La muerte del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y fuentes doctrinarias de su Gobierno

Por Alberto Alderete

El domingo 20 de setiembre de 1840, a la una y media de la tarde, se apagaba la vida del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia a causa de la gota a los 74 años.  Tres días antes, el 17 de setiembre se agravó su enfermedad. Esa mañana los cuatro comandantes, Arroyo, Cañete, Maldonado y Pereira acudieron para recibir las órdenes habituales, pero ya no pudieron ser recibidos y sólo fueron atendidos y despedidos por el  secretario de gobierno Policarpo Patiño. Angustiado su médico personal Juan Vicente Estigarribia  le comunicó a Francia la gravedad de su estado, recomendándole que adoptase alguna disposición sobre su reemplazante en el gobierno, a lo que contestó: “que no me molesten con esas zonceras”, limitándose a dar instrucciones verbales sobre los pocos bienes que tenía.

El 19 de setiembre en horas de la noche, mandó llamar al subteniente Ojeda quien acudió al instante, pero ya no pudo hablarle a pesar del esfuerzo. Durante toda la noche del 19, la madrugada y la  mañana del 20 se prolongó la agonía. Murmuraba entre dientes como soñando. Su médico mandó llamar a Policarpo Patiño, a su única hija Ubalda García y a la cuidadora de esta, María Roque Cañete, quienes estuvieron con él en esos últimos momentos. En la mañana del domingo 20, Estigarribia le tomó el pulso sintiéndolo muy lánguido. A la una y media de la tarde paró su pulso y pasó a la eternidad. Murió en su cama no en postura natural, sino atravesado en ella con la cabeza colgada hacia el suelo. El cuerpo fue colocado sobre una mesa en la sala principal, y a los pocos minutos una multitud se congregaba al rato alrededor de la casa de gobierno, y la gente de pueblo lloraba preguntándose si era posible que hubiese muerto el Karaí Guasú. No había acumulado riqueza porque su vida fue ejemplo de austeridad y honestidad; había vivido  y muerto pobre.

Su quinta de Ybyray (hoy barrio Trinidad) heredado de su padre dejó a su hija Ubalda; sus sueldos no cobrados de 36.564 pesos fuertes con dos reales, fueron repartidos a los soldados como era su voluntad, 400 pesos usados para el funeral y 400 pesos además de sus ropas, un baúl y cuatro cajas dejó a su única hermana sobreviviente, Petrona Regalada Francia. Habiendo gobernado 27 años, no había dejado reemplazante ni instrucciones para la sucesión. Había nacido un 6 de enero de 1776, de donde provenía su nombre Gaspar. La bandera tricolor fue izada a media asta, redoblaron las campanas y se dispararon salvas de artillería durante tres días. Sus restos fueron sepultados el 22 de Setiembre de 1840 a la una y media de la tarde, en la iglesia de la Encarnación (destruido por un incendio en 1889, hoy plaza de Los Comuneros, frente a la cámara de diputados), en un mausoleo construido para el efecto, luego de  la misa de cuerpo presente oficiada por el cura de la Catedral José Casimiro Ramírez. El mausoleo o panteón, fue ubicado al lado del evangelio, cerca de la mesa del altar mayor de dicha iglesia.

Vivía sólo, acompañado de un sirviente, pues nunca se había casado, teniendo sólo amoríos de juventud, siendo uno de ellos el de María Juana García, madre de Ubalda quien vivía frente a la casa quinta del Dr. Francia en Ybyray, hoy barrio Trinidad, detrás de la actual casa de Juan Carlos Wasmosy. Ubalda, hija no reconocida, aunque cuidada por su padre, se casó con Juan de la Cruz Cañete, hijo de su cuidadora María Roque Cañete. El Dr. Francia tenía una única hermana llamada Petrona Regalada Francia, quien bañaba velas de la iglesia y hacía  cigarros para sobrevivir, y le liaba sus cigarros a su hermano Gaspar, quien no bebía ni tenía otros vicios salvo el cigarro. Los hermanos  Robertson, escoceses, quienes conocieron a Francia describieron su aspecto físico como: «Moreno, de ojos negros muy penetrantes, su umbrosa cabellera que peinaba hacia atrás descubría su amplia frente para desvanecerse en naturales ondas sobre sus hombros, que le daba un aire de dignidad que atraía la atención. Aunque tenía una expresión severa y una inflexibilidad latente en su semblante, se esfumaban apenas se sonreía, produciendo por el solo contraste un efecto cautivante en quienes con él conversaban.»

