La verdadera historia de Pancha Garmendia

Por Alberto Alderete

El 11 de diciembre se cumplen 151 años de la muerte de Francisca «Pancha» Garmendia Ituarte. Algunos tejieron la historia de que la misma fue víctima del despecho, la villanía y cobardía del Mariscal Francisco Solano López quien la había mandado matar por el rechazo a sus pretensiones amorosas. Historia falsa creada por motivos ideológicos. La verdad es que Pancha Garmendia fue ejecutada en cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Guerra que la condenó por los delitos de alta traición a la patria e intento de asesinato del Presidente Mcal. Francisco solano López en calidad de cómplice, y, por el contrario, éste intentó salvar a pancha en honor al amor que le tuvo en su juventud.

Esta es la verdadera historia. Francisca “Pancha” Garmendia Ituarte nació en Asunción en 1829 y murió a primeras horas de la mañana del 11 de diciembre de 1869 a los 40 años de edad en el campamento de Itanaramí, Curuguaty, ejecutada en cumplimiento de la sentencia señalada más arriba. Sus padres fueron el español Juan Francisco Garmendia y la paraguaya Dolores Ituarte, quienes murieron hacia 1830, cuando Pancha era muy niña, siendo adoptada por el acaudalado matrimonio integrado por José García del Barrio y Manuela Díaz de Bedoya.

Bella, de tez blanca y cabellera muy negra, rostro ovalado, cejas bien pobladas, de espigado cuerpo y buena educación, frecuentaba el mismo circulo social del Cnel. Francisco “Pancho” Solano López, quien atraído por la bella dama le propuso noviazgo, petición que fue rechazada reiteradamente por la misma. El motivo era que Pancha se gustaba de otro joven de nombre Pedro “Perico” Egusquiza, también militar. “Pancho” Solano López solicitó a los padrastros de Pancha, visitar a ésta, solicitud que fue aceptada. Pancho la visitó varias veces proponiéndole noviazgo, siendo rechazada por Pancha. Le llevaba serenatas al atardecer con la esperanza de conquistarla y le dedicó el poema “A Pancha Garmendia” en 1850.

Ante la reiterada negativa de Pancha, López estando de visita intentó abrazarla, lo que Pancha esquivó, yendo a encerrarse en su pieza. Incrédulo tal vez, López entró clandestinamente a la madrugada en la casa, ingresando a la habitación de pancha, tocando su cuerpo en la obscuridad, lo que provocó su reacción y furibundo rechazo, escapándose López de la casa. Este episodio fue relatado por el periodista argentino Héctor Varela de visita en el país en 1855, quien a su vez recibió el relato de una supuesta conversación mantenida entre su esposa y Pancha Garmendia. Ese fue el último intento del joven Pancho de conquistar a Pancha Garmendia.

En 1853 el general López viajó a Europa en misión diplomática, llegando a Francia a fines del mismo año. A inicios de 1854, López conoció a Elisa Alicia Lynch, la irlandesa que posteriormente sería su compañera. Para ese entonces, ella contaba con 20 años de edad y vivía sola después de su separación de Xavier de Quatrefagues, un médico militar francés mucho mayor que ella, con quien se casó en 1850, y que a poco de casarse fue enviado a Argelia. López y Lynch se hicieron pareja y el 11 de noviembre de 1854, Lynch zarpó de Burdeos junto con Solano López, rumbo al Paraguay, ya embarazada de su primer hijo.

El gobierno ordena la evacuación de Asunción y Pancha forma parte del éxodo

La guerra de la triple alianza estalló en 1864. Durante los dos años siguientes, la vida social en Asunción era normal. Pero el 22 de febrero de 1868 cambia radicalmente la vida de la población asuncena. Ante el inminente bombardeo de la capital por la escuadra brasilera, el gobierno ordena la inmediata evacuación de la población civil a Luque. Ese mismo día la escuadra brasilera bombardea Asunción. Pancha Garmendia y su familia, junto a miles de personas caminan o van en carreta o a caballo hasta Luque. Asunción queda vacía.

