Lo que está detrás del conflicto entre China y EEUU es el dominio tecnológico y económico del mundo

Por Alberto Alderete

Lo que se esconde detrás de la disputaentre Estados Unidos y China es la amenaza que ve Estados Unidos de perder su posición de superpotencia hegemónica, ante el vertiginoso desarrollo económico y tecnológico chino, su rol protagónico en los organismos internacionales, así como su influencia en Asia Pacífico y otras regiones.

Estados Unidos ha intentado contener este rápido ascenso de su poder a nivel global, a través de políticas como la guerra comercial, la prohibición a la tecnológica Huawei con el pretexto de la competencia desleal y la seguridad nacional, o a través de la retórica como «China es nuestro enemigo, “ellos nos quieren destruir», “China le ha quitado puestos de trabajo a los estadounidenses” (Trump), y en la primera conferencia de prensa en la casa blanca realizada el 25 de marzo pasado por el presidente Joe Biden que decía que, “El objetivo de China es convertirse en el país líder, más rico y más poderoso del mundo” pero que no permitirá que eso ocurra durante su mandato. Estas son batallas bajo las cuales subyace la contienda por el dominio económico, tecnológico y geopolítico del mundo.

En el 2028 China será la primera economía del mundo

Según estimaciones del Banco Mundial (BM), China desplazará a los Estados Unidos como primera economía del mundo en el 2028, dos años antes de lo previsto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), y ya ha superado a la Euro Zona (Unión Europea) como segunda economía mundial. El país pasó de ser un 2,3% de la economía mundial en 1980 a un 17,4% en 2019. Sin embargo, en el 2019, Estados Unidos ocupaba el segundo puesto en el Indice de Competitividad Global elaborado por el Foro Económico Mundial, por debajo de Singapur y por encima de Hong Kong, mientras que china estaba en el puesto número 28. Este índice mide la mayor productividad y más eficiencia gubernamental y empresarial.

Aspectos sociales de China y EEUU

Pero pese al crecimiento económico, un ciudadano chino promedio es mucho más pobre que un estadounidense promedio. En el 2020 el presidente de la República Popular China Xi Jinping anunció que China erradicó la extrema pobreza, aunque la pobreza sigue afectando a 25 millones de 1.400 millones de personas (1,8 %). En Estados Unidos en el 2017 la cantidad de pobres era de 40 millones de personas de un total de 328 millones de habitantes (12,1 %), y la pobreza extrema de 18,5 millones (5,6 %), y 5,3 millones (1,6 %) vivían en condiciones de pobreza extrema propias del tercer mundo, según Philip Alston, relator de la ONU sobre pobreza extrema. Se exponen estos datos porque el Producto Interno Bruto (PBI) por el cual se mide el crecimiento económico, no muestra otras dimensiones económicas y sociales de un país.

Los cuestionamientos de EEUU a China

-Balanza comercial negativa: En el 2017 China tenía una participación en promedio de 46.09%, en los últimos cinco años, en el déficit total de Estados Unidos, esto es debido a que China tiene incidencia en el 21% de las importaciones estadounidenses totales, pero solo en el 7.9% de las exportaciones totales, lo que resulta en un déficit comercial para Estados Unidos de US$ 1, 849, 696, 741,000.

Como buen populista que es, Donald Trump planteó soluciones simples y fáciles a problemas complejos. Para reducir el tamaño del déficit comercial, dictó medidas proteccionistas elevando los aranceles a los productos chinos lo que teóricamente aumentaría los precios de los productos chinos importados, lo cual favorecería la demanda hacia la producción local. Pero con esa medida la demanda podría desviarse hacia productos de otros países si son más competitivos; el aumento de los aranceles implicaría el aumento de los componentes tecnológicos e industriales importados lo que subiría el costo y el precio final de los productos locales y, el proteccionismo iría en contra de la competitividad de los productos norteamericanos.

Cuando se descubrió que las políticas proteccionistas de Trump no eran la solución sino una mentira, Trump ya había creado otra mentira: repatriar las cadenas de producción estadounidenses de China a Estados Unidos, para que los trabajadores tengan empleo y “América vuelva a ser grande”.