En vida, ningún pueblo o villa llevó  su nombre porque no lo  permitió. No aceptó nunca regalo alguno pues lo consideraba un adulo. En vida, fue el Karaí Guasú para el pueblo, y luego, para la gente de la campaña fue “El finado”. Varios años después, los campesinos se ponían de pie y se descubrían al mencionarlo. Sus restos no están en el Panteón Nacional de los Héroes donde los paraguayos tenemos a nuestros héroes y les rendimos honores. Y con toda seguridad están en el predio de la actual plaza de los comuneros donde estaba la antigua iglesia de la Encarnación ya derrumbada, sito frente a la cámara de diputados

La ideología de su gobierno

Luego de la revolución del 14 y 15 de mayo de 1811 se instituyó el “Triunvirato”; el Congreso del 17 al 20 de junio eligió una “Junta Superior Gubernativa” de cinco miembros; el Congreso de 1813 designó a dos “Cónsules”; el Congreso de 1814 eligió un “Dictador Supremo” por cinco años y el de 1816  declaró a éste “Dictador Perpetuo de la República”. Es muy difícil caracterizar al gobierno, el modelo económico y la ideología de la revolución y de su principal exponente, el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, porque su naturaleza es compleja y  si se inicia  un esquema de caracterización, ésta se vuelve contradictoria e insuficiente. Sin embargo, hay rasgos preponderantes de su gobierno que permiten hacer una caracterización

Fuentes doctrinarias de la revolución

hay un consenso dentro de las diversidades interpretativas, de que, en lo político e ideológico, las principales fuentes de inspiración, fueron las ideas de la revolución francesa de 1789 y de uno de sus principales  doctrinarios, Juan Jacobo Rousseau, la república de Roma antigua y en parte, la revolución de independencia norteamericana. La inspiración rousseauniana se puede reconocer claramente, entre otros documentos, ya en la nota del 20 de julio de 1811 dirigida a la Junta Gubernativa de Buenos Aires. La tesis de la nota del 20 de julio, es que, deshecha la representación del Rey de España, se ha producido la reversión de la representación en el soberano que es el pueblo, que a la vez expresa la voluntad general, y esa reversión permitió que el mismo recobrara su libertad natural de pactar, que tendrá como resultado la república del Paraguay.

La Dictadura creada por el Congreso General de 1814, y que la ejerció el Dr. Francia, es una forma de gobierno a la que hace referencia Rousseau en el Capítulo VI del Contrato Social, cuando dice que “En casos de gravísimo peligro…cuando así lo exija la salud de la patria… en estos casos raros y manifiestos, se provee a la seguridad pública por un acto particular que entrega el cargo en manos del más digno. Más si el peligro es tal que el aparato de las leyes constituye un obstáculo para dominarlo (al peligro), entonces se nombra a un jefe supremo que haga callar las leyes y suspenda temporalmente la autoridad soberana. En este caso semejante, la voluntad general no puede ponerse en duda, porque es evidente que la primera intención del pueblo es la de que el Estado no perezca”.

Las contradicciones con las ideas de Rousseau

Sin embargo, seguidamente Rousseau agrega que, “cualquiera que sea la manera como se confiera esta importante comisión (la dictadura o el consulado), conviene fijar su duración con un tiempo muy corto e improrrogable” de seis meses. Es en este punto que  la Dictadura perpetua, contradice la doctrina de Rousseau. Francia adaptó dicha doctrina a las condiciones políticas del momento. La Dictadura era concebida por Francia como un instrumento para salvar a la patria del peligro de la reinstalación de la corona española, de la pretensión de Buenos Aires y de los portugueses. Este peligro venía tanto desde afuera como desde adentro del país, pues existían en el país realistas (corona española) y porteñistas que no comulgaban con la política de independencia real.