A fines de febrero de 1868 es descubierta una conspiración para asesinar al Mariscal y organizar un nuevo gobierno para acordar la paz con los Aliados. Un tribunal de guerra encuentra culpables, entre ellos al general Vicente Barrios, esposo de Inocencia López de Barrios, hermana del Mcal. e hijo de José del Barrio y Manuela Diaz de Bedoya, padres adoptivos de Pancha Garmendia, y por lo tanto hermanastro de la misma.

El 15 de enero comienza el célebre éxodo y peregrinar de las mujeres que parten de Luque. Las mujeres que eran familiares y parientes de los conspiradores fueron apartadas de las demás para no mezclarse ni tener contacto con el ejercito por razones de peligrosidad. Estas fueron destinadas a Yhû, hoy departamento de Caaguazú. De ahí el nombre de «destinadas» o «Mujeres traidoras» como eran llamadas. El otro grupo de mujeres era el resto, que fueron llamadas «Residentas», quienes vivían y se mezclaban con el ejercito haciendo trabajos diversos. Pancha y su familia entre ellas, integraban las mujeres “Destinadas” quienes llegaron a Yhû el 31 de mayo de 1869. Cuatro meses y medio después recibieron la orden de trasladarse cerca del ejército, llegando a Ygatymí el 6 y 7 de octubre de 1869. Pancha Garmendia se alojó en la tienda de su hermanastra Bernarda Barrios, esposa del coronel Hilario Marcó, jefe de la Mayoría del Mariscal.

Se descubre un complot para envenenar al Mariscal

El general Francisco Isidoro Resquín, el cnel. Juan Crisóstomo Centurión y el Cnel. Silvestre Aveiro conocieron el complot y relataron en sus memorias. Resquín dice: «El 16 de octubre de 1869, aniversario de la república, dispusieron en Curuguaty, para festejar aquel día, una especie de banquete. La señora Juana Carrillo y sus hijas mandaron una partida de conservas y chipas envenenadas, para exterminar no solamente a su hijo y hermano respectivamente, sino a todos los que concurrieran al convite»

Por su parte, el Cnel. Silvestre Aveiro también expresa: «el propio Venancio López quien estaba preso (pero suelto por Marcó) confesó al Ministro Caminos, que entre Marcó, la madre (Doña Juana) y él habían estado en combinación, la segunda (Juana) para enviarle el día del aniversario próximo, unos dulces para su mesa, preparados con veneno, por un médico que tenía (Doña Juana) a su lado”.

“Que suponiendo que, como de costumbre, comerían con él (con el Mcal) los principales jefes, quienes envenenados como estuviesen, Marcó completaría la obra con el levantamiento de las tropas de la mayoría…y que si no lograban el proyecto, tenían preparada una embarcación en el río curuguaty, para salvarse ellos sin sus familias, inclusive Pancha Garmendia, que vivía con la señora de Marcó y sus hermanas” relata Aveiro. Posterior al descubrimiento de la conspiración se encontró dicha embarcación en el lugar mencionado.

Como fue descubierta la conspiración

Cuenta el Cnel. Silvestre Aveiro, quien estaba con el Mcal. en ese momento, que López se enteró de que Venancio estaba con cierta libertad y en libre comunicación. Dice Aveiro que López «mandó llevar preso a Hilario Marcó, a quien le preguntó que como habiendo recibido orden de tener en estrecha vigilancia a aquel, había resultado hallarse en completa libertad, sin participársele, y tener orden al respecto». «Marcó tartamudeó unas explicaciones, y en las resultas fue mandado igualmente en arresto».

