La triste obediencia de los creyentes católicos

El gobierno de Mario Abdo Benítez prohibió por decreto que millones de cristianos católicos del país vivan su fe mariana. Con el argumento de “proteger la salud pública”, es decir del contagio e infección del coronavirus, suma un desatino más para empeorar la salud –en este caso mental- de millones de paraguayos y paraguayas, de los cuales muchos buscan con desesperación agarrarse del algo para sobrevivir a la actual crisis económica, social y emocional que vive el planeta, a causa de la pandemia.

Por Arístides Ortiz Duarte

Si hay algo que la historia humana de 6 millones de años demostró irrefutablemente, ese algo es que el ser humano -más específicamente el Sapiens- no es solo carne, es también profundamente simbólico.

Los comunistas que gobernaron la ex Unión Soviética hoy saben que no se puede hacer desaparecer con los dictados del materialismo dialéctico la fe religiosa de la gente, luego de su frustrado intento durante 70 años en el “socialismo real”. Hoy la Rusia de Putin rebosa de religiosos.

Juan Martín Maldacena, un prominente físico cuántico argentino, investigador en la Universidad de Princeton, EE.UU., aportador a la física del denominado “principio holográfico”, cree en Dios, y para esto poco le importa el océano de matemática que respira diariamente.

El último estudioso –ateo- que explica magistralmente la utilidad práctica de la Ficción –la religión y la religiosidad son dos de sus grandes manifestaciones-, es el historiador israelí Noah Yuval Harari. En su libro “Sapien”, demuestra que la Ficción es la expresión mayor de la historia y la cultura humanas, el gran recurso -híperpragmático por un lado, híperabstracto por otro- inventado para que sigamos viviendo como especie en el vasto Universo. Hiperpráctico porque una Ficción –con más razón si es buena- puede salvar vidas o dar alivio o bienestar en momentos terribles de la vida.

No me sorprende que Marito no entienda esto (el lector imaginará porqué). Tampoco muchos ateos, porque ellos también viven su propia creencia y niegan la creencia de los demás. Los que me sorprenden son ese 85% de la población paraguaya que profesa el cristianismo católico. Ellos que -me supongo- saben lo que significa su creencia para ellos. Pero, además, siento mucho dolor por los cientos de miles de pobres y pobres extremos católicos de este país, porque sólo tienen su fe religiosa mariana para soportar la extrema dureza de la vida que les toca vivir, abandonados por el Estado y por los bienpensantes de este país.

Respecto de cómo evitar el contagio del coronavirus, cuál es la estrategia más inteligente para  no caer “de la sartén al fuego” –como está ocurriendo en el caso de la prohibición de la peregrinación a Caacupé- hasta la misma Organización Mundial de la Salud ya acepta, y promueve, que la solución no es ni el confinamiento ni las prohibiciones de circulación ni el distanciamiento social; la solución es el severo uso de mascarillas, el riguroso distanciamiento físico de dos metros entre personas, lavarse las manos hasta sangrar y no estar en grupo en lugares cerrados.  Esto demuestra que el decreto del gobierno, es insostenible. Porque el virus estará por mucho tiempo entre nosotros.

Lo más triste de toda esta situación es la obediencia de los millones de cristianos católicos de este país; de que no se animen a desobedecer un estúpido decreto que volverá sus vidas peor de lo que ya está. Y más triste aún es que un agnóstico, como yo, tenga que escribir un artículo como este en un país de católicos.

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