Los suicidios jóvenes y la crisis de lo adultocéntrico en Paraguay

«Los padres no conocen a sus hijos, simplemente.»

Adolescente misionero hablando sobre lo suicida

Por Agustín Barúa Caffarena1

En diferentes ámbitos (en el trabajo clínico diario, en el campo de la investigación, en los intercambios con los medios, en las conversas cotidianas) emerge la asociación de lo suicida con las generaciones jóvenes: juventud, adolescencia y, terriblemente comenzando a aparecer, niñez.

Más allá de centrar el planteo en datos estadísticos2 o de pretender que lo siguiente explique en totalidad el fenómeno, quiero centrar la reflexión en un aspecto del tema: la crisis del adultocentrismo en Paraguay.

¿Què es el adultocentrismo?

Vázquez lo define como una

serie de mecanismos y prácticas desde los cuales se ratifica la subordinación de las personas jóvenes, atribuyéndoles, a estas últimas, una serie de características que los definen siempre como sujetos deficitarios de razón (déficit sustancial), de madurez (déficit cognitivo-evolutivo), de responsabilidad y/o seriedad (déficit moral).


Se expresa en:
. La idea que lo adulto es parámetro para el desarrollo de las generaciones jóvenes. Se valora a estas últimas por lo que “llegarán a ser”, no por lo que ya son.

. La falta de respeto a las generaciones jóvenes en cuanto a personas, a sujetos portadores de necesidades, de derechos, de sentimientos, de diferencia. Hay una tensa relación desigual entre la adultez y las generaciones infantiles, adolescentes y juveniles expresada en la imposición de las visiones adultas.

. La exclusión y discriminación por razones de edad: la desacreditación de lo que hacen, lo que sienten y lo que son las generaciones jóvenes por menor edad y experiencia.

“¡Siéntese!”
La docente Marta López señala que en los colegios nacionales es muy grande el malestar docente con la adolescencia estudiantil porque no quieren “trabajar” que frecuentemente es copiar o repetir lo que se les dice; o que vivencian como “falta de respeto” o “indisciplina” que antes la orden de sentarse respondan “¿Por qué me tengo que sentar?”, sin poder reconocer que todo está centrado en lo adulto.

La artista y educadora Amelí Schneider señala que hay cuatro elementos muy fuertes donde se manifiesta el adultocentrismo respecto a la niñez: el espacio público (no tienen lugares seguros para correr, importan mucho más lo baches que las plazas pues está pensado para lo adulto, y sobre todo para varones adultos), la economía (niñez solo como consumidora y no como sujeto), el tiempo (estructuramos sus vidas con nuestros códigos adultos: por ejemplo la escuela está creada según las necesidades adultas como el trabajo, y no desde lo infantil y la adolescencia quienes no toman decisiones) y la calidad de todo (por ejemplo, la ignorancia de los afectos y el híper racionalismo tiene que ver con lo adultocéntrico).
Hablar en Paraguay de la crisis de lo adultocéntrico no sugiere su agotamiento. Más bien nos señalaría que seguir construyendo nuestra adultez y nuestras relaciones intergeneracionales desde ese lugar es cada vez más dificultoso e implica un costo cada vez más alto.

“¡Macanada la eréa3!”
En una investigación en curso4, desde una voz adulta salía la expresión “macanada” para nombrar todo lo que no sean éxitos académicos… ¿Qué de la complejidad de los mundos adolescentes es lo inescuchable por el mundo adulto?

“Atendeme pues cuando te hablo”, “Cumplí tus deberes”, “Hacé lo que te digo”, “Estás castigado sin celular”, “No podés salir más”, “Nunca más le vas a ver a ese”, y sigue. La escalada de reproches y puniciones va avanzando y uno de los corolarios de esta conflictividad intergeneracional in crescendo pareciera ser los suicidios juveniles.

Son muy llamativas la desesperación y la impotencia percibidas en esta adultez que no logra ni imponer sus valores, ni reflexionar sobre su propio lugar en tanto adulto, lugar entendido como necesaria, permanente e indiscutiblemente “superior”. Lugar sometido a la presión de sus pares (“Sos demasiado flojo”) o a la propia culpabilización (“Soy una mala madre”).

Sexualidad y drogas (lícitas e ilícitas) son de alta conflictividad. Pero también las vestimentas, las amistades, los celulares, los horarios, las actividades: la mirada adultocéntrica construye prácticamente cualquier tema desde el riesgo y la peligrosidad, sin posibilidad de diálogo e interlocución. Es la policialización de lo adulto.

La educadora feminista Elena Riquelme decía que en la post dictadura (1989) se reconoció que “la infancia tiene derechos” pero adosado al “pero también obligaciones”, un respeto que perdura mientras no falten a la obediencia de lo adulto.

