La música en colegios no debería ser una asignatura menor.

Por Gabriel Lema*

Cada vez que tengo la oportunidad de dar clases de música en colegios me enfrento a la misma sensación, que la música es injustamente considerada una asignatura menor por alumnos, colegas, padres y directivos, divertida tal vez, pero que puede ser eliminada en pos de intereses educativos más elevados.

Nada más lejos de la realidad, la música es la materia más importante de un programa académico. ¿Por qué? Porque nutre a absolutamente todas las otras áreas:

– Lectoescritura: ¿Qué es leer? Interpretar símbolos escritos y asociarlos a un sonido. Las veces que he probado trabajar con niños en edad preescolar en la lectura musical, he logrado que leyeran ocho símbolos (redondas, blancas, negras, corcheas y sus respectivos silencios) en la primera clase. Además pueden escribirlos a partir de un dictado sin demasiado esfuerzo.

– Matemáticas y física: la música no se nutre de la matemática, la música es matemática. Me atrevo (irresponsablemente) a decir que es la forma más excelsa de la matemática. Alcanza con proponer unas pocas clases de armonía para entender el punto, las relaciones interválicas entre los sonidos, las construcciones escalares, las fórmulas de acordes, las subvidivisiones de tiempos, las cifras de compás, la transposición, las proporciones en la forma, las relaciones geométricas entre los símbolos de una partitura, son todos ejercicios matemáticos de primera línea. Si a eso le sumamos los componentes vibratorios y de resonancia, podemos enfrentarnos a la física con ejemplos muy concretos. ¿Querés definir fricción? Nada como el arco de un violín.

– Ciencias sociales: toda revolución histórica ha tenido su contraparte artística (y aquí no solo señalo a la música). No hay mejor manera de enseñar historia que asociándola a la banda sonora de su época, brinda conceptos y referencias sólidas a la evolución de los hechos. Tenés que explicar la anarquía, tenemos el punk, explicá el nazismo con Wagner y todo tendrá mucho más sentido.

– Lenguaje e idiomas: más allá de la obviedad de aprender inglés con canciones en ese idioma, la sensibilidad musical es la misma que permite identificar la cantidad de matices e inflecciones de un idioma. De hecho la música es un idioma, universal por cierto y no como esa chantada del esperanto.

– Nuevas tecnologías: pediles a los chicos que agarren un software de síntesis de sonido y los vas a ver programando en función de un objetivo concreto: crear un sonido. Se puede trabajar con máquinas de ritmo, con el autotune, softwares de grabación, plataformas de distribución de música. Las posibilidades son cuasi infinitas.

– Educación Física: Es muy importante trabajar la resistencia, la fuerza o la potencia practicando deportes, pero la precisión, la sutileza, la relajación y la coordinación se trabajan de manera incomparable simplemente estudiando un instrumento y aunque parezcan atributos poco importantes, son extremadamente necesarios en el día a día.

– Y por último y no menos importante, todas las consideraciones sociales que se desarrollan y profundizan en el colegio: siendo parte de un ensamble como una banda, un coro o una orquesta uno puede desarrollar la capacidad de escuchar y valorar la importancia y el aporte del otro, se pueden establecer liderazgos, se puede fomentar el trabajo en equipo, la tolerancia, la autodisciplina, el respeto al espacio y tiempo de los demás. Sin contar que es el lugar de escape más seguro cuando las cosas no nos van bien.

Es bastante limitado pensar que dar clases de música es memorizar cuándo nació Mozart, (mal)cantar un par de canciones en los actos escolares y recortar de una revista figuras de las familias de instrumentos. La vida escolar promedio de un niño es de 12 años, casi se vuelve adulto en ese proceso. Me arriesgo a opinar que podríamos formar músicos completos en ese tiempo si se le diera el tiempo suficiente a la materia, pero aunque no sea ese el objetivo, tenemos muy a mano una herramienta formativa como ninguna otra y lamentablemente se está desperdiciando por no darle el protagonismo que merece.

*Músico y docente.

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