Alta legitimación de la voluntad general

La voluntad general o soberanía popular de la que habla Rousseau, estaba plenamente expresada en el Congreso de 1813, de la que participaron 1.100 delegados que creó la República y el Consulado; en el Congreso de1814 con igual número de delegados que eligió un Dictador Supremo de la República, y en el de 1816 con 250 delegados que eligió al Dictador Perpetuo de la República. La elección de estos diputados se hizo en elecciones populares y libres, y votaron “todos los hombres, casados o solteros mayores de  23 años, sin distinción de calificaciones en cuanto a bienes o alfabetización”. En el Río de la Plata sin embargo el voto sólo estaba permitido a los hombres que tenían propiedad e instrucción. La “voluntad general” enunciada por Rousseau tendría una alta legitimación si se considera que cada delegado representaba a 160 personas, las que han elegido libremente a cada uno de los delegados que expresarían su voluntad en los Congresos de 1813 y 1814, estimando que el Paraguay tenía 190 mil habitantes aproximadamente en esa época.

La economía de dependencia

Al producirse la revolución de 1811, el Paraguay formaba parte del Virreinato del Río de la Plata, y su economía formaba parte de una cadena de dependencia metrópolis-satélite. La yerba  mate tenía que pagar dos impuestos intermediarios de aduana, los provinciales y la alcabala. Con el tabaco pasaba igual. Los productores paraguayos de tabaco eran expoliados por el estanco del tabaco, que debían enviar sus productos a Santa Fe; de aquí a Buenos Aires, de donde se distribuía a Tucumán, Potosí, Chile, Lima y Quito. En cada punto de la ruta tenía que pagar un impuesto. En 1798, el gobernador Lázaro de Rivera informaba al Rey que, de una población de casi 100.000 habitantes, “más de 50.000 almas viven en una indigencia total, sufriendo con paciencia los efectos terribles de la desnudez, de la miseria y de la opresión”.

Producida la independencia de Buenos Aires de España, la altanera ex capital del virreinato quería ocupar el lugar que España tenía con sus provincias. Cuando los revolucionarios paraguayos declararon la independencia del Paraguay y crearon la república, comenzaron los hostigamientos y conspiraciones contra el gobierno paraguayo, así como  los bloqueos portuarios a los productos paraguayos, que tenían como objetivo asfixiar al Paraguay para someterlo y anexarlo, pues la economía paraguaya se basaba en la exportación casi exclusiva de la yerba y el tabaco. Para 1816, el bloqueo al comercio y los asaltos de federales y unitarios, aniquilaron el comercio del país y las exportaciones se desplomaron. El comercio era la sangre vital de las élites del país, y la política de no sometimiento del Paraguay a Buenos Aires, causaba la ruina de las mismas

