Lluvia

Por Agustín Barúa

Son días en que uno se pasa mirando el cielo. “Se está nublando otra vez… Kóre, llueve… ¿Hasta cuándo lo que va seguir?…”.

En Asunción, los bañados representan siempre una interpelante interrogante sobre cómo pensamos la sociedad, para simplificarlo, decirlo en dos extremos: o entendemos que la vida de lxs otrxs no tienen que ver con nosotrxs, que cada quien está así porque quiere y por tanto se merece lo que le pasa; o entendemos que nuestras vidas están relacionadas, que todxs somos en alguna medida responsables unxs de otrxs, y que hay privilegios y desigualdades enormes, antiguos y múltiples que condicionan la existencia.

Para esto, quizás sirva oír sus voces, voces bañadenses.

En la plaza

Nos citamos en la Plaza de la Justicia. Es sábado de mañana, solo un portón está abierto, el resto pura cosa cerrada y reja. Un policía en la puerta explica “Siempre abrimos un solo portón”.

Ellas van llegando: Carol (38), Ilda (46), Gaby (47), Cynthia (38). Todas agentas comunitarias de los equipos de Atención Primaria de Salud del bañado Tacumbú, todas activistas de la organización vecinal CAMSAT (Centro de Ayuda Mutua Salud para Todos), todas viven en el bañado, todas desplazadas por la inundación.

Nos sentamos en círculo bajo un mango, rodeado de huellas de frutas caídas; el policía se acerca apurado y pregunta “¿Qué van a hacer?”, pienso si cuándo acabará la dictadura…

Sus palabras

. Del salir: “200.000 el flete”, “pusieron sus animales todos juntos sobre pallets y tambores”, “hicieron un sobrado y ahí está toda la familia”.

. Del humor: “Ya no es ‘la isla’, ahora es ‘Venecia’ (risas)”, dicen que ya no hay tierra seca, riendo. Pensar las risas bañadenses en contexto de inundación merece más que respeto.

. De los campamentos: “Lo difícil son los baños”, remarcan hablando de las carencias en el día a día de los refugios.

. De los conflictos dentro de los bañados: “La gente que siempre nos machacaba, nos discriminaba (‘estos del fondo, estos del bajo’), y ahora: pidiendo materiales, tierra”, “Yo no me suelo alegrar de la desgracia ajena, pero una vez una dijo como hablándome a mí ‘Erekena hi auto ouseva oñongatu pe cancha de voleipe. Emma ni omoinge pype la hiauto kuéra, ore ro jugata volei ko ka’arupe. Che kuerairo umi fondogua ouva oñembo hova atã ko’ápe barrio ajenope‘, y después se le inundó la cancha de volley, no de agua… ¡de cloaca!, y me alegré”.

. Del acompañamiento estatal: Si bien reconocen que con el actual comandante del R.I 14 los tratos son más respetuosos (“Los otros, imposible, no les importaba nada. Ese Díaz, no sé por qué le dije ‘derechos humanos’, dice él ‘Acá no hay derechos humanos, acá se hace lo que se ordena’”), aclaran que “[a los soldaditos] se les descompone todas las manos, ellos son los que limpian el refugio (….). No les voy a mandar [al servicio militar] a mis hijos, demasiado mal se les trata”.

. Del sentir: “Yo no me enojo, mucha gente se enoja: lo que me da rabia son los políticos, en estos 16 años que no hubo crecida podían haber hecho mucha otra cosa”.

“Suelo lagrimear pero no por lo triste, cuando veo cosas: la gente que menos tiene ayudando…”.

. De quienes hablan desde afuera, de los bañados: de un comentario de dos médicos que trabajan en los bañados: “Viene el doctor Villa y dice ‘el [Club] Sajonia se va inundar’, y la otra doctora dice ‘Pobre angá, la gente se va quedar sin verano’. Yo le masacré”.

. De los intereses detrás de que siga la marginación de la población bañadense: “¿Qué está pasando en esa empresa EMPO[1] en Cateura? No les pagan aguinaldo, el año pasado tampoco y nadie se anima a protestar porque hay mucha gente que quiere trabajar, y no hay de otra, hay que seguir aguantando”.

. De la celebración de Navidad: “No me dio ganas de llorar a las 12: generalmente hay un nudo en la garganta. Parece que la inundación te hace más fuerte: me pareció raro que no tuve ganas de llorar”, “23:50 le alcé en brazos a mi nieto que yo no le aceptaba del todo, estaba mi nuera que no es tan agradable y tampoco”, “El estar juntos es lo importante”.

Algo de sus voces, de quienes solemos decir desde arriba, con hondo desprecio: “Profesión damnificado”, ¿Aún oímos? ¿Nos oímos?

[1] Concesionaria de la Municipalidad de Asunción para el servicio de disposición final de residuos.

 

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