Los cuatro jinetes del apocalipsis y la reforma del Estado

Por Javier Alvarenga

«Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte y el Hades lo seguía: y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra». Apocalipsis 6, 7-8.

En el libro del Apocalipsis, específicamente en el sexto capítulo, la Biblia hace referencia a la aparición de cuatro caballos que llegarán cronológicamente en el fin de los días. El primero representa la conquista; el segundo, la guerra; el tercero, el hambre; y el último representa la muerte. El ejemplo bíblico alude a un escenario apocalíptico; igual a lo que transmiten los medios masivos de comunicación con el bombardeo de información monotemática durante la pandemia: sólo se habla de muertos, aislamientos, gente “irresponsable”, confinamientos, problemas económicos, afectivos, entre otros.

¿Cuál es la intención de difundir específicamente esas noticias? Algunos apuntan que con ello se busca “generar conciencia” en la población para alcanzar un alto acatamiento al aislamiento social. Puede que esto sea tan cierto como las terribles noticias que acontecen en el mundo. Sin embargo, mientras estamos shockeados con ese mar de información negativa, otros están muy concentrados en aprovechar la situación. Esto se puede observar entre líneas en algunas noticias que pasan desapercibidas. No hablamos precisamente de los saqueadores de siempre que amañan licitaciones para ganar dinero. Esos están en otro círculo del infierno dantesco. Estamos hablando de otros pintorescos personajes de traje que aparecieron en la década de los años 70, con Milton Friedman a la cabeza, y sus seguidores de la escuela de Chicago.

Naomi Klein, en su amplio material La doctrina del shock, desarrolla varios ejemplos de cómo este grupo de economistas aprovechó situaciones de crisis como el huracán Katrina o el Tsunami de Indonesia, o las propias dictaduras militares de Argentina y Chile, para trabajar sobre modelos económicos nuevos que beneficiarán a pequeños grupos y oligopolios. Mientras la población se encontraba inmóvil, producto del shock, el terror, la angustia y el miedo que se experimentan durante fuertes crisis, ellos hicieron su trabajo.

Decía Milton Friedman luego del huracán Katrina en los EE. UU. que, en lugar de gastar millones de dólares en la reconstrucción de las escuelas, el Gobierno debería entregar cheques escolares a las familias para que estas pudieran dirigirse a escuelas privadas, subsidiando así también a estas para que pudieran aceptar más alumnos. Para Friedman era esencial que las reformas fueran “permanentes” y no solo un mero parche, algo que hemos escuchado también de manera reiterada en Paraguay, en el marco de la crisis ocasionada por la pandemia.

El planteo coherente —surgido hace unas semanas— consiste, por un lado, en la reducción de los groseros beneficios de altos funcionarios del sector público —quienes en muchos casos, accedieron a esos espacios sin habérselos ganado—. Por otro lado, aprovechando dicha propuesta, reconocidos defensores del liberalismo plantean “achicar el Estado” para echar gente de sus puestos de trabajo, exonerar de impuestos a sectores poderosos en nuestra economía, privatizar entidades públicas y utilizar los fondos jubilatorios.

Ante esto, es importante destacar dos cosas. La primera es que la epidemia dejó al desnudo la vulnerabilidad en la que se encuentra nuestra población, con un sistema de salud más que precario (que tuvo que ser equipado a medias y en un tiempo récord para paliar la crisis) y un sistema de protección social casi nulo. Lo otro necesario de destacar es que Paraguay ya cuenta con experiencia sobre esas medidas propuestas por los exponentes del liberalismo. Algunos conocidos ejemplos son las privatizaciones de Acepar y el transporte público, así como contar con la carga tributaria más baja de la región.

Cuando al inicio del artículo se mencionó a los cuatro jinetes del Apocalipsis, faltó repasar que los dos primeros traen falsas promesas y luego guerras. Los dos segundos, hambre y muerte. Estos jinetes hoy cabalgan en medio de la crisis tratando de aprovechar el shock, con falsas promesas de cambios radicales luego de la pandemia, pero que en el fondo solo traerán hambre y muertes.

A la luz de los hechos, la necesidad del Paraguay es la opuesta a lo que proponen desde ese sector del liberalismo. Se necesita un Estado más eficiente, pero mejor equipado, no solo en infraestructura, sino también en funcionarios calificados en áreas como Salud, Niñez, Educación y Servicios sociales. No permitamos que, en medio de la angustia, los jinetes del desastre aprovechen nuestra distracción para generar cambios solo en beneficio de unos pocos, trayendo más hambre y muerte para las mayorías.

 

 

 

Comentarios

Sin comentarios

Déjanos tu opinión