La necesaria paridad en la UNA

Por Inocencia Ramírez

 

La petición de representación paritaria no existe en las mejores universidades del mundo. Así como no existía hasta 1920 en los Estados Unidos la posibilidad de sufragar siendo mujer. Pues estas tenían roles y deberes diferentes al de los hombres, quienes sí debían involucrarse en la política. Sin embargo, es una necesidad real instalar mayor participación estudiantil en los espacios de gobierno universitario.

La universidad, inserta en esta sociedad no puede estar alejada de lo que en ella ocurre, por lo tanto los estudiantes, lejos de mantener una actitud sumisa y reservada, deben ocupar todos los espacios y generar los necesarios para ejercer la política en sus facultades, fomentando valores democráticos y desarrollando el pensamiento crítico, tan necesario para el progreso de nuestro país. De las universidades, deben salir los líderes políticos que intervengan en las decisiones que hacen al buen vivir de sus ciudadanos.

Nadie es capaz de negar la legitimidad de lo que exigen los estudiantes, hasta los más conservadores defienden la necesidad de contar con representación estudiantil en el gobierno universitario.

Si bien la corrupción es propia del sistema, son los estudiantes quienes pueden oxigenar los pulmones de la universidad con  transparencia y  responsabilidad al frente de esta o de alguna unidad académica. Teniendo en cuenta que son ellos quienes sufren los aciertos o errores del gobierno, sabrán obrar mejor en pos de un modelo que valore la democracia, el respeto, la excelencia académica y la investigación.

Por años la universidad ha estado en manos de una claque docente que la ha reducido a la mediocridad y la ubica muy lejos de los estándares de calidad a nivel internacional. Son los mismos eternos decanos o amigos de estos quienes gobierna as universidades y las han convertido en una casa llena de correlíes incompetentes, en una  estructura inútil para lo que el país requiere. Entonces, ¿por qué seguir confiando las riendas de la universidad a los mismos de siempre? ¿Por qué no permitir que la juventud con sus ideas e ideales frescos mejoren la calidad universitaria?

En un siglo que requiere profesionales, pero sobre todo humanos -porque de máquinas nos vamos llenando- resulta demasiado importante crear nuevas formas de relacionamiento y participación. No es posible seguir perdiendo el tiempo con actitudes egoístas y sectarias cuando la universidad requiere el trabajo coordinado de todos sus estamentos para obtener la calidad que la globalización exige.

La prioridad del estudiante es formarse íntegramente y para esto no puede estar alejado de la política, pues de ella dependen las posibilidades para desarrollar todas sus capacidades. El desafío está en lograr abstraerse para entender que el acceso a libros, la investigación, la elaboración de proyectos y toda tarea científica, están subordinadas a las decisiones políticas que se tomen.

No basta con denunciar la corrupción o el abuso de poder y tener alguna representación estudiantil meramente testimonial. Urge como sociedad que la participación estudiantil sea real y concreta, que ante cada acontecimiento la universidad tenga una postura e intervenga en el sino del país.

La solución no se reduce al reemplazo de docentes por estudiantes en los órganos directivos, sino en lograr que ningún estamento pueda decidir los destinos de miles de estudiantes desde la cómoda mayoría absoluta. Porque de esta manera se entroniza la corrupción, el clientelismo y el nepotismo en sus decisiones. Porque la universidad realmente pública y democrática no se construye con los capitanes de la ruina.

 

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