Mongaru por la cultura

Por Blas Britez
Mongaru en guaraní es «dar de comer». Cuando los dedos de una mano se apretujan para rozar sus yemas con los dedos apretados de la mano de otra persona (tal vez como una metáfora de complicidad amistosa ante el «ajuste» también se dice mongaru. Es lo que en la fotografía escenifican el presidente Mario Abdo Benítez (h) y el actor Rafael Rojas Doria.
La imagen tiene una elocuencia especial. El gobierno (para el cual trabajó el padre del presidente durante décadas, al lado de Alfredo Stroessner) ofrece su primera condecoración importante —a solo un mes de su instalación— a una persona ligada al ámbito de la cultura.

La Resolución Nº 42/2018 de la Secretaría Nacional de Cultura declara Tesoro Nacional Vivo a quien a su vez se ha declarado orgulloso stronista.

Más allá de sus aportes al teatro popular, Rojas Doria y su «compadre» César Álvarez Blanco (1927-2003) han encarnado, con particular ejemplaridad, el tipo de arte que propugnó la dictadura: pasatista, reidero, popular solo en el sentido de lo puro e inmutable y, por lo tanto, invariablemente condescendiente con el poder.

No es una casualidad su reconocimiento.
Rojas Doria también está orgulloso de hacer reír a Stroessner, en lo que no deja de haber esa adulonería muy típica de los bufones. Por eso lo reivindicó en el acto de su condecoración.

Hacer mongaru con el hijo del secretario del dictador es un acto de sinceridad también: es, literalmente, dar las gracias a quien te dio de comer.
Foto: Raúl Cañete – Última Hora

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