las manifestantes generando amplios debates en la sociedad paraguaya, que sin duda modifica el escenario nacional y abre nuevas alternativas de resistencia, mientras el gobierno estudia estrategias para disminuir la ebullición social.

Bibliografía

– Harnecker, Marta (2013). “Un mundo a construir (nuevos caminos). El viejo topo”.

– Maneiro M. y Mera C. Argumentos. Revista de crítica social, 12, octubre 2010.

“Los gobiernos progresistas en la región: escenarios futuros”. Conversación entre Horacio González, Juan Carlos Marín, Emir Sader, Maristella Svampa y Luis Tapia.

Foto: Cigarrapy

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