Las incidentadas relaciones del Brasil con el Paraguay que desembocaron en la guerra del 70

Por Alberto Alderete

Imagen: Boccia Romañach, Alfredo. Paraguay y Brasil, crónicas de sus conflictos.

Es una creencia común que durante el gobierno de Don Carlos A. López las relaciones del Paraguay con el Brasil fueron armónicas y que Don Carlos administraba dichas relaciones en forma tranquila y sin sobresaltos; que fue el gobierno del Mcal. Francisco Solano López el que creó la infinidad de incidentes y conflictos que al final causaron la guerra. No fue así, las relaciones del Brasil con el Paraguay fueron accidentadas y conflictivas desde los mismos inicios de la fundación de la república del Paraguay, que llegaron a extremos peligrosos y amenazas de guerra en varias oportunidades, conflictos que preceden a Don Carlos A. López y no fueron solucionados por él a su muerte el 10 de octubre de 1862, aunque los haya buscado afanosamente.

El presidente Francisco Solano López a su vez recibió como herencia, este complicado panorama que el mismo ya no pudo remediar y explotó en sus manos, sólo dos años después de asumir el cargo el 16 de octubre de 1862. Aun así y con el fin de evitar y detener la guerra, ofreció en dos oportunidades su renuncia a la presidencia y su salida del país, con la única condición de que quedara sin efecto el tratado secreto, y aceptó todas las intermediaciones internacionales para lograr la paz, todas rechazas por la alianza. El motivo de la anulación del tratado secreto que solicitaba López a cambio de su renuncia y salida del país tenía su justificación en que el mismo establecía que la Argentina despojaría al Paraguay, no sólo de los territorios de Misiones y Formosa, sino de todo el chaco paraguayo, hoy región occidental, desde el río Bermejo al sur, hasta Bahía Negra al norte.

El Brasil por su parte se quedaría con el territorio disputado con Paraguay situado entre los ríos Apa y Blanco. Así quedaba establecida que de 559.167 km2 que tenía el territorio del Paraguay, sería reducido sólo a la actual región oriental, de 159.827 km2. Se le despojaría del 71,4 % de su territorio, reduciéndolo a casi nada, sólo al 28,6 % de su superficie original de antes de la guerra. Además de todo eso, tenía que entregar al estado paraguayo, a su gobierno, sus riquezas y a su pueblo a merced de los invasores extranjeros. La proposición fue rechazada por López. No había otra alternativa que vencer o sucumbir honorablemente. Se decidió por ésta última y la nación entera se unió a su gobierno formando un ser único e indivisible.

Los dos principales problemas que enfrentaban al Paraguay con el Brasil eran la cuestión de límites y la libre navegación del río Paraguay, bajo los cuales subyacía, para Don Carlos, la seguridad nacional del Paraguay y su misma existencia. En la cuestión de límites el conflicto era un territorio situado al sur del estado de Mato Grosso del Sur y al norte de los actuales departamentos de Concepción y Amambay, más arriba del río Apa, cuya superficie era de 62.325 km2, equivalente a los actuales departamentos juntos de Alto Paraná, Amambay, Caaguazú, Canindeyú, Caazapá y Concepción.

Lo que a López le preocupaba, además de la importante extensión del territorio, era su ubicación, que al ser aceptada que Brasil corriera sus límites hasta el río Apa, ponía en directo peligro la seguridad y la integridad del Paraguay, pues estando los brasileros en el río Apa, se colocaban a un paso de Asunción. Por estas razones el gobierno paraguayo tuvo que recurrir también a restringir la libre navegación del río Paraguay por buques brasileños, por temor a que, por dicho río, el Brasil transportara material bélico hacia el norte del país, en Mato Grosso del Sur, con el objetivo de someter al Paraguay. Pero Don Carlos, además, utilizaba esta medida para negociar con el Brasil, de manera que proponía a éste la firma de un tratado que reconociera los derechos de Paraguay sobre los territorios comprendidos entre el río Apa y el Blanco, a cambio de que Paraguay declarara la libre navegación del río Paraguay, a sabiendas de que Brasil podía llegar a Mato Grosso sólo a través del río Paraguay. Sin embargo, Brasil pretendía ambas cosas: los territorios y la libre navegación del río.