Continúa Aveiro que » Venancio, viendo la prisión de Marcó, y como para que no le gane en la confesión, llama al oficial de guardia, y le pidió que hiciera decir al Mcal. que enviara alguna persona de su confianza, para referirle ciertas cosas de interés. Inmediatamente fue enviado (por el Mcal) el ministro Caminos, a quien le hizo la revelación…» (la que se relata mas arrba).

Venancio López tenía una cierta inmadurez, lo que le ocasionaba inseguridad, debilidad de carácter, ingenuidad y docilidad, fácilmente influenciable, por lo que era un consentido de su hermano Francisco, quien le había perdonado muchos errores. Su apresuramiento para que su hermano Francisco se enterara primero de él y no de otra persona, obedece al hecho de que con esa actitud, su hermano Francisco le volvería a perdonar.

Ultima conversación entre Pancha y el Mcal., quien intenta salvarle la vida

Involucrada Pancha en el intento de envenenamiento del Mcal. y en vísperas de su declaración ante el tribunal de guerra, el Mcal. hace llamar por un sargento a Pancha, para hablar. En la conversación estuvieron presentes el Cnel. Silvestre Aveiro, el Cnel. Juan Crisóstomo Centurión y el Gral. Francisco Isidoro Resquín entre otros. Centurión y Aveiro coinciden plenamente en sus relatos, por lo que se elige el de Aveiro.

Esta es la conversación entre Pancha y el Mcal.: «López la recibió con mucha urbanidad. Después que pasaron los cumplimientos, le dijo López: Me he permitido interrumpir su marcha, para hablarle sobre un asunto que es de mucho interés para Ud.», pidiéndole enseguida que le hablara la verdad. A lo que (Garmendia) contestó que ella era una mujer incapaz de mentir».

«López, continuando le dijo: Así lo espero por la importancia de lo que le voy a decir. Me han informado los fiscales de la causa que se está siguiendo a varias personas, de que de las averiguaciones también resulta Ud. complicada, por el conocimiento y el silencio en que se había mantenido. Agregó que él no le iba a exigir que le refiera nada de lo que hubiese podido saber y silenciar, pero que le pedía que en caso de ser llamada por los fiscales, y examinada sobre los hechos, hablara con franqueza la verdad, delatando todo conocimiento que hubiese tenido en una trama contra su vida».

Sigue diciendo Aveiro que López continuó hablando «Que si se portaba de esa manera, él le daba la palabra de Jefe Supremo de la República, de que sería puesta en inmediata libertad…concluyendo por encarecerle aquel pedido, porque si se portaba de modo contrario…me ataría (hizo la señal de manos cruzadas y atadas en las muñecas) y no podré firmar su libertad».

«Ella protestó de que siempre hablaría la verdad, hablando en tono de coquetería, y entonces López le dijo: que él le hablaba con seriedad, porque la situación era grave, y que si le ayudaba del modo recomendado, haría por ella todo lo que pudiese en su beneficio». López ya sabía toda la trama y el conocimiento que ella tenía del mismo. Su gesto era por consideración para salvarla. Prosigue Aveiro que «Enseguida le dijo (López) al sargento que se retirara, y que ella pasara adelante a descansar un rato en la casa de él. Ella aceptó y pasó adonde estaba la Lynch, con quien estuvo hasta el momento de comer, a la que también fue invitada, y acabada la comida, la hizo acompañar con el Coronel Centurión, reiterándole la recomendación”.

Interrogatorio y declaración de Pancha

Al día siguiente de la conversación con el Mcal., comparece Pancha ante el Tribunal de guerra que estaba integrado por dos sacerdotes y el Vice Presidente Francisco Sánchez, actuando como secretario escribiente el Cnel. Silvestre Aveiro. «López había pedido al Tribunal que si Pancha respondiese en forma negativa a la primera pregunta, no la escribiera, hasta que él así lo dispusiese», dice Aveiro. Esto demuestra el gran amor que López sintió por Pancha y los esfuerzos por darle oportunidad para que confiese voluntariamente y así tener un motivo para salvarla.