Las conspiraciones para derribar al gobierno

Hubo varias conspiraciones para derribar al gobierno en especial de las élites, y la última fue la gran conspiración de  1820. Todo se descubrió cuando Juan Bogarín, miembro de uno de los grupos que preparó la conspiración, siendo una persona muy devota y no pudiendo soportar el peso de su conciencia, se confesó al Fray Anastacio Gutiérrez relatándole de todo el complot de asesinato, quien, como penitencia, le sugirió que revelara la conspiración al Dr. Francia, como  efectivamente lo hizo. Las reuniones se hacían en la casa del Dr. Marcos Baldovinos, y el plan consistía en asesinar al Dr. Francia, el viernes santo, durante su caminata habitual de la tarde. Luego de la purga, Fulgencio Yegros tenía que asumir el gobierno; Pedro Juan Caballero y el Capitán Miguel Montiel debían hacerse cargo del ejército, apoyados por otros oficiales. Al descubrir la conspiración, el Dr. Francia  envió a prisión a los complotados y confiscó sus propiedades pero no los condenó a la pena capital. Pero el 3 de julio de 1821, una patrulla fronteriza paraguaya capturó a un emisario del caudillo argentino Francisco Ramírez, quien portaba una carta de éste dirigida por Ramón de Cáceres, segundo de Ramírez (este ya había vencido al General José Gervasio Artigas), a Pedro Juan Caballero, dándole instrucciones a éste para que informara a Fulgencio Yegros que en la brevedad vendría la ayuda. Se refería a una invasión que haría el ejército de Ramírez al Paraguay en apoyo a los conspiradores paraguayos. Dos semanas después de la interceptación de la carta, fueron fusilados Fulgencio Yegros, el Dr. Baldovinos, el capitán Miguel Montiel y el Dr. Juan Aristegui, y Pedro Juan Caballero se suicidó en la cárcel. Luego 20 complotados más fueron fusilados.

Despotismo y arbitrariedades

El gobierno de Francia fue sin duda despótico. Ha cometido muchos excesos y arbitrariedades como algunas confiscaciones de bienes, apresamientos y confesiones obtenidas  bajo torturas que, aunque legales conforme a las leyes españolas vigentes en ese tiempo, no eran confiables para dictar una condena. Muchos condenados  como santafesinos, cordobeses y otros que recuperaron su libertad luego de la muerte del dictador, no sabían la razón por la que estaban presos. De la suma y la resta de lo hecho y dejado por el Dr. Francia, es indudable que los activos superan ampliamente a los pasivos: Ha contribuido para dejar una república independiente en lo político y económico, una población libre de miserias, de analfabetismo, y un país rico y potente.

Francia propugnaba el libre comercio de ultramar

Desde la revolución de mayo, el gobierno paraguayo representado por el Dr. Francia, soñó con el desarrollo de un comercio paraguayo de ultramar; reclamaba la libertad del río de la plata y de sus tributarios, el Paraná, el Uruguay y el Paraguay, como vías internacionales, libre de impuestos intermediarios. Era partidario de una política librecambista, lógica en una clase que producía para el mercado mundial. El gobierno paraguayo quiso abrir un comercio directo con Inglaterra en 1814 y Buenos Aires lo estorbó. Lo intentó de nuevo en 1825 y Buenos Aires lo estorbó otra vez. Así lo confirma Jhon Parish Roberton, comerciante y escritor inglés que vivió en Paraguay entre 1811 y 1815 y luego fue a Buenos Aires. El mismo confiesa que Francia le dijo lo que repite en su obra: “Antes que Buenos Aires hiciese su tratado con Inglaterra en 1825, el doctor Francia invitó a Sir Woodbine Parish , a celebrar un tratado, por el que pudiese Paraguay entrar en comercio libre con Gran Bretaña. El ministro inglés rehusó tratar con Paraguay, sin duda porque Buenos Aires lo exigió como condición de su propio tratado”.

No era el Paraguay el que se cerraba al comercio mundial, al libre cambio y a las relaciones internacionales.  Francia no buscó nunca el aislamiento, sino que se lo impusieron. Era Buenos Aires que se lo impedía y que a la vez lo hacía ante Inglaterra.

La modificación del modelo económico y el apoyo del gobierno sobre las clases populares

El Dr. Francia se convenció de  que la independencia política de la república no tenía futuro si se mantenía el sistema económico de dependencia del país, lo que lo obligó a emprender una labor colosal: crear y desarrollar un modelo económico que librara al Paraguay de la dependencia económica, como condición para la sobrevivencia de la independencia política. Fracasada la política librecambista, el aislamiento impuesto al Paraguay obligó al país a levantar una economía defensiva: a) una radical reforma agraria que comenzó con la nacionalización casi total de las tierras, su adjudicación en usufructo y arrendamiento a las familias pobres que la querían trabajar y la ayuda del estado en forma de provisión de ganado vacuno; b) la nacionalización del comercio exterior de los principales productos de exportación, yerba mate y tabaco; c) el autoabastecimiento económico del país; d) una rudimentaria planificación de la producción y,  e) un singular sistema impositivo con características progresivas, que gravaba a las clases más pudientes, estableciendo impuestos especialmente bajos a los de escasos recursos.