Repatriación de las empresas norteamericanas a su país: las empresas norteamericanas de China no regresarían a E.E.U.U. sino que irían a México, India o Vietnam, buscando mejores costos laborales; en Estados Unidos las empresas reducirían sustancialmente sus beneficios y desmontar las empresas y fábricas y trasladarlos a EEUU, sería un proceso costoso y arduo, casi imposible. Pero cuando se descubrió que ésta también era una mentira, Trump ya había empezado la siguiente mentira.

El gobierno de Trump ha diseñado también otras medidas: que China ponga fin a la sobreproducción en sectores como aluminio, acero y cementos; detener y frustrar a China en la carrera tecnológica; el respeto de China por los derechos de propiedad intelectual; la apertura del mercado chino a los automóviles y servicios financieros norteamericanos; que abra su mercado de compras públicas a empresas norteamericanas y que las autoridades chinas no discriminen en contra de empresas extranjeras a través de regulaciones discriminatorias. Donald Trump no cumplió con ninguno de estos planes, pero como su objetivo nunca fue el abordaje serio y la formulación de soluciones factibles y razonales, sino mantener encantada a su base electoral republicana, él ya había cumplido su objetivo y estaba feliz.

El nuevo gobierno de Biden

El nuevo gobierno de Joe Biden mantendrá con China el mismo tono de Trump en el plano político, pero en el plano económico y comercial aún no ha dado a conocer planes. En lo político mantiene la retórica, que con mucha razón acusa a China de anti democrática, dictatorial, régimen de partido único y de violaciones a los derechos humanos, aunque en ésta última, Estados Unidos sabe que ha perdido mucha autoridad moral y China lo sabe, por lo que buscará el apoyo de Europa para denunciar a China.

Estados Unidos sólo ha suscrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) de la ONU con reservas, y no ha suscrito ni ratificado el Estatuto de Roma, por lo que no reconoce la competencia del Tribunal Penal Internacional (TPI) de la ONU; no ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) de la ONU; no ha suscrito ni ratificado la Convención Americana Sobre Derechos Humanos de la OEA, por lo que no reconoce la competencia de la Comisión ni de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; en el 2018 ha denunciado (renunciado) del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, aunque en enero de este año, el gobierno de Joe Biden volvió al mismo. Luego están las torturas llamadas “waterboarding” o ahogamiento simulado hechos por la CIA como técnica de interrogatorio; torturas horrorosas en la prisión de Abu Ghraib en Irak en el 2003, los presos de Guantánamo, etc.

En el 2017 declaraba Trump: «He estado hablando con la gente en los niveles más altos de inteligencia y les he planteado la pregunta: ¿funciona de verdad la tortura? Y la respuesta fue: Sí, absolutamente». En los últimos años, EEUU ha perdido mucha autoridad en derechos humanos. Desde 1977, por mandato del Congreso de los Estados Unidos, el Departamento de Estado publica anualmente un Informe Sobre Derechos Humanos a nivel mundial y americano. En el pasado, este informe era considerado por los estados, y era dada a publicidad con gran impacto por los medios de comunicación. Actualmente sigue la publicación, pero ya nadie le hace caso, ni los estados, ni la prensa ni los políticos.

Los derechos humanos, un flanco débil de China

China, sólo ha suscrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) de la ONU y es uno de los 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, elegidos por la Asamblea General, pero después no ha firmado ni es Parte de ninguno de los Pactos Internacionales de Derechos Humanos ni del Tribunal Penal Internacional, y su régimen político dictatorial, así como sus violaciones sistemáticas a los derechos humanos son flancos permanentes de denuncias por parte de las organizaciones de la sociedad civil de derechos humanos como Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW), así como por estados como Estados Unidos, los países europeos y de la misma ONU. Ciertamente, estas denuncias y presiones no tienen un efecto ni cambiará las relaciones económicas y los acuerdos comerciales de China con el mundo, aunque a largo plazo, sí podría restarle cierta influencia en algunos temas en los organismos internacionales.

