Lo que vivimos este domingo de votaciones en mi casa

Por Agustín Barúa Caffarena

Este domingo fue muy duro en Asunción. En medio de la feroz pregunta de cómo entender los resultados de estas votaciones, comparto algo que vivimos ese día en mi casa.

Vivo frente a una seccional colorada. Aproximadamente a las 9:45 de la mañana, estaba a punto de ir a votar a la escuela Mallorquín, cuando le digo a mi madre “esperame un rato, voto y vuelvo, luego te acompaño a votar“.

A las 10:45 la encuentro con su dedo entintado casi hasta el final.

“Vino Chyntia de la seccional.. no la conozco… me llevó en auto.. me sentó en un lugar.. me dijo que no hacía falta que vote…”.

Mi madre tiene 78 años, un duelo muy abierto aun por la muerte de mi padre y las fragilidades de la edad: ¿Quién puede aprovecharse de un momento así?, ¿Quién daña la confianza en los vínculos de vecindad para quien vive enfrente a una seccional?

No sobrevaloro esta mísera participación quinquenal que ofrece esta mafiodemocradura pero ¿Quién puede sacarle quizás su último voto a una persona?

En la semana previa mi madre (afiliada de joven al Partido Colorado) había dicho entusiastamente en una conversación sobre nuestros votos “¡Yo no le voy a votar a los colorados!”. Para personas que vivieron toda la dictadura: ¿cuánto valor tiene rebelarse, aunque sea al final de sus días, a terrores, carguitos y humillaciones varias de las que este partido acostumbra producir?

Las personas de la 3ra y 4ta edad en Paraguay son, en general y seguro con excepciones, un grupo enormemente vulnerabilizado.

¿A cuántas personas contemporáneas de mi madre les pasará estas y peores cosas y jamás nos enteramos? Esta denuncia va por ellas, y por Clotilde; dudé si subirla a las redes pero ellas son mi razón para hacerlo.

No sé quién es la persona que se llevó a mi madre este domingo, ella tampoco sabe.
No creo aporte denunciar esto por vías formales.
Tampoco voy a buscar en el timbre con cámara y memoria la imagen grabada de esta persona.
Pero si que estamos muy mal si hay gente que se permite hacer este tipo de cosas como si nada.

El mensaje último me parece es: «No valen nada. Hacemos lo que queremos. Somos tus dueños».
Y encima, les votamos.

 

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