Lo que quedó del estronismo 60 años después

Análisis.

Alfredo Stroessner y Augusto Pinochet. Foto: Elmercuriodigital.net

Diversas actividades están siendo realizadas para recordar el golpe de estado del 4 de mayo de 1954 que dio inicio a la larga dictadura del general Alfredo Stroessner. Sesenta años después de aquel evento y a veinticinco años del otro golpe de estado, por el que en 1989 sus socios del poder lo destituyeron e iniciaron una transición democrática, nuestra historiografía se ha detenido poco en algunos temas fundamentales. Vamos a destacar tres.

Falta una historia de la ANR (Asociación Nacional Republicana) – Partido Colorado. El golpe del 54 fue de colorados contra colorados. Acto seguido Stroessner persiguió a dirigentes del partido, a comenzar por uno de sus principales líderes, Epifanio Mendez Fleitas, a quien expulsó del país en 1955, sin que ningún colorado esbozara resistencia, ni siquiera los que lo seguían hasta ese entonces. En 1958 y 1959 reprimió y exilió masivamente a los sectores que no le rindieron pleitesía, clausurando el Congreso de la Nación con una composición exclusivamente colorada, sin que hubiera ninguna crisis de conciencia en la dirigencia que se quedaba.

Esos sectores formaron en el exilio el Movimiento Popular Colorado (MOPOCO). Posteriormente apresó, torturó, asesinó e hizo desaparecer a dirigentes colorados de peso. El partido continuo bovinamente adherido al régimen. Cuando cayó Stroessner en 1989, a manos de militares colorados (que proclamaron haber dado el golpe para defender “la unidad plena y total del coloradismo en el gobierno…”[1]) los sobrevivientes de las persecuciones de las tres décadas y media volvieron al Partido sin que se hayan oído autocríticas de la conducción, al punto que posteriormente no hubo problemas en que la Junta de Gobierno de la ANR rindiera homenajes al ex-dictador.

Falta también una historia de la oposición política a la dictadura stronista, sobretodo de los años 1960.  Porque lo llamativo de ese período es que Stroessner no cedió ningún espacio democrático a las oposiciones (siquiera a las de centro y centro-derecha) y sin embargo el Partido Liberal (PL), el Partido Liberal Radical (PLR, después PLRA) y el Partido Revolucionario Febrerista (PRF) aceptaron participar de la farsa de la Constituyente de 1967 que ayudó a lavar a nivel internacional la imagen de la dictadura. Como recordó Carlos Perez Cáceres en reciente artículo: “Mientras se debatía en la Asamblea  Nacional Constituyente en 1967,  a pocos metros del Teatro Municipal, muchos presos políticos seguían siendo torturados al son de los largos y sonoros discursos de los constituyentes” [2].

 

Falta una historia de la transición de la dictadura estronista a la democracia de manos del general Rodríguez.  Es impresionante como las fuerzas dictatoriales transmutadas en democráticas controlaron todo el proceso.  Es espantoso ver como un régimen carente de legitimidad y bajo la presión de las luchas populares que fueron creciendo a lo largo de la segunda mitad de los ’80, resultó tan rápidamente en democracia controlada. Primero, cuando Rodríguez  “completa” el período de Stroessner. Segundo, cuando la “transición” se da exclusivamente entre exstronistas (con los bienes de unos siendo confiscados por otros), con el partido de la dictadura transformado en partido democrático,  con todos los bienes malhabidos por el partido y sus principales dirigentes sin ser contestados, con todo el aparato estatal remaneciente completamente dominado por sus dirigentes, etc.  Coronó todo el proceso el que en 1993 en la interna colorada Luis María Argaña, el líder de ese partido que fungía como representante de la tradición civilista – que en realidad no tuvieron en todo el período – perdiera por fraude y posteriormente en 1999 fuera asesinado.

Falta mucha historia política para explicar los últimos sesenta años. De nuestra parte consideramos que un factor (no el único, aunque entre los principales) que puede ayudar a explicar esos tres aspectos de la historia política paraguaya sea el anticomunismo que estaba a flor de piel en los partidos de derecha, centro y centro-izquierda del país, postura ideológica que nada más era que un miedo a las clases populares organizadas autónomamente. Porque el pueblo que no era reprimido era el pueblo sometido a las estructuras de clientela del partido Colorado.
Ese anticomunismo, con el pasar de la Guerra Fría, cuando acabó la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en 1991, mostró su verdadera cara con el temor a las clases populares que continua hoy en la política paraguaya. Temor que se expresó en la unanimidad golpista de todos los sectores colorados, oviedistas, liberales (3) y patriaqueridistas el 22 de Junio del 2012.
Notas
[3] Es justicia reconocer que entre los parlamentarios liberales no participaron de esa unanimidad Luis A. Wagner (senador), Victor Ríos y José Paková Ledesma (diputados).

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