Pandemia y privilegios

Por Santiago Ortiz*

Asistimos a un momento histórico, el mundo se ha paralizado por un virus, como en una novela distópica o un sueño del proletariado haciendo una huelga de alcance global, la pandemia ha dejado en claro que sin trabajadores el mundo no se mueve, ha mostrado la avaricia de los dueños del capital que pretenden descargar la crisis sobre los hombros de los más empobrecidos y explotados. El gobierno de Abdo Benítez ha sido incapaz hasta el momento, a 22 días de haber iniciado la cuarentena, de entregar aunque sea una ayuda mínima a la población que atraviesa hambre debido a la paralización económica y a la precariedad laboral, sin embargo ha demostrado una rapidez envidiable para cargar en los hombros de la ciudadanía 1600 millones de dólares de deuda externa, beneficiando al sector financiero y los comisionistas, y sin tocar los privilegios de los sectores más concentrados de la economía.

En medio de la desesperación e indignación ciudadana por el hambre y la falta de alternativas en plena crisis, los lobistas del capital, los verdaderos privilegiados del país, han iniciado una fuerte campaña para intentar tapar el bosque volcando la mirada de la sociedad apenas sobre un árbol. Los voceros políticos y mediáticos del poder pretenden entregar la mano para salvar el resto del cuerpo, señalan que el gasto público es elevado y se debe recortar el sueldo a los políticos y funcionarios públicos, en realidad detrás de esto esconde la intención verdadera, que no se avance en justicia tributaria para que los dueños del gran capital, mayormente foráneo y vinculados principalmente a la agroexportación, al tabaco (al contrabando) y a las finanzas, no sean molestados en sus intereses.

Entonces empezó el relato de que Paraguay tiene un Estado gigante, que los funcionarios públicos son demasiados y que ganan muchísimo dinero; todo esto es fácilmente desmontable, basta con buscar en internet, Paraguay tiene menos del 10% de su población laboral trabajando en el Estado, mientras que los países de la región rondan el 15% y los países con mayor desarrollo alcanzan inclusive el 30% de sus trabajadores laborando en el Estado; también vale mencionar que apenas el 10% de los funcionarios públicos gana más de 3 salarios mínimos. Los cálculos del propio gobierno demuestran la invalidez del discurso de achicamiento del Estado, su propuesta de descuentos salariales a funcionarios que ganan más de 10 y 5 salarios mínimos apenas lograría ahorrar 52 millones de dólares en 3 meses, alcanzando cerca de 300 millones de dólares anuales si se mantuviesen a lo largo del tiempo, esto es menos de lo que el país se endeuda anualmente con los bancos extranjeros (fuera de tiempos de crisis) y es menos de lo que recaudaría con un 10% de impuesto a la exportación de granos de soja.

No se trata aquí de defender a esa pequeña casta de privilegiados vinculados principalmente a los sectores políticos partidarios que han asaltado el Estado durante más de 70 años, es claro que es inmoral pagar salarios multimillonarios a personas que no realizan actividades beneficiosas para la población, que han llegado a esos puestos solo por ser cuadros políticos de la ANR o de algún otro grupo sectario. Se trata de señalar que lo anunciado por el gobierno, y lo vociferado por el poder fáctico, no alcanza para hacer justicia, para que los verdaderos privilegiados aporten a la sociedad, para esto es necesario recaudar más y gastar mejor; no achicar el Estado, sino fortalecerlo, que esos millones de dólares que van a parar a las cuentas de los amigos del poder sean destinados a pagar mejor a médicos, enfermeros y maestros, que sean reinvertidos en construir hospitales, en comprar medicamentos para la población, en programas de ayudas a las familias en pobreza extrema, a los desempleados.

Al mismo tiempo es urgente que los que más ganan aporten más, la deuda externa del país ha alcanzado cerca de un tercio del Producto Interno Bruto, con la presión fiscal más baja de la región y el sistema tributario más inequitativo, pagar esa deuda es inmoral, porque está siendo descargada sobre los hombros de la clase trabajadora, que es la menos beneficiada con esos recursos. Los impuestos a las grandes riquezas, a la exportación de granos, a los sectores concentrados de la economía, que no generan empleo digno, en general son un imperativo ético y moral en momentos de crisis y solidaridad.

Los trabajadores estamos poniendo el hombre, aguantando el hambre, volveremos a producir para sostener el país, aportamos el 70% de los recursos para el sostenimiento del Estado, por eso tenemos la autoridad suficiente y necesaria para decir verdaderamente basta de privilegios, basta de los privilegios de una pequeña claque político partidaria que se lleva salarios multimillonarios en la función estatal, mientras los verdaderos servidores públicos apenas alcanzan fin de mes con sueldos paupérrimos; basta de los privilegios de la patria contratista, empresariado corrupto que se beneficia de licitaciones amañadas y amasa fortunas a costa de la explotación de paraguayos y paraguayas; basta de privilegios de los agroexportadores que se llenan los bolsillos mientras destruyen el ambiente y expulsan de sus tierras a miles de campesinas y campesinos.

De verdad, basta de privilegios.

*Es secretario general adjunto del Sindicato de Periodistas (SPP).

 

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