La wiphala y Vietnam

Por Álvaro Lo Bianco

Luego de una larga lucha por su independencia, en 1954, con la ratificación de la conferencia de Ginebra (1954), los franceses terminarían retirándose de Indochina, dejando a Vietnam como una nación independiente.

Pese al indiscutible liderazgo de Ho Chi Min en el proceso de liberación, asesores de los EEUU, bajo la vieja doctrina Truman, quebrarían el país en dos, por un lado, Vietnam del norte con un estado socialista y por el otro Vietnam del sur con modelo liberal, fuertemente apoyado y apadrinado por los EEUU.

Desde 1954, se constituirían dos estados, con dos modelos totalmente antagónicos. Es difícil describir en algunas páginas, todo el acoso que recibió el pueblo de Vietnam del norte por parte de los EEUU, bombardeos diarios sobre la población civil de Hanoi (véase operación Linebacker), bloqueos económicos, saqueos, quemas de su producción de arroz, entre otras cosas.

Por otro lado, la apuesta hacia el sur era gigantesca, cientos de miles de dólares, presencia permanente de soldados, traslados de empresas para generar mano de obra y mucha propaganda diaria.

Pese a todo esto, no lograba generar adhesión de los sur-vietnamitas y la guerrilla revolucionaria, conocida despectivamente como Viet-minh  y luego Viet-Cong avanzaba cada vez más, con profunda adhesión en el sur de Vietnam, lo que la convirtió en una guerra interminable, e impopular, con enormes bajas para los EEUU.

Una de las grandes apuestas de EEUU fue por Ngô Đình Diệm, un importante referente católico y cristiano, venido de una familia tradicional, aparentemente carismático con potencialidades de ser “el nuevo líder de Vietnam”, desplazando la imagen de Ho Chi Min.

Se podría decir que Ngô Đình Diệm y los gobiernos que los sucedieron, fueron los principales “jefes de campaña del Viet-Cong”. Dos características fundamentales de estos gobiernos medraron su credibilidad y por ende la de EEUU en el sur, pese a toda la inversión; la corrupción y el poco respeto a la cultura vietnamita.

La corrupción generalizada mediante el enriquecimiento de las cúpulas de gobierno a los ojos de todo el pueblo y el poco respeto a la cultura budista, que terminaría con la inmolación del monje Thich Quang Duc, en plena plaza publica.

Las consecuencias fueron desastrosas, la apuesta de los EEUU fue pésima, les fue imposible recuperarse, tanto así, que años después tuvieron que retirarse por completo de Vietnam, sin pena ni gloria, convirtiéndose así en la derrota militar más importante de EEUU en el siglo XX y uno de los triunfos más gloriosos del movimiento comunista. Vietnam terminaría re-unificado en una sola nación socialista en 1975.

La historia se repite.

El 10 de noviembre del 2019, se consumaba el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales. La excusa era un supuesto fraude electoral.

El golpe fue el resultado de un gran pacto oligárquico en Bolivia, en el confluyeron varios actores internacionales como la OEA, los EEUU, sus gobiernos aliados, organismos multilaterales y multinacionales. Actores locales como la derecha organizada en partidos políticos, grupos cívicos, grupos paramilitares fascistas, iglesias, medios de comunicación y por sobre todo el ejército y la policía.

La apuesta de EEUU para dar vuelta el escenario geopolítico fue grande, un enorme descredito internacional, violaciones de DDHH condenadas por los comisionados de la ONU.

El golpe de Estado en Bolivia se realizó de una manera grotesca, devolviéndonos a los años 70, como si nadie estuviera observando lo que ocurría, presos políticos, denuncias de torturas, represiones militares contra poblaciones civiles, proscripción de líderes político.

Pero la particularidad de este golpe, fue el elemento civil, liberaron hordas fascistas para agredir a indígenas, campesinos y opositores políticos.

Los grupos fascistas estarían encabezados por Fernando Camacho, presidente del comité cívico de la ciudad de Santa Cruz, el mismo que entraría con una biblia al palacio del Quemado el día del golpe de estado.

Días más tarde, manifestantes fascistas quemarían en las calles banderas de la Wiphala, una bandera símbolo de los pueblos originarios y que hoy en día representa la diversidad. También en las calles se podía observar como policías se sacaban la tradicional wiphala de los uniformes.

Días después empezaron a sucederse manifestaciones por el respeto a la wiphala a lo largo del mundo. Quedaba en evidencia que el golpe tenía un alto contenido racial, algo incompatible con la construcción del gobierno Plurinacional y su legado social, ampliamente democrático y participativo.

Mientras tanto el Gobierno de facto instalado, a la cabeza Añez se encargaría de “re-establecer el orden”, a punta del cañón, con brutales represiones militares, particularmente en Senkata y Sacaba dejando como salgo más de 30 civiles muertos.

Pero como si no fuera suficiente, Añez encabezaría alrededor de 50 casos de corrupción en tan solo 8 meses. Una pésima administración de la pandemia del corona virus, cayendo ministros de salud uno tras otro, como también referentes del gobierno que salen despotricando contra este.

Las primeras encuestas y sondeos ya daban como favorito de las elecciones al candidato del movimiento al socialismo, sin embargo, la estrategia del gobierno fue dilatar las elecciones, pensando en que podía crecer la popularidad de la presidenta de facto, la cual, dicho sea de paso, al asumir su mandato, había afirmado que no se postularía.

Todos estos sucesos entre otros, solo consiguieron ir restando credibilidad a la nueva apuesta de EEUU y dando tiempo a que el Movimiento al Socialismo re-agrupe su fuerza social y vaya generando adhesión en la clase media. No se puede dejar de lado, el escenario de crisis económica de Bolivia, la peor en una década, a causa de la desastrosa gestión económica del Gobierno de facto.

La lección no aprendida

En su famoso alegato “la historia me absolverá” (1959), Fidel Castro dejaría una frase para la posteridad, “¡Así luchan los pueblos cuando quieren conquistar su libertad: les tiran piedras a los aviones y viran los tanques boca arriba! .

En su desmedido afán colonialista, nuevamente EEUU desafío a un pueblo organizado y consciente como el boliviano, un pueblo que efectivamente no está dispuesto a retroceder en relación a sus ansias de libertad y avances históricos.

EEUU, aposto por un Gobierno corrupto, tiránico e irrespetuoso de la cultura popular, como ya lo había hecho 50 años antes en Vietnam. El resultado fue el mismo, una derrota catastrófica.

La victoria del Movimiento Al Socialismo en las elecciones del 18 de octubre, con toda la fuerza de un imperio y sus lacayos en contra, es una victoria histórica del movimiento popular en el mundo entero, victoria que, sin dudas, con los años ira cobrando más valor.

Quizás sea algo osado, pero tanto la derrota del poderoso del norte y sus organismos, cometiendo errores similares, así como la victoria de la izquierda, son equiparables políticamente con aquella gloriosa victoria en Vietnam.

La lección es la misma, cuando el pueblo desea liberarse, no existe fuerza capaz de contenerlo.[1]

[1] Véase discurso en guaraní. Asamblea Legislativa Plurinacional. Toma de posesión de la Presidencia. Enero 2019

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