Lugo y la revolución (in)posible

Lugo no es progresista, menos revolucionario. Es sí un político populista que hábilmente supo aprovechar los cambios que se operaban en América Latina, de un gran ascenso popular encabezado por Hugo Chávez, desde principios de este siglo. El ex obispo se montó en los vientos bolivarianos yemulando el discurso del líder caribeñollegó a la presidencia en el 2008. Su emergencia no es fruto del azar, sino de la historia. Suacceso al poder no puede ser entendido fuera del auge de masas latinoamericano, que hoy sufre un traspiés en algunos países, pero retornará con más fuerza cuando la efímera llama neoliberal se apague. La tendencia continental es de cambio radical, el neoliberalismo es sólo un lapsus, que reapareció por las equivocaciones de la izquierda.

Foto: globedia.com

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Lugo y el cambio subjetivo

Lugo no es sujeto sino factor de cambio, no está en sus planes la transformación social, él simplemente quiere volver al poder.Por una necesidad de supervivencia política,durante su gobierno dio participación a la izquierda, y sin quererloprovocó un cambio en la subjetividad de lasbases populares. A partir del 2008 la gente empezó a creer en el cambio y empezó a creer en la izquierda como alternativa de poder.Esa es la transformación cualitativa que se generó en el país con la derrota del partido colorado, tras 61 años en el poder. Lugo unió políticamente al campo popular, tarea jamás alcanzada por la izquierda,pero la unidad no fue su obra, sino de la situación histórica. Existe un antes y un después para la izquierda. Antes la izquierda era testimonial, ahora es protagonista.

Es sabido que en el Paraguay las condiciones objetivas de miseria, pobreza y desigualdad están dadas hace décadas, pero lo subjetivo fue siempre el factor ausente por la propia debilidad de la izquierda que no supo constituirse en conductora de la lucha de masas que discurrió permanentemente en el espontaneismo. Un eventualtriunfo luguista en el 2018 probablemente volverá a revitalizar la subjetividad hoy adormecida, creando condiciones favorables para la acumulación de fuerzasdel campo popular. Se sentarán las bases subjetivas (que ya se dieron entre el 2008 y 2012), y dependerá de la fuerza política de la izquierda poder transformarlas hacia cambios radicales. La subjetividad, requisito básico para para el cambio, será enriquecida, pero sin la existencia de una organización política que la transforme revolucionariamenteno servirá para nada. Este es el desafío para la izquierda.

Los oportunistas

En un hipotético escenario de un nuevo gobierno luguista los oportunistas de izquierda son lo que tienen mayores chances de posicionarse en el poder tal como ya ocurrió entre el 2008-2012.Larazón es sencilla: son mayoría y con el apoyo de Lugo fácilmente pueden construir su dominacióndesde la burocracia estatal apelando a la coerción y el clientelismo. Pero unadominaciónconstruida sobre la prebenda es ficticia e inexistente. En las elecciones del 2018, éstos,invocandoun discurso radical sólo buscarán acceder a cargos públicosque es su mayor utopía. No obstante, su condición de oportunistas otorga una ventaja adicional a la izquierda: son incapaces de contener un gran movimiento de masas.

El problema del bolivarianismo

El problema fundamental del “Socialismo del Siglo XXI” es que sus actores no supieron conducir el proceso hacia cambios profundos a través de la movilización de masas, la principal herramienta de transformación social.La mayoría de susdirigentes fueron cooptados o directamente corrompidos por la estructura burguesa que permitió el triunfo electoral pero no su alteración como sistema de dominación. Proceso que llevó al sometimiento de los dirigentes y su aislamiento de las bases, que siguen en la espera de nuevos vientos para el salto hacía un verdadero cambio.

El papel de la izquierda

El factor subjetivo_ ausente desde la finalización de la guerra civil del 47_ es la materia prima que la izquierda debería trabajar con creatividad. La subjetividad global se puede convertir en una fuerza incontenible con una vanguardia política que la sepa conducir, estructurandounaorganización de cuadroscon influencia de masas. Las condiciones objetivas están dadas,y probablemente se generarán nuevamente contextos subjetivos favorables en el 2018. Sólo faltará el papel de la vanguardia,que tendrá cinco años para profundizar los cambios.La izquierda deberá convertir la subjetivad en una fuerza de masas, capaz de radicalizar el proceso,sin olvidar quetendrá en contra a los partidos tradicionales, los oportunistas de siempre y Lugo en primer lugar.

 

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