Las condiciones para derrotar al cartismo están dadas

*Por Osvaldo Zayas

Vivimos tiempos difíciles. El que se mostraba como un proyecto de gobierno tecnocrático-modernizador, el de Horacio Cartes, es apenas la gestión de ineptos ejecutivos de empresa, ignorantes en administración pública. Personas que llegaron al poder con la idea de reflotar el modelo neoliberal de los años 90. En su esfuerzo, hicieron aprobar leyes que, por un lado, garantizan la privatización de los recursos estratégicos y protegen la “inversión” y, por otro, avalan la represión a los sectores sociales movilizados.

Política económica en el callejón sin salida

Cartes intentó vender el espejo de las “grandes inversiones” y fracasó. Consiguió leyes para dejar todo listo para que los capitales “usen y abusen” de Paraguay. Mas olvidó un detalle: las grandes empresas no ponen plantas industriales en sociedades sin seguridad ni caminos ni infraestructura; sin un sistema educativo que garantice formación. Para construir todo eso, se necesita un plan de desarrollo. Para ejecutarlo, dinero. Para obtenerlo, buena recaudación a través de impuestos a los sectores que generan más renta. Y para ello, modificar el sistema tributario para que los impuestos indirectos, pagados en un 80% por las y los trabajadores, dejen de sostener al Estado: que empiecen a tributar quienes más ganan.

Si observamos el círculo descrito en el párrafo anterior veremos que modificar el sistema tributario llevaría al gobierno a encontrarse cara a cara con el sector que más se beneficia de la iniquidad tributaria, y que es el mismo que integra Cartes, que lo puso en el poder y lo sostiene. Por obvias razones las cosas seguirán igual. ¿Cómo mostrarse, aunque sea de mentiritas, modernizante? Endeudándose.

Paraguay vive un inédito acelerado proceso de endeudamiento. Los loros del cartismo no se cansan de repetir que este es un país poco endeudado, si tenemos en cuenta el Producto Interno Bruto (PIB) y el nivel de deuda de los países vecinos. Suena lógico pero es humo. La capacidad de solventar la deuda no solamente se mide con el PIB como referencia. También se debe tener en cuenta la capacidad de recaudación. Para tener una idea del endeudamiento veamos los números: deuda externa en el año 2012: USD 2.241 millones; deuda externa en el 2013: USD 2.677 millones; deuda externa en el 2016:  USD 4.661 millones.

Si el actual gobierno sigue con la política de endeudamiento acelerado, para el año 2018 el monto se podría triplicar y tendríamos un país hipotecado y con poca capacidad de pago.

Seguridad, salud pública, educación

La Encuesta elaborada por IBOPE CIES y publicada por el diario Última Hora reveló que la percepción ciudadana sobre el fracaso del gobierno de Cartes se centra en: seguridad, salud y educación.

La sensación de inseguridad creció por los sucesivos fracasos desde el Ministerio del Interior que tiene como saldo: cinco periodistas y dos intendentes municipales asesinados por la mafia; masacres en zonas de frontera y ocho secuestros.

La salud pública que llegó a ser gratuita con el gobierno de Fernando Lugo, desde el año 2008 hasta el 2012, hoy no existe. Las carencias en los hospitales públicos son múltiples. A lo que se suman los sucesivos intentos privatizadores del Instituto de Previsión Social (IPS) y las restricciones a las atenciones en salud para los asegurados.

Para el sector educativo la realidad sigue igual. Si bien Paraguay ya no es el del dictador Alfredo Stroessner, que apenas invertía un poco más del 1% del PIB en Educación, la actual inversión sigue siendo insuficiente.

Luego de movilizaciones masivas de alumnos del nivel secundario y universitario, el gobierno se había comprometido a elevar el gasto. Tal cosa no ocurrió ni ocurrirá, ya que para ello debería modificar el sistema tributario para recaudar más.

En breve el Congreso Nacional volverá a tratar el Presupuesto General de Gastos de la Nación para el año 2017, lo que movilizará una vez más a las organizaciones sociales en búsqueda de una mejor calidad de vida.

Cartes, el más impopular

El empresario tabacalero es, de lejos, el presidente más impopular de los que llegaron después de la dictadura.

La encuesta de IBOPE fue lapidaria: el 70% de la población paraguaya rechaza su gestión. ¿Por qué? La respuesta: la falta de políticas sociales para las grandes mayorías y el blindaje que le otorga a una minoría privilegiada.

A la aceptación de su figura no aportó el hecho de que el Grupo Empresarial Cartes haya comprado cuatro diarios impresos de circulación nacional, tres emisoras de radio, un Canal de Cable y varios portales en internet.

El Sindicato de Periodistas del Paraguay se había posicionado ante esto: “Claramente el gobierno de Cartes pretende acallar todas las voces discordantes a su proyecto antidemocrático y es por ello que los ataques contra trabajadores de prensa han tenido el pico más alto desde su toma de mando, con agresiones, arrestos y hasta asesinatos en los cuales están sospechados como autores morales personas de su entorno partidario”.

Ante falta de aceptación, represión

La última encuesta revela que Cartes está perdiendo el poder. Afirma Antonio Gramsci que el poder tiene dos partes: (1), la hegemonía, que es el poder adicional del que goza el grupo dominante para hacer coincidir sus intereses con el interés general. En términos más simples: el consentimiento de la mayoría para ejercer poder, y (2), la dominación, que es la fuerza y que se utiliza para garantizar la coerción. Al decir del politólogo español Pablo Iglesias “cuando la confianza se desvanece, tenemos dominación sin hegemonía”, que significa más represión.

Al actual gobierno de Horacio Cartes le cabe la caracterización de neo-fascista. Su carácter represivo se hace evidente con los esfuerzos para ilegalizar sindicatos y desechar el diálogo para la solución de conflictos sociales. Lo había demostrado ya el 28 de agosto de 2014, cuando la policía disparó a quemarropa al presidente de la Federación de Educadores del Paraguay (FEP) e hirió a tres periodistas, en una marcha docente por mejoras salariales. Un año después, el 25 de agosto de 2015, las fuerzas de seguridad volvieron a reprimir salvajemente a trabajadores sindicalizados, frente al Ministerio del Trabajo. Habían herido a Julio López, presidente de la Central de la Clase Trabajadora (CCT) y a otros obreros. Algunos de ellos se habían crucificado para recuperar sus puestos de trabajo. Menciono dos casos, solo como ejemplos.

Ante el neo-fascismo, democracia

La realidad es como es, no como quisiéramos que sea. La sociedad que habitamos tiene características específicas, que no son las ideales para avanzar en términos humanistas. Las grandes transformaciones sociales no van a repetirse como experiencias calcadas en países marcados por realidades diferentes.  No hay recetas para que los pueblos se liberen, tampoco palabras sagradas que guíen nuevas revoluciones. Se hace política con los ingredientes que existen. Aprendemos de la historia, no la podemos repetir.

Ante el terrible rostro de la administración del Estado en manos de Cartes, nos queda la defensa de los derechos civiles, las libertades públicas y la democracia. La historia paraguaya está llena de mártires que lucharon contra el fascismo; que se enfrentaron a tiranías como las de Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner. Apenas seis meses de libertades públicas tuvo el Paraguay, antes de que se desatase la Guerra Civil de 1947.

Las condiciones para derrotar al cartismo están dadas: en las calles y en las urnas. No será posible mediante salidas mágicas, románticas, ingenuas o ultra-radicales. Sí, con la articulación política de los sectores democráticos, para recomponer un proceso truncado en el año 2012.

*Periodista, corresponsal de Telesur en Paraguay

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