Acompañó a estas medidas económicas, una política de activa participación social sobre la cual descansó el apoyo de su gobierno:  a) la base social del gobierno estaba compuesta fundamentalmente por las clases populares como pequeños y medianos agricultores, peones, artesanos, pequeños comerciantes e industriales; d) No había grandes diferencias de clases sociales, sino una cierta igualdad, al ser removidas las élites contrarias a la independencia; e) la independencia total de la nación de todo tipo de dependencia extranjera; f) la asunción de la educación pública como una responsabilidad del estado; g) las asambleas o congresos electivos estaban integrados fundamentalmente por diputados de clases populares; h) el sufragio universal no exigía instrucción ni propiedad como era en países vecinos y había una alta proporción de electores por diputado electo;, y, i) el gobierno beneficiaba a los más pobres.

No fue un sistema socialista.

Hay ciertos sectores de izquierda y de algunos intelectuales liberales como Justo Pastor Benítez que caracterizan a la experiencia francista como socialista. Sin embargo, la implementación de todas estas medidas no hace socialista a un sistema económico, político y social, porque para la doctrina  marxista, para que una sociedad esté en condiciones de llegar al socialismo, es necesario un gran desarrollo de las fuerzas productivas y una participación activa y consciente de los trabajadores en el manejo de la economía y la gestión gubernamental. El Paraguay de ese período, sin embargo, tenía un escaso desarrollo de sus fuerzas productivas y su economía era total y absolutamente agraria, ni siquiera había llegado aún al capitalismo; tenía una población escasa y la mayor parte de su territorio estaba despoblado e inexplorado. La población no participaba en las gestiones de la economía ni de la política gubernamental como exige el marxismo, sino que actuaba en forma pasiva, en un sistema en el que más bien se sentía identificada en el caudillo paternalista, que comenzaba a surgir y se haría común en América Latina del siglo XIX, que aglutinaba, expresaba y procuraba lo que el pueblo necesita, confiaba en él y lo apoyaba. No había los presupuestos que el marxismo requiere para que el Paraguay de Francia sea caracterizado de socialista. Además, Carlos Marx publicó el Manifiesto Comunista en 1848 y El Capital en 1867, y el Dr. Francia murió en 1840 sin haber conocido dichas teorías. Y si bien existían socialistas pre marxistas, el Dr. Francia tampoco los conocía.

¿Y qué fue entonces la experiencia Francista? En lo económico, fue un sistema pre capitalista que buscaba avanzar hacia la civilización capitalista conducida por el estado; en lo político, fue una dictadura basada en la República que rigió en Roma antigua entre los años 509 a. C. y 27 d. C. (Dictadura, Consulado) que recogió Rousseau y aplicó la revolución francesa en 1795 (Consulado). Estos ensayos institucionales republicanos se hicieron ante la ausencia de una república moderna que sirviera de referencia, por lo que tuvieron que recurrir a instituciones republicanas de Roma de dos mil años atrás. Esta dictadura se estableció sobre la  base de una rudimentaria estructuración republicana, consignada en el Reglamento de Gobierno de 1813 que  no era propiamente una constitución como actualmente se la conoce, aunque sí era  una ley que  tenía características constitucionales como la organización del gobierno, la soberanía popular como base del sistema republicano y la mención a un sistema judicial a ser creado. En lo social, el gobierno benefició al pueblo, en especial a las clases pobres. Todos los habitantes trabajaban, no había desempleo, no había hambre y casi todos los habitantes sabían leer y escribir.