El caso más reciente es la denuncia del Reino Unido, Francia, Canadá, Estados Unidos y de la ONU, de violaciones a los derechos humanos por parte de China de la etnia musulmana de los Uiries, de raíces turcas, que componen una población de 13 millones de personas de 25 millones que tiene la región autónoma de XinJiang. Según la denuncia, China mantiene en un campo de detenidos en forma ilegal a miles de personas de esta minoría étnica, sometiéndolas a adoctrinamiento forzoso para que negaran su religión y su propia cultura (el gobierno podría temer un intento separatista a largo plazo). China niega alegando que son centros de educación vocacional y adiestramiento. Pero si fuera cierta la existencia de este centro de “reeducación”, sería un lamentable resabio stalinista que nos recuerda a los tristemente célebres gulags soviéticos.

Las relaciones de China con la Unión Europea son distintas

En marzo del 2019, la Unión Europea dio a conocer el documento “UE-China: una perspectiva estratégica”, que declara que la Unión Europea considera a China como un socio en distintas áreas de cooperación y negociación, aunque también un rival sistémico. Este último se refiere entre otros a los derechos humanos y al respeto a las reglas y demás instrumentos internacionales.

Made in China

“Made in China” es un plan estratégico presentado por el gobierno chino en el 2015, cuyo objetivo es el dejar de ser la fábrica de bienes y productos baratos y de baja calidad para pasar a producir bienes de alta tecnología como los aeroespaciales, semi conductores, industria farmacéutica, automotriz, informática y robótica. Se propone lograr la autonomía de los proveedores extranjeros para esos bienes y servicios produciéndolos en el país para convertirlas en un centro más intensivo en tecnología.

El Plan tiene tres fases. En la primera, del año 2015 al año 2025, pretende estar entre las potencias manufactureras globales. En la segunda, de 2026 a 2035, se propone colocarse en un nivel medio en cuanto a poder manufacturero mundial, y en la tercera fase, de 2036 a 2049, año en que la República Popular celebrará su centenario, China desea convertirse en el país manufacturero líder del mundo. Es este Plan el que ha alarmado a los Estados Unidos, que ven claramente una amenaza a perder su hegemonía mundial y ser reemplazado por China.

Las inversiones en investigación, desarrollo, ciencia y tecnología

Las crecientes inversiones en investigación y desarrollo, han permitido grandes avances en la tecnología, en la ciencia y en la industria china. En este país se gradúan cada año más de 10 mil doctores en ingeniería y cerca de 500 mil licenciados en ingeniería; es el país que más artículos científicos publica y el que tiene el mayor número de patentes, las computadoras chinas se consideran las más avanzadas en el mundo, nueve de las diez mayores empresas de energía eólica del mundo son chinas; produce más del 50 % del acero producido en el mundo, en el 2020 se convirtió en el segundo mayor fabricante de armas del mundo; lanzó en el 2019 la primera nave espacial que aterrizó en el lado opuesto a la luna; es líder en la industria de drones, con el 70 % del mercado mundial; tiene el plan de aumentar las inversiones en investigación aplicada en un 7 % cada año y en investigación básica en un 10 % en los próximos años. Algunas de las áreas prioritarias serán la genética, biotecnología, neurociencia, inteligencia artificial, información cuántica, y semiconductores entre otros.

China ya fue en el pasado la primera economía del mundo

Desde el año 1500 hasta el siglo XIX China fue la primera economía del mundo, dice Jordi Singla, economista de Caixa Bank Research en un análisis publicado por dicho banco. Según la publicación, “China fue la primera economía del mundo en buena parte del tiempo transcurrido desde el inicio de la dinastía Shang, alrededor del 1.500 A.C. hasta los inicios del siglo XIX. La guerra del opio (1842), el atraso tecnológico respecto a Occidente y el turbulento fin de la era imperial (1911) supusieron un cataclismo que duró hasta mediados del siglo XX”

La estrategia china

“El arte de la guerra” es un texto clásico en la cultura china sobre tácticas y estrategias militares, pero también en el uso de la diplomacia y el conocimiento psicológico para lograr una victoria, evitando el conflicto directo. Su autor fue el general Sun Tzu y data del siglo V A.C. El texto es un manual básico aplicado a los conocimientos modernos que utilizan los dirigentes políticos chinos y en toda Asia, y ha incidido en las ideas militares tanto orientales como occidentales como Mao Tse Tung, Nicolás Maquiavelo y Napoleón entre otros. Henry Kissinger lo ha estudiado para conocer el pensamiento y las acciones de los diplomáticos chinos. Se usa también en tácticas de negocios, y defensa legal, entre otros.