Y comienza el interrogatorio: «Preguntada sobre el conocimiento de los planes de Marcó y Venancio, lo negó, dando cuenta de ello a López, quien mandó primero a un oficial y luego al Ministro Caminos, para que le recordaran (a Pancha) de su recomendación». López estaba intentando desesperadamente salvarla. «Pero ella se mantuvo firme». «Cuando fue muy tarde se le hizo retirar, sin escribir su negativa. Al día siguiente se continuó la diligencia, pero siempre lo mismo».

«Al final del día de su segunda comparecencia, el Mcal. volvió a enviar al Ministro Caminos ya al anochecer a decirle que estaba cansado de haber hecho por ella lo bastante, y que la abandonaba para seguir la suerte de su destinación, y a los fiscales (les mandó decir) que siguieran las interrogaciones y que hicieran constar su negativa».

«Hecho así, se llamó a un careo con su prima (Bernarda Barrios, donde estaba alojada, esposa de Marcó, uno de los principales autores), la de Marcó, quien le recordó citándole lugar, personas que estuvieron, y entrando en los detalles más minuciosos, y agregándole que todo estaba sabido, y que era inútil la negativa».

Pancha confiesa todo y pide intercesión del Mcal.

Terminado de hablar Bernarda Barrios de Marcó, dice Aveiro que «lloró un rato la Garmendia, y enseguida dijo: TODO ES CIERTO, agregando para los fiscales, que recién conocía de que había estado en un error, y que intercedieran por ella con el Mariscal». «Cuando dijo que todo era cierto, sin tocarle todos los puntos de su declaración, fue retirada ésta, y siguió aquella su relación tan completa, y en los mismos términos casi que hizo la segunda», relata Aveiro.

Prosigue éste, «Y hecho presente a López lo que había pedido, contestó que era tarde, que había tenido en poco su palabra, habiendo caído presos en el curso del sumario tres jefes de la familia Urbieta, por igual causa y mucho más». Aveiro concluye aquí su testimonio sin mencionar si hubo sentencia del tribunal. Tampoco lo hacen Centurión y Resquín.

El proceso a Juana Carrillo y sus dos hijas, Rafaela e Inocencia

Dice Aveiro que «En Itanārā mî, todabía se tocó la necesidad para completarse el sumario, de llamarse a declaración a la señora Carrillo, y sus dos hijas, y para el efecto pasaron los fiscales una petición al Mariscal, para el allanamiento de la persona de su madre».

Prosigue Aveiro que «Con tal motivo, convocó a una reunión compuesta de los mismos fiscales, del Vice Pte. Sánchez, Caminos, los generales Resquín, Roa y Delgado; los padres Espinosa y Medina, Centurión, Caballero, otros y yo; y dando de leer el sumario hasta el estado en que se encontraba, se retiró López, encargando que cuando termine la lectura fuera avisado, como en efecto lo fue, y entonces dijo: «que les llamaba para consultar sobre la opinión franca de cada uno, sobre si convenía el allanamiento de lo solicitado, o si por el contrario era conveniente cerrar la causa en el estado en el que se hallaba».

Continúa Aveiro que comenzó el Padre Maíz quien dijo: «que su opinión era cerrar la causa respecto de su madre y mismo con las hijas. Los demás concurrentes siguieron la misma opinión». «Cuando me tocó la palabra…dije que yo opinaba lo contrario, que la señora madre, habiendo sido la causa ocasionante de la pérdida de muchos ciudadanos…era necesario que pasara por la prueba de un juicio». «Con lo que se levantó López diciendo: que él no nos había llamado para oír lisonjas, sino para darle una opinión franca» y que procederá a allanarse a la petición fiscal.