En 1853 Brasil envió en misión a Asunción a Felipe Pereira Leal para tratar con López una negociación, la que no arrojó resultados por falta de acuerdos sobre la cuestión de límites y ante una discusión con López, el ministro de relaciones exteriores paraguayo le envió al emisario brasilero sus pasaportes deseándole “Próspero viaje”. Nuevamente esto enfureció al Imperio concluyendo que al Paraguay le hacía falta un escarmiento. El canciller Soares de Souza declaró que “sólo la guerra podía no desatar sino cortar las dificultades con el Paraguay”. En 1854 Brasil envió una poderosa escuadra de 20 cañoneras con 120 piezas de artillería, y acumuló fuerzas militares en Montevideo y en las fronteras con Paraguay para exigir al Paraguay una explicación satisfactoria a la ofensa a su emisario Pereira Leal, exigiendo la libre navegación del río, pero también la solución de límites, pero de acuerdo a los intereses del Brasil.

Para dicho efecto fue comisionado Pedro Ferreira de Oliveira, imponiéndole un plazo de ocho días para solucionar el problema. Ante este anuncio, el Paraguay fue puesto en pie de guerra. López ordenó la evacuación de Asunción y los ensayos militares en Humaitá. Ferreira de Oliveira llegó hasta Asunción y firmó un tratado con López que reconocía la libre navegación pero que en seis meses debía firmar un tratado de límites, con lo que se aprobaba la tesis paraguaya. Brasil se sintió humillado y desautorizó y destituyó a Ferreira rechazando el tratado. El ministro Paranhos instruyó para que se haga respetar los derechos del Brasil por la fuerza.

Pero ante el peligro real de una guerra por parte de Brasil, Don Carlos envió rápidamente a José Berges a Río de Janeiro para firmar un tratado con Brasil, que se celebró el 6 de abril de 1856, reconociendo la libre navegación, pero sin hacer mención de la cuestión de límites. Pero apenas calmados los ánimos de Brasil, López dictó dos reglamentos que dejaron sin efecto la libre navegación. El Imperio actuó con furia y envió a José María de Amaral para negociar con Don Carlos la derogación de los reglamentos. No hubo acuerdos y la conversación entre el emisario brasilero y el presidente paraguayo fue subiendo de tono hasta los gritos y puñetazos en la mesa.

Amaral dejó el país sin lograr ningún acuerdo y de nuevo Brasil ardió de furia, enviando cañones y grandes fuerzas militares en la frontera. Fue designado emisario José María Paranhos ante López, expresando sus instrucciones a López que contenían una indisimulada amenaza de guerra, lo que obligó al gobierno paraguayo a firmar con el Brigadier Francisco Solano López una Convención fluvial sobre navegación en 1856 pero sin mencionar la cuestión de límites, que fue postergada para otra ocasión. López tuvo que ceder ante la amenaza de guerra del Brasil. Sin embargo, antes de llegar a Asunción, Paranhos vino por Paraná a entrevistarse con el presidente de la Confederación Justo José de Urquiza, proponiéndole a éste su apoyo para ir contra Buenos Aires a cambio de que le apoye al Brasil en un eventual ataque al Paraguay, lo que no tuvo aceptación. Muy preocupado escribió López a Tomás Guido, ministro de Justo José de Urquiza: “Alguna vez he dicho a Usted que es cuestión de tiempo la guerra del Brasil al Paraguay”.

Brasil busca alianzas con Argentina para venir sobre Paraguay

Si bien el Brasil no consiguió una alianza con la Confederación Argentina porque esta era amiga del Paraguay, sí la consiguió con Mitre para la solución definitiva con el Paraguay, pero mediante la guerra. El 17 de agosto de 1864 el ministro de relaciones exteriores de Argentina Rufino de Elizalde envió al emisario José Mármol a Río de Janeiro y se entrevistó con el emperador Pedro II el 14 de abril de 1864 y varias veces con el ministro de relaciones exteriores brasilero Joao Pedro Dias Vieira. Ha llegado al gobierno paraguayo que las verdaderas tratativas eran sobre una alianza argentino-brasilera para una política conjunta en el Río de la Plata y contra el Paraguay. El ministro paraguayo José Berges pidió al agente paraguayo en Buenos Aires que averiguara la veracidad de la versión sabida por “un conducto respetable”, que uno de los cometidos de Mármol era procurar con el imperio una alianza contra el Paraguay.