Algunos de sus principios son: fingir incapacidad de combate, aparentar operación defensiva u ofensiva cuando se busca lo contrario, conocer las fortalezas y debilidades del enemigo, atacar en tiempos y lugares inesperados, desorientar la estrategia del adversario, frustrar su diplomacia, recurrir al ataque frontal sólo como última opción. Haciendo un vínculo entre la diplomacia y la guerra, mediante la batalla prolongada con ventajas relativas y acumulativas, usando la flexibilidad estratégica, buscar el logro de la victoria por medios psicológicos, evitando el conflicto directo: “la superioridad definitiva es derrotar al adversario sin librar batallas” Esta es la milenaria cultura china aplicada a los conocimientos modernos en sus relaciones internacionales y en sus negociaciones.

La estrategia de Donald Trump

La estrategia que ha utilizado el ex presidente Donal Trump tanto en sus relaciones internacionales como en las negociaciones con China, ha sido, con su acostumbrado estilo afectado y teatral, la de amenazar y golpear previamente al adversario, buscando debilitarlo, de forma que cuando se siente a negociar, ya esté vulnerable, lo que permitiría obtener los logros propuestos. La estrategia fue aprendida de sus tratos con contratistas, socios comerciales y empresarios bribones y hábiles como él, y le resultó exitoso en sus negocios particulares. Pero China dejó bien claro que no se dejará intimidar y que no retrocederá ante las presiones. En su edición del 30 de mayo del 2019, The Global Times, un diario que usualmente refleja la línea del gobierno chino, decía: “China está preparada para una batalla comercial a largo plazo con Estados Unidos”.

El problema es tan complejo porque la globalización ha producido la integración total de las economías de EEUU, Europa, China, Japón y el resto del mundo, en cadenas globales de producción y comercialización, que resultaría casi imposible desintegrarla. China es el mayor acreedor de Estados Unidos y nada menos que el mayor tenedor soberano de deuda pública estadounidense con un total de 1,12 billones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos en cartera. Pero atendiendo a su astuta como paciente estrategia, China no utilizará esta carta escondida bajo la manga si se acentúa el conflicto, vendiendo masivamente los bonos porque, si bien desencadenaría el pánico en los mercados de bonos y desequilibraría la economía norteamericana, también perjudicaría a la economía China y sería un mensaje de alarma para la inversión extranjera. En la estrategia de Pekín, el enfrentamiento directo y frontal con el adversario no debe ser la primera medida sino la última.

Conclusión

Es claro que el conflicto Chino-Norteamericano esconde la lucha por la hegemonía económica y tecnológica mundial. Hasta ahora, Estados Unidos parece impotente ante el crecimiento vertiginoso, los posicionamientos de poder global y el claro objetivo de China de avanzar a largo plazo hasta lograr el dominio del mundo. Aún es impredecible hacia dónde puede conducir el conflicto: EEUU se puede resignar a que China avance hacia sus objetivos, lo que es improbable; puede desencadenar una guerra fría y el aislamiento entre dos bloques de potencias desarticulando la globalización; Puede desembocar en una escaramuza bélica, lo que es poco probable, o que EEUU retome su liderazgo económico mediante estrategias que impongan reglas a sus empresas del exterior, combinadas con su capacidad de altos niveles de competitividad. Ningunas de las soluciones serán simples y fáciles, sino profundas y traumáticas. Si a China no se le detiene, en unas décadas podría ser la primera potencia hegemónica mundial.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

.
Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.

.