Aveiro manifiesta que más tarde, López proveyó la nota fiscal y escribió al pie una petición al tribunal en los siguientes términos: «Sea interponiendo desde ya todo mi valer a favor de mi pobre madre, y en el de mis hermanas, todo aquello que la salud pública pueda permitirme». Con ésta petición, estaba solicitando la conmutación de la pena de muerte que el tribunal podía dictar, por otra pena, ya sea de prisión o de destierro, como lo hizo en el proceso de San Fernando

Comparecen ante el tribunal la madre y hermanas del Mcal.

Dice Aveiro que primero fueron llamadas por el tribunal «las hermanas (del Mcal.), de las cuales una mantuvo la negativa, y otra prestó las mismas declaraciones que la de Marcó y la Garmendia…y últimamente la madre, que se presentó indignada de este acto de violación, amenazando a los fiscales con correr al instante a su hijo, lo que intentó hacer, poniéndose a todo irracional, sin poder ni ser interrogada, y desde ese punto en todas las marchas y paradas llevaban una guardia de diez hombres con un oficial».

Aveiro, ni Centurión ni Resquín mencionan si el tribunal dictó sentencia y si fueron condenadas o no. Pero se deduce de las actuaciones y los acontecimientos posteriores que Marcó, su esposa Bernarda Barrios y las parientes de ésta, así como Pancha Garmendia fueron condenados a la pena de muerte. No así la madre, las hermanas del Mcal y Venancio, para quienes probablemente el tribunal conmutó la pena de muerte por otra. Las actas del proceso desaparecieron por lo que sólo existen los relatos de aquellos.

Fue azotada Juana Pabla Carrillo?

El Cnel. Silvestre Aveiro, quien escribió el acta del interrogatorio del Tribunal, dijo que no fue torturada pero que él le dio algunas «correcciones» por su comportamiento agresivo e irrespetuoso al tribunal. En otra parte de sus «Memorias» precisa que la «corrección» consistió en unos «cintarazos» por su actitud irracional.

Unos meses después, el 1ro de marzo de 1870, ya en la batalla de Cerro Corá, y cuando López estaba herido en el arroyo Aquidabán niguí, Aveiro sostenía a López sobre sus hombros, saliendo a buscar refuerzos para ayudarlo a salir por sobre el barranco. Cuando Aveiro regresa relata que, «Viendo yo que llevaban a López…me metí en el monte…y con otros compañeros, caminamos rumbo a concepción, donde salimos a los diez días. En este departamento nos enteramos que López había muerto.

Tomamos otro camino y…nos alcanzó Cámara. Estábamos sentados en el camino, comiendo naranjas verdes con el comandante Palacios. Llegó el Gral. Cámara y le dije a Palacios que no se levantara y que no dejara de comer la naranja. Cámara me interrogó brevemente y llamó a un capitán a quien le dijo: «lléveme presos a estos hombres».

«Un rato después me hizo llamar de vuelta el Gral. Cámara, quien luego de algunas palabras me preguntó si era verdad que me había tomado la audacia de pegar unos cintarazos a la Señora Carrillo, y le dije que era cierto; y que, preguntándome por qué, le contesté que era en cumplimiento de una orden recibida.

Entonces me dijo que la Señora le había pedido que en donde fuese tomado me fusilara, y le contesté: Que no me sorprendía que deseara tal cosa a un extraño cuando ha deseado tantas veces a su mismo hijo y que en fin podían hacer de mí lo que quisieran, toda vez que estaba en su poder…»

Ejecución de Francisca «Pancha Garmendia»

El Cnel. Juan Crisóstomo Centurión comenta en sus memorias, que muy temprano del día 11 de diciembre de 1869, se dispuso la marcha del ejército hacia el norte (camino a Cerro Corá), con todo el campamento. Antes de partir se dirigió a la casa del Mcal. López para pedirle instrucciones sobre qué hacer con los condenados.