Las sospechas del gobierno paraguayo de que Argentina y Brasil estaban gestando una alianza contra el Paraguay se concretó en Puntas del Rosario, en el cuartel general del general Venancio Flores, quien lideraba un levantamiento armado en la república oriental con el apoyo de Mitre. Hasta ese lugar fue el ministro de relaciones argentino Rufino de Elizalde, el emisario especial del imperio Antonio Saraiva, Venancio Flores por el futuro gobierno del Uruguay y Edgard Thornton, representante diplomático inglés en Buenos Aires. Thornton habría actuado a título personal y no en representación de Inglaterra. El primer eslabón del plan fue el derrocamiento del gobierno constitucional de Atanasio Aguirre, ocurrido por la sangrienta invasión militar del Imperio. El presidente interino Tomás Villalba entregaría horas más tarde el gobierno a los invasores brasileros el 15 de febrero, y éstos a su vez entregaron el gobierno a Venancio Flores. La sangrienta invasión militar por tierra y agua era según el imperio a título de “represalia” y no como un acto de guerra. Ya se logró el acuerdo para la guerra, la conformación de la triple alianza ya está sellada y el aliado Flores ya está en el gobierno oriental, con lo que el primer eslabón del plan ya está cumplido. Sólo bastaba buscar los motivos, esperar a que ocurriesen o inventarlos si fallaban los dos anteriores para venir sobre Paraguay.

Así lo atestiguó en 1884 el mismo emisario del imperio Antonio Saraiva quien reveló que la resolución de la guerra contra el Paraguay y la conformación de alianza fue hecha en Puntas del Rosario en 1864, y que la firma del tratado secreto en 1865 fue sólo para oficializar el pacto, una vez inventados por los aliados los motivos para justificar la guerra. Confesó Saraiva que “…dichas alianzas se realizaron el día en que el ministro brasileño y el argentino conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario y no en el día en que Octaviano y yo, como ministro de Estado, firmamos el Pacto”. El Pacto se refería al tratado secreto. López se enteró de dicha reunión, aunque no de su trascendental resolución y escribió al agente paraguayo en Buenos Aires para decirle que “El carácter y verdadera misión del señor Saraiva en el Río de la Plata es poco pacífica y según corren las cosas, no hemos de tardar en ver la conjunta intervención armada del Brasil y de la República Argentina en los negocios intestinos de la Oriental. Se dice que esa misma liga ha de llegar hasta aquí, requiriendo simultáneamente a las dos naciones la demarcación de sus límites, apoyando las pretensiones por la fuerza”. La guerra asomaba en el horizonte, se desarrollaban acontecimientos de conjura mediante alianzas que López veía impotente.

La firma del tratado secreto

El Tratado Secreto se firmaba el 1 de mayo de 1865, sólo 17 días después de la ocupación de Corrientes por Paraguay, lo que delataba que el pacto ya estaba hecho, que sólo faltaba formalizarlo; y decía en su exposición de motivos, que Brasil y Argentina se encontraban en guerra con el gobierno del Paraguay, por “haber sido declarada de hecho por este gobierno”. La declaración de hecho se refería a la ocupación militar de Corrientes por Paraguay como paso para llegar al Uruguay, y a la captura del buque Marqués de Olinda por parte del gobierno paraguayo, en represalia por la inminente invasión militar brasilera del territorio oriental.

Ante la ausencia de motivos, Brasil los inventaba como estaba planeado. El 11 de noviembre de 1864, el Mariscal López ordenó al capitán Remigio Cabral la persecución y captura del vapor brasilero “Marqués de Olinda”, en represalia por el ultimátum del imperio al gobierno oriental de invadirlo militarmente si no satisfacía las explicaciones sobre supuestos maltratos a súbditos brasileros. El vapor navegaba por el río Paraguay rumbo a Corumbá, Mato Grosso del Sur y fue capturado al día siguiente 12 de diciembre y regresado a Asunción. Esta represalia fue usada por el imperio como un pretexto de un acto de guerra de hecho. Para Brasil la sangrienta invasión militar por tierra y agua de la República Oriental con 18 mil hombres, el derrocamiento de su presidente constitucional, la colocación en su reemplazo a uno de su predilección y el asesinato después de su rendición del general Leandro Gómez, era una represalia, pero la detención de un insignificante vapor de pasajero y de carga era un acto de guerra. Este hecho la usó como pretexto para inventar una justificación de la guerra contra el Paraguay. La guerra ya estaba decidida. De ahí que los que suelen escribir que la captura del vapor Marqués de Olinda “provocó la guerra con el Brasil” es falso, pues no era un casus belli. El motivo para justificar la guerra podía ser cualquier pretexto. Si no era ese iba a ser otro.