En el caso nacional pareciera haber un faltante histórico con la idea de la libertad.
Aquí, esa noción tan central y cara a lo humano, queda obturada por otra de uso común condenatorio: Libertinaje. Es la expresión que censura toda posibilidad de lo igualitario; al aparecer en la conversación, se extingue toda posibilidad de encuentro, nos condena a un extenuante enfrentamiento cotidiano donde el no reconocimiento, el distanciamiento y los malestares (enojo, rabia, desconfianza, sin sentido, rencor, entre otros) serán el día a día.

¿Sólo nos queda seguir yendo a sus velorios?

Quizás no. Desgraciadamente sólo quizás. El desafío para las generaciones adultas pareciera ser demasiado desestructurante, demasiado confuso.

Tal vez si pudiéramos hacer un alto a nuestras urgencias, desde el sogüé pochy5 hasta los celos, pudiéramos reconocer y reconocernos en esta crisis.

Algunas sugerencias para repensar nuestras posturas adultocéntricas, son:
. Antes de descalificar sus gustos y preferencias, reflexionar que no sólo tienen derecho a ser diferentes, sino que tanto es necesario que lo sean para poder vivir la época que les toca vivir, como es inevitable que lo sean pues son otras personas y no una extensión nuestra.

. Generar prácticas de escucha más abiertas, flexibles y cotidianas. Implica poner en discusión nuestras certezas y valores, esos que todo el tiempo (vanamente) pretendemos imponer y que nostálgicamente suspiramos con el “se están perdiendo los valores en los jóvenes”.

. Generemos una vida con la suficiente pausa como para poder ir más allá de sus reacciones que tanto molestan habitualmente y poder preguntar genuinamente “¿Cómo estás?”.

. Tener como valor central que no pierdan la confianza en la adultez. Construir día a día esta oferta: “Aunque no esté de acuerdo quiero que encuentres en mí a alguien que no te va juzgar y que va a intentar pensar con vos lo que sea”.
No generemos aún más soledad, no promovamos más sus aislamientos, sus despedidas.

. Preguntarnos que nos pasa que nos cuesta tanto reconocerles aspectos positivos.

. Oír como alarmas gigantes que desvaloricemos a las generaciones jóvenes con comentarios o posturas a lo “No valés nada”.

. Evaluar si detrás del argumento del riesgo para toda censura, no se esconden nuestras propias rigideces, nuestras propias entristecidas y aburridas vidas, nuestra dificultad para admitir nuestro no saber y para dejarnos enseñar cosas nuevas.

“El silencio no es nuestro idioma» «UNA no te calles”…

Ahí ya están sus masivas voces. Los movimientos adolescentes y juveniles estudiantiles paraguayos son algunos de los recientes emergentes de esa sociedad nueva que ya existe y que esos colectivos encarnan.
Vale repetirlo: No nos sirve culpabilizar a lo adulto pero si pareciera que nos toca redefinir nuestras preguntas, por ejemplo: ¿Podremos “desburrizar” nuestra mirada sobre lo joven? Decía en una entrevista Schneider

¿Cómo es un niño? Auténtico, honesto, transparente; vive el presente, tiene alegría de vivir, lucha por lo que quiere, se sorprende, es creativo en cada momento, inocente y lo tratan como “burro”: Te interpela todo el mundo que soñás.

Cambiemos una crianza que jerarquiza la sumisión, que entiende la diferencia de edad como argumento para la esclavitud.

Bibliografía

. Barúa, A. (2016). ¿Lo suicida como espejo comunitario?: Repensando muertes en la ciudad de Pilar. Revista de Investigación en Ciencias Sociales, 3(6), 79-106.

. Barúa, A., Martínez, A., Campias, M., Muñoz, C., Lampert, N., Comelli, N. (En proceso de publicación). “A la noche el vecino socializa su alegría: Conversando sobre el derecho a la diversión en la ciudad de Pilar”.
. Vázquez, J. (2013). Adultocentrismo y juventud. Aproximaciones foucaulteanas. En: Revista Sophia: Colección de Filosofía de la Educación. N 15. Quito: Editorial universitaria Abya Ayala.

. UNICEF. (2013). Superando el adultocentrismo. Santiago de Chile.

1 Psiquiatra de Atención Primaria de Salud. Antropólogo social. Integrante de ALAMES Paraguay, del Colectivo Noimbai y de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría. Investigador y docente de la Universidad Nacional de Pilar.

2 Tercera causa de muerte violenta en Paraguay. 74,4% de suicidios en el país se da entre jóvenes de 18 a 29 años (Estadísticas de la Policía Nacional del Paraguay, 2018).

3 Guaraní, lo que decís.

4 Barúa, A., Muñoz, M. (En curso) “Los adultos quieren que nos comportemos como adultos, y nos tratan como niños”: Conversaciones sobre intergeneracionalidad y adultocentrismo en una institución educativa de Ñeembucú. Facultad de Ciencias, Tecnologías y Arte – Universidad Nacional de Pilar.

5 Guaraní, enojo por pobreza.

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