Necesitamos Poder Popular para defender nuestros derechos

Por Ermo Rodríguez*

Hoy, 10 de Diciembre, se recuerda el Día Internacional de los Derechos Humanos. Hace 70 años, esta fecha se ha declarado como día para recordar los derechos humanos en todo el mundo, y hoy lo hacemos en nuestro país, como lo venimos haciendo año tras año.

A pesar de que esta declaración fue considerada y aprobada hace 70 años, sin embargo hoy los derechos humanos siguen siendo violentados.

Es por eso que hoy, 10 de Diciembre, estamos haciendo un sacrificio más para juntarnos, marchar y movilizarnos, para así denunciar tantos atropellos que se dan en nuestro país.

Los Derechos Humanos individuales y colectivos son permanentemente avasallados, conculcados y violentados por este sistema, por este Estado, con el agravante de que el terrorismo de estado nunca se fue, a pesar de la caída de la tiranía stronista.

Haciendo un recorrido rápido, podemos ver y comprobar estas violaciones de los Derechos Humanos: por ejemplo los ataques a las comunidades indígenas y campesinas, violentamente expulsadas de sus lugares, con policías, fiscales, civiles armados. Todo porque los agro exportadores y latifundistas cada vez más atropellan estas comunidades y así se niega el derecho a la tierra a los campesinos pobres y a los indígenas, trayendo como consecuencia la migración y la aparición de villas miseria.

Es lamentable ver comunidades indígenas recorriendo las calles de Asunción convirtiéndose en parias: inclusive la situación llega a hechos extremos de no tener donde enterrar a sus muertos, más que en una plaza de Asunción.

Comunidades indígenas y campesinas atacadas con venenos a través de las fumigaciones de sojales, trayendo consigo enfermedades, contaminación, inclusive muertes. Y es así que recordamos a Adela y  Adelaida, dos nenitas víctimas de las fumigaciones del asentamiento Huber Duré, que son nuestros símbolos para recordar y condenar por siempre el envenenamiento a nuestras comunidades.

La mayoría de la población paraguaya es Joven, el bono demográfico demuestra esta realidad, elemento casi vital para emprender un desarrollo en el Paraguay. Sin embargo es triste, lamentable y condenable ver a jóvenes sin esperanzas, golpeados por la falta de trabajo, obligados a abandonar escuelas y colegios y ni pensar en la posibilidad de acceder a la universidad. Obligados a migrar, expuestos a la delincuencia, a la drogadicción, al alcoholismo, ante la ausencia de una política de Estado que los oriente hacia un país diferente.

Es una pena y absolutamente condenable que tantos feminicidios se den en nuestro país. Mujeres asesinadas, maltratadas, acosadas, golpeadas, discriminadas, son realidades que cada día vivimos y escuchamos. Las agresiones e intolerancias contra las minorías se acrecientan, se busca aplastar la diversidad.

La clase obrera y los trabajadores sufren día a día diferentes tipos de atropellos a sus Derechos Humanos, soportando largas horas de trabajo, muchos en condiciones infrahumanas, con bajos salarios, sin seguro social, entre otros, viviendo y sobreviviendo en condiciones de zozobra.

Haciendo un recorrido por cualquier comunidad campesina vemos que cada familia vive en casas rancho, sin las condiciones mínimas, básicas para la convivencia de las familias.

Igual sucede recorriendo los barrios de Asunción y ciudades cabeceras, cada vez más precarizados y empobrecidos. Y ni que hablar de las riberas de los ríos o sitios aledaños a los centros urbanos, hoy rodeados de villas en las cuales nuestros compatriotas viven en condiciones de absoluta pobreza.

La inseguridad azota nuestro país. Cada día más vivimos en condiciones de inseguridad, con tantos asaltos y violencia en las calles. Ya casi no hay lugar donde no se viva esta realidad.

Vivimos en un país donde los asaltos, la delincuencia, los asesinatos y los secuestros hacen que vivamos en una sociedad altamente insegura.

La corrupción, el clientelismo, la politiquería y la narcopolítica campean en nuestro país y agravan aún más estas violaciones a los Derechos Humanos.

Compañeras y compañeros, hoy, a 70 años de vigencia de la Declaración de los Derechos Humanos, venimos a ratificar, a gritar con fuerza, a plantear que el único camino que nos queda es la construcción del Poder Popular para defender nuestros derechos. Poder popular que significa que el pueblo confíe en su organización, en su fuerza.

Construir poder popular para tener la fuerza y la garantía para transformar esta realidad.

Poder popular para tener la confianza que como pueblo podemos dirigir los destinos de nuestro país, hacia un camino que nos lleve a tener la garantía del respeto a los Derechos Humanos individuales y colectivos.

* Dirigente del Partido Paraguay Pyahura (PPP)

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