Ante la ausencia de motivos, también Mitre los inventaba. Con la ocupación de Corrientes por el ejército paraguayo, el gobierno de Bartolomé Mitre argumentaba que el Paraguay atacó a la Argentina en forma traicionera sin previa declaración de guerra. Sin embargo, la ocupación de Corrientes se produjo el 13 de abril, 26 días después de su declaración el 18 de marzo de 1865 por el congreso nacional paraguayo. Lo que pasó fue que el emisario paraguayo, teniente Cipriano Ayala que llevaba dicha declaración a Félix Egusquiza, agente paraguayo en Buenos Aires para que éste se la entregara al gobierno argentino, al llegar al puerto de Buenos Aires el 8 de abril de 1865 a bordo del Esmeralda como lo certifica la lista de pasajeros, la policía lo detuvo secretamente por orden de Mitre, sabiendo éste que el emisario portaba la declaración de guerra. La noticia de la ocupación de Corrientes llegó como una bomba en Buenos Aires que conmovió a la ciudad, y la juventud en manifestación llegó al domicilio del presidente Mitre, clamando reparación. Con la inmoralidad que le caracteriza, Mitre respondió a dicha manifestación su “sorpresa”, al “desconocer” los hechos, y haciendo gala de la sempiterna fanfarronería que ya entonces caracterizaba a los porteños, prometió: “¡En 24 horas a los cuarteles, en quince días en Corrientes, entre meses en Asunción!”.

¿Pero qué provecho sacaba Argentina de la guerra? En realidad, no era la Argentina sino la provincia de Buenos Aires que sacaba dos provechos fundamentales: 1) Eliminando al Paraguay, lograría imponer su propia organización a la nación argentina en función de los intereses centralistas de Buenos Aires, que ya había derrotado a la Confederación Argentina en 1861 por deserción de su jefe Urquiza. Pero la victoria sobre el resto de la nación argentina no sería total mientras existiera el Paraguay de López, el cual era aliada de la Confederación, que podría ser un foco permanente de reagrupamiento y de apoyo de estas provincias y los estancieros del litoral contra la hegemonía de Buenos Aires. La guerra contra el Paraguay sería entonces la continuación lógica y la última etapa de la guerra de la oligarquía portuaria y comercial porteña, representada por el presidente Mitre, contra las provincias interiores y el litoral argentino, y, 2) lograría despojar al Paraguay los territorios de Misiones, Formosa y todo el chaco paraguayo. Al término de la guerra, Brasil despojó al Paraguay de 62.325 Km 2 y Argentina 94.090 Km2, que juntos suman 152.415 km2, casi la misma superficie actual de la región oriental del Paraguay de 159.827 km2. Y si la Argentina no se quedó con todo el chaco paraguayo, era porque Brasil había instruido a Paraguay en 1871 para que los límites de Argentina no pasasen el río Pilcomayo. Esta conducta de Brasil no era porque defendía la causa paraguaya sino porque no quería que Argentina tuviera tanto territorio que le permitiera disputar su hegemonía en el río de la plata, y había aceptado que Argentina se adueñara del chaco sólo para lograr su adhesión al tratado, a cambio de que Argentina renunciara su anexión total del Paraguay.

López habría discutido y aceptado su renuncia y salida del país ante una propuesta del diplomático inglés

En agosto de 1867, el secretario de la legación del Reino Unido de Gran Bretaña en Buenos Aires, Gerald Francis Gould, fue hasta el campamento del Mcal. López en Cerro León con el objetivo de solicitarle autorización para la salida del país de los súbditos británicos. Pero habría aprovechado la ocasión para proponerle a López un acuerdo de paz. Fue designado el coronel Luis Caminos por parte del gobierno paraguayo para tratar con el diplomático inglés un borrador, que sugería la renuncia y salida del país del Mariscal. La propuesta habría sido aceptada por López, según el coronel Juan Crisóstomo Centurión, principal ayudante del estado mayor de éste. Gerald Gould también presentó el borrador de la propuesta a los jefes aliados, quienes habrían aceptado, pero con la renuncia incondicional de López. La renuncia, pero con la vigencia del tratado secreto habría sido rechazada por López.

