Municipales: ¿alternancia o cambio?

¡Hay que echar al Partido Colorado como sea! Esa  consigna expresa un  impulso casi reflejo que nos dejó el legado de Alfredo Stroessner en 35 años de tiranía, y del cual no se puede liberar un sector de la ciudadanía que no se percató que la historia también se mueve para los paraguayos, a pesar de nuestro aislamiento sumido en una triste historia política.

Sin embargo, a pesar de los escollos, desatinos y serias desigualdades que siguen en vigencia, al influjo de un contexto regional en proceso de cambio, hay una nueva ciudadanía joven que va evolucionando con avances y retrocesos, y  esa evolución  ha registrado capítulos novísimos en nuestra magra historia política.

En 1991, con la victoria de Carlos Filizzola, por primera vez se producía un cambio de signo político en el poder a través de las urnas para el gobierno de la capital. En el 2008, con Fernando Lugo eso mismo,  pero ya para el gobierno nacional.  Ambos capítulos de nuestra historia política, con grandes dificultades lograron,  sin embargo, avances de cuya significación recién hoy somos conscientes, para prender la idea de que se puede abrigar la esperanza de un proceso de cambio.

Pero  el proceso  tiene marchas y contramarchas. Algunas contramarchas se dieron  (y se pueden seguir dando) por alimentar, en una lógica maniquea, la fantasía de que echando al Partido Colorado abriríamos una real alternativa para el país. Esa confusión de alternancia con alternativa a lo que en el mediano nos llevaría, en cambio, es a la afirmación de la conservación del sistema, cuando la ciudadanía constate que nada cambia, abonando de esa forma  la desesperanza. Ello, si lo que se presenta como “proyecto”, se agota  en sacar a quienes están en el poder  desde hace décadas, sin una perspectiva clara de gestión.

Por eso es fundamental que la ciudadanía constate en verificaciones concretas la posibilidad real de que, como diría Antonio Gramsci, “eso que está muriendo y se niega a morir y todavía no termina de morir, dé lugar a que lo que está naciendo termine de nacer”.

Felizmente el espectáculo al que  estamos asistiendo en el escenario  político actual, en que la degradación al que está llegando la estructura del poder  al pretender metalizar un proyecto electoral; hacer de la gestión estatal un proyecto de inversión,  en lugar de promover la adhesión del conjunto de la población, provoca la exacerbación del rechazo. La imagen de Arnaldo Samaniego es peor que antes de las internas.

El desafío en la coyuntura, por tanto, si se pretende avanzar en el proceso de cambio, es derrumbar lo que está  en vías de extinción, para desarrollar  una gestión  viable y visible basada en un proyecto con rigor desde una administración idónea. Porque si lo que devenga significa más de lo mismo, corremos el riesgo de padecer las nostalgias del pasado.

Es hora de que esto que se da en llamar transición que ya tiene más de dos décadas,  y  que nos presentó capítulos muy ilustrativos para nuestra experiencia, nos vaya acercando a un ordenamiento superior en una nación tan castigada por el caos y el despotismo.

Eso de que hay que unirse para sacar a los colorados del poder es un lugar muy conocido. Todos estamos en condiciones de recordar lo que fue la administración de Martín Burt, cuando la gran mayoría del electorado asunceno se prendió a esa fantasiosa ecuación maniquea que confundió la alternancia con el cambio.

Las matemáticas y la política

Las matemáticas parecen ser una vía fallida para comprender lo político.

En las elecciones generales de 1993,  había dos partidos grandes de oposición  que  presentándose en forma separada,  perdieron ante el Partido Colorado. Y como la suma de sus votos eran superiores a este último, en la siguiente elección  (1998) se unieron y  unidos perdieron.

Ahora se dice que ante la  poderosa estructura del Partido Colorado con tantos dólares del “Presidente de la República” (al decir del mismo Horacio Cartes), sería lamentable que las dos opciones de la oposición no se unan para derrocarlo. Y todos debemos recordar que en las elecciones municipales de 1991 en que ganó Filizzola, había muchos más partidos de oposición en pugna; por ejemplo un PLRA, mucho más consolidado que  ahora, con un candidato de gran trayectoria como Pon Bogado Gondra,  el PRF, con Euclides Acevedo en la plenitud de su carrera política,  y otros partidos menores como el PT, con Mina Feliciangeli como candidata… y ganó Filizzola.

La necesidad de superar la mera alternancia

Hoy la ciudadanía está en la gran oportunidad de dar el paso hacia la instancia de un cambio tal que lapidemos de una vez por todas ese nefasto pasado. Con el deterioro progresivo de la candidatura oficialista, se dan claras condiciones de alcanzar esa instancia, siempre y cuando el proyecto se base en formulaciones alternativas realizables y, sobre todo,  la idoneidad de quien vaya a implementarlo, y no en los efectismos marqueteros apuntalando a una figura famosa, de la procedencia que sea, con tal de lograr la alternancia, es decir, limitarse a sacar al Partido Colorado del poder: una fantasía que, en lugar de reivindicar el futuro, nos haga correr el riesgo de reforzar  la legitimación del pasado.

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