“No se descarta que Francisco de Vargas esté financiado por el EPP”

Tampoco podemos descartar que haya sido “responsable del asesinato de la pareja de alemanes secuestrados”, ni que él mismo haya “secuestrado a Arlan y extorsionado a su familia”. Claro, ello explicaría sus «casi nulos resultados en la captura de miembros del EPP». Tampoco se puede descartar que el ACA sea «una creación del Ministro y la FTC para disimular que hacen ‘algo’”. Le conviene este escenario, «que le permite manejar millones de dólares, y que le hace además dueño y señor de los territorios militarizados donde puede seguir secuestrando y extorsionando a familias inocentes libremente, para hacerse de fortuna». Puedo seguir engrosando esta lista de especulaciones con total ligereza, de la misma forma en que Francisco de Vargas, ministro del Interior, especula que “no puede asegurar que la marcha (De Paraguay Pyahurã) haya sido financiada por el EPP, pero que considera que ‘algo de eso hay’”, según la publicación del periódico de Juan Carlos Wasmosy (Hoy), haciéndose eco de una entrevista en radio UNO, del mismo Holding. “De hecho que para venir durante dos días necesitan que alguien les financie”, agregó el ministro.

La gente especula irresponsablemente en las redes sociales, en la calle, en los bares. Pero no tienen la responsabilidad ni el cargo que tiene Francisco de Vargas, titular del Ministerio del Interior, institución supuestamente encargada de brindar seguridad. Sin pruebas, De Vargas especula, y él sabe, que solo hace falta eso, para lograr difamar, generar sospecha e instalar la “falsa verdad” que él logra institucionalizar. La especulación cobra fuerza porque viene de parte de una autoridad que maneja organismos de “inteligencia”. Y tiene un trabajo fácil, pues los medios ya se han encargado hace tiempo de estereotipar al campesino y campesina como “haraganes” y “delincuentes”.

De Vargas criminaliza, sin drama, a sabiendas que vivimos en una sociedad donde es lo corriente criminalizar y difamar a sectores pobres, que en muchos casos ni tienen capacidad de responder, y luego gozar de total impunidad.

La Federación Nacional Campesina organiza desde hace más de 20 años sus movilizaciones anuales, con reclamos de reforma agraria, y siempre han sido las más importantes en número. Han tenido y tienen una organización, disciplina y autonomía que sorprende. Han mantenido distancia y posición crítica de todos los gobiernos que les ha tocado desde su creación, incluido el gobierno de Fernando Lugo. Con cada uno de los gobiernos han peleado sus reivindicaciones, y por medio de la lucha han tenido importantes logros, creando asentamientos que hoy siguen teniendo un fuerte compromiso con su organización. Esta organización tiene un sistema de autofinanciación, que trabajan en cada comunidad, realizando a lo largo del año desde rifas, torneo “kure” hasta polladas y tallarinadas, además del aporte de cada familia. El Partido Paraguay Pyahurã es su brazo político, y ya tiene igualmente casi unos 20 años. En los últimos años ha tomado mayor visibilidad mediática, desde su afirmación como partido en 2012, y por las distintas acciones que vienen emprendiendo. También probablemente ha ganado mayor fuerza en las bases comunitarias, mediante un proceso de acumulación de todos esos años.

El 5 de febrero pasado, los militantes del partido salieron a su “larga marcha” desde sus comunidades, desde Caazapá, Caaguazú, Guairá, San Pedro, Canindeyú, Concepción y otros puntos del país, bajo el sol de este fuerte verano, caminando kilómetros en gran parte, por caminos de tierra, empedrados, asfalto, durmiendo en plazas, baldíos, tinglados. Soportando la falta de agua, que les negó la Essap en Asunción o la torrencial lluvia del martes. No vinieron pidiendo subsidios, ni reclamos personales, que no estaría mal si fuese el caso, vinieron reclamando la renuncia del presidente Horacio Cartes y “toda su línea sucesoria”, en la convicción de que el mismo está rematando el país y avanzando con graves medidas que perjudican a los sectores más pobres. Pese al cerco mediático inicial, los miles de campesinos y  campesinas que coparon las rutas 2 y 3 no pudieron ser ocultados. Las imágenes que circulaban en las redes sociales eran elocuentes. Una proeza comparable a las grandes marchas de los cocaleros en Bolivia. Y así llegaron a Asunción, haciendo historia. El gobierno se tapó los ojos. No hizo mención alguna al hecho, pese a la gran movilización que vino pidiendo sus cabezas. No habían dicho nada, hasta ahora, cuando extrañamente aparece De Vargas, especulando sobre quién financió la marcha. Con la clara intención de desprestigiar y criminalizar la proeza realizada por esta gente. Durante los 20 años de marchas anteriores nunca se había hecho esa pregunta, solo ahora, que vinieron a pedirles la renuncia. “No se descarta que haya sido orden directa del presidente, atemorizado ante una posible sublevación popular. Tampoco se descarta que después busquen imputarlos, por ‘perturbación a la paz pública’”.

En la cabeza del ministro, como en la de muchos, no cabe la idea de que puedan seguir existiendo personas que se movilicen por convicción.

La “larga marcha” es una luz en medio de tanta oscuridad, una acción motivadora para creer en un proceso de transformación social. Fue una demostración de fuerza de Paraguay Pyahurã, un partido formado por los propios campesinos, sin intermediarios ni dirigencia de la élite que hable por ellos. Y lo importante es que hay proyección más allá de la larga marcha, el compromiso de conformar el Congreso Democrático del Pueblo, un nuevo intento de articulación de fuerzas sociales y de izquierda.

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