Nuevamente, el Mariscal López habría ofrecido su renuncia a los aliados a cambio de la paz

El Mariscal López hizo esfuerzos por detener la guerra para la cual habría ofrecido a los aliados su propia renuncia en la célebre entrevista de Yata´ ity Corá, la cual habría sido convocada por López con ese principal propósito. Siempre se ha dicho que no se desconocía lo tratado en dicha entrevista porque estuvieron solos Bartolomé Mitre y López y no había testigos. Sin embargo, el general Francisco Isidoro Resquín, jefe del Estado Mayor de López, reveló el punto central de la reunión y la discordancia de ellos mismos en los siguientes términos: “El Mariscal López propuso que, siendo él la causa de la guerra sostenida por las naciones aliadas, se hallaba resuelto a renunciar a la presidencia del gobierno del Paraguay, saliendo del país, como garantía de paz, previas todas las satisfacciones debidas a los gobiernos aliados, desde que ellos renunciasen al tratado secreto de la triple alianza, firmado el 1 de mayo de 1865”. Sigue diciendo Resquín que “El general Mitre aceptó la primera proposición, negándose, por considerarla imposible, a la anulación del mencionado tratado, antes de sus efectos…” “Entonces el Mariscal rechazó enérgicamente esa indicación, despidiéndose decidido a continuar la guerra hasta vencer o sucumbir”.

Conclusión

López no podía evitar la guerra con la diplomacia porque los aliados, en especial Brasil, ya habían considerado agotado este medio por lo que sólo la guerra les traería una solución definitiva. El responsable de la guerra no era el Mariscal López porque sus reales causas le precedieron. Por el contrario, López y el Paraguay eran víctimas de una conjura internacional que ideó, planificó y ejecutó en forma cuidadosa la guerra. En Puntas del Rosario pactaron la guerra contra el Paraguay. A partir de ahí, sólo bastaba buscar los motivos, esperar a que ocurriesen o inventarlos si fallaban los dos anteriores. Han tenido que recurrir a este último. La ocupación de paso de Corrientes por el ejército paraguayo y la detención del vapor Marqués de Olinda, sólo fueron pretextos, los motivos que inventaron. Si no eran esos, hubieran inventado otros. El verdadero responsable era el estado paraguayo, soberano, potente y rico que pagó con su vida su deseo de existir como estado digno.

“La guerra no es contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno”, decía el tratado secreto, repetida por la “Legión paraguaya” y sus actuales discípulos. Mentira. Cuando López ofreció su renuncia y la salida del país en dos oportunidades, pero condicionando a que se deje sin efecto el tratado secreto, fueron rechazadas por los aliados, porque la salida de López pero la derogación del tratado secreto no era solución para los aliados; el problema no era López sino el pretexto, y con la renuncia ofrecida por López y rechazada por los aliados, quedaba al descubierto que en realidad el objetivo era el estado paraguayo, los territorios de los que pretendían despojarle  e hincar el diente en la rica economía paraguaya. Además, con la renuncia de López y la anulación del tratado secreto, habría quedado intacto el estado paraguayo con sus autoridades formadas en la escuela de Don Carlos, por lo que Argentina y Brasil continuarían teniendo los mismos problemas con Paraguay. En realidad, lo que el Brasil y los aliados querían acabar es con el gobierno independiente y soberano del Paraguay, sea quien fuere el hombre que lo desempeñase, y no solamente de su entonces presidente López.

La guerra no era contra el pueblo paraguayo, decían, pero exterminaron al 75 % de su población. “La guerra del Paraguay concluye por la simple razón de que hemos muerto a todos los paraguayos mayores de diez años”, confesaba Domingo Faustino Sarmiento, presidente de la Argentina durante los dos últimos años de la guerra (1868-1874), más contrariado por el largo tiempo y los recursos gastados que por el genocidio; se comprometían a respetar la independencia y soberanía del Paraguay, pero se dieron el derecho de derribar su gobierno, asesinar a su presidente y de poner otro de su agrado; Garantizaban la integridad territorial de la república, pero mutilaron su territorio, quedándose el Brasil con una parte y la Argentina con otra. Prometían traer la civilización al Paraguay, pero sólo trajeron el saqueo físico y financiero, civilizador e inacabable que se proyecta hasta nuestros días.

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