«Me dirigí entonces al cuartel general. Encontré al Mariscal de pie en el corredor cerca de uno de los horcones o pilares de madera labrada. Le manifesté el objeto que me llevaba ante él. Enseguida, en un pedazo de papel blanco, escribió a lápiz contra el horcón, los nombres de Pancha Garmendia y de las hermanas Barrios y me entregó con la orden de mandar ejecutar. Me causó esto un gran dolor y una profunda pena; pero por dura que fuese, el caso no tenía remedio».

Prosigue Centurión que «Le hice una venia y me retiré. Llamé a mi segundo, el comandante Barrios, a quien entregué la lista, de puño y letra del Mariscal, con la orden del mismo para su cumplimiento». «El papelito me fue devuelto después de llevada a cabo la ejecución y lo guardé en mi caja. Esta fue saqueada en Cerro Corá y desapareció aquel junto con otros papeles que había en ella». Pancha y las demás personas citadas fueron ejecutadas con lanza por la escasez de municiones, el 11 de diciembre de 1869.

Conclusión.

1. Existencia de los delitos. Las confesiones de los acusados ante los tribunales, prueban que los delitos existieron, al ser coincidentes en todos los aspectos.

2. Legalidad de los Procesos. Los tribunales de guerra creados fueron legales. La Constitución de 1844 disponía en su Art. 1 que «La autoridad del Pte. de la República es extraordinaria en casos de invasión, de conmoción interior…» El Art 18 disponía que el Pte. de la República «es el juez privativo de las causas reservadas en el Estatuto de la Administración de Justicia».

Dicho Estatuto de 1842 establecía que «El Supremo Gobierno es Juez Privativo de las causas de traición a la República…y en la de atentar contra la vida del Supremo Gobierno de la República…».

Por decreto del 25 de febrero de 1868 el gobierno había declarado el estado de sitio, facultad otorgada al Pte. de la República por el Congreso Extraordinario de marzo de 1865, que en su Art 2 recordaba a las autoridades que en adelante regirá en todo el territorio, la justicia penal militar en tiempos de guerra.

3. Derecho a la defensa. Los acusados no han tenido defensores ni se los han nombrado de oficio. El Estatuto Provisorio de la Administración de Justicia disponía que «A los reos…se les notificará o requerirá…para el nombramiento de un defensor…y si ellos no lo hicieren…siendo insolvente el reo, al defensor general de pobres».

El derecho a la defensa de los acusados puede ser suspendido por el estado de sitio?, o por la facultad de «Juez privativo» en los delitos mencionados? O por la facultad «extraordinaria» del Presidente? No, los procesos mencionados han violado el derecho a la defensa de los acusados y condenados.

4. Las penas impuestas. Si bien la pena de muerte estaba prevista para estos delitos, la sentencia fijó penas sin distinguir que los delitos fueran en grado de tentativa o consumado. La Partida Siete de la Ley colonial española de las Siete Partidas vigente al momento de los hechos, distingue entre delitos tentativos y consumados, así como también la Constitución de 1844 que castigaba estos delitos «hasta” con la pena de muerte, según la gravedad.

5. Igualdad ante la ley. Juana Carrillo, Rafaela, Inocencia y Venancio López fueron autores materiales de los delitos, y López solicitó para ellos al tribunal de guerra la conmutación de las penas, que el tribunal tuvo en cuenta en su sentencia. Sin embargo, ni López ni el Tribunal no tuvieron la misma consideración con Pancha Garmendia.

Así termina la trágica historia de Pancha Garmendia quien nunca se casó. Francisco Solano no actuó por despecho como pretende la falsa historia, sino en cumplimiento de su obligación de jefe de gobierno y militar, y, por el contrario, intentó salvar a su amor de juventud, aunque no hizo todo lo que estaba a su alcance pues tenía la facultad de solicitar para ella la conmutación de la pena y no lo hizo. Unos meses más tarde, también Francisco encontraría la muerte en forma trágica, ella con 40 años y él con 43.

 

 

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