La educación y relaciones con la iglesia

 

Para 1825, la educación primaria pública y gratuita se hizo obligatoria y en 1834 el estado estableció el sueldo a 140  maestros, encargados de los 5. 000 alumnos de todo el territorio. A la muerte de Francia casi todos los habitantes sabían leer y escribir. Sin embargo, se suprimió la educación secundaria. El Obispo español Pedro García Panés, exigió al gobierno la posición del “Patronato Real”, por el cual la iglesia paraguaya estaba sometida sólo a su propia jerarquía y en última instancia, sólo a la autoridad real española. Este pedido  molestó a Francia porque una parte del clero seglar y secular estaba en contra de la independencia y temía que la iglesia con su enorme poder conspirase contra el gobierno. Pocos meses después de descubrirse la gran conspiración de 1820 y ante la insistencia del Obispo Panés, el gobierno prohibió la injerencia de autoridades religiosas del exterior en las comunidades religiosas, dejando a las comunidades religiosas paraguayas “libres y absueltas de toda obediencia y enteramente independiente de la autoridad de los Provinciales, Capítulos y Visitadores Generales de otros Estados, Provincias o Gobiernos”,  y exigió al clero a prestar juramento de lealtad; abolió el “Fuero Eclesiástico”, poniendo al clero bajo la jurisdicción civil y asumiendo el control financiero del clero, pagándole sus salarios. Ante las amenazas de excomunión del obispo Panés, el Dr. Francia contestó que “si el Papa vienese al Paraguay, yo lo haría mi capellán”. Sin embargo, en 1838, cuando la independencia ha sido consolidada, el gobierno decretó que las autoridades eclesiásticas y los curas prestasen de nuevo obediencia al Obispo.

Conclusión

Iglesia de la Encarnación donde fueron sepultados los restos del Dr. Francia. Fotografía tomada en la mañana siguiente del incendio ocurrido en 1889, sitio que hoy ocupa la Plaza de los Comuneros.

Si en algo hay un consenso entre las diversas corrientes históricas es en la absoluta honestidad y austeridad del Dr. Francia, quien castigaba ejemplarmente a los que robaban al estado. Nunca usó su enorme autoridad para no pagar por algo comprado o apropiarse arbitrariamente de los bienes de otros. Fue coherente con sus convicciones republicanas al rechazar todo tipo de culto a la personalidad, pues no permitió que durante su vida ningún pueblo o ciudad lleve su nombre. También hay un consenso sobre la inspiración ruossoniana de su gobierno y la creación de la república. La dictadura fue intolerante con los que conspiraron contra la revolución de independencia, aunque muchos de esos castigos, encarcelamientos y  confiscación de bienes fueron exagerados o arbitrarios. Tanto el consulado como la dictadura deben ser vistos a la luz del desarrollo de las instituciones republicanas de la época, por lo que, resultan inapropiados el uso de  los estándares de las modernas repúblicas democráticas actuales para caracterizar y calificar al gobierno del Dr. Francia.

Los valores republicanos de honestidad, transparencia y austeridad practicados por el Dr. Francia deben servir de referencia y de ejemplo a seguir, más aún cuando en la actualidad está muy generalizada la anti cultura de la deshonestidad, del éxito fácil sin sacrificios, del querer el dinero a cualquier precio sin tener en cuenta su origen y de la corrupción generalizada de los políticos y de los funcionarios del estado. Debemos estar orgullosos de haber tenido alguna vez  gobernantes honestos y austeros, porque significa que el patriotismo no es algo utópico y que alguna vez existió; que el robo y la corrupción no siempre existieron, que esos anti valores no son partes naturales de las cosas y que alguna vez deben desaparecer.

Y, por último, es una negligencia imperdonable que los restos del Dr. Francia aún no estén en el Panteón Nacional de los Héroes, cuando los mismos están con toda seguridad en la actual plaza de los comuneros. Resulta muy fácil ubicar los restos, reproduciendo en forma digital  el lugar donde estaba el evangelio, cerca de la mesa del  altar mayor de la iglesia de la Encarnación. Algún parlamentario corregiría una gran injusticia contra el principal autor de nuestra república, promoviendo un proyecto de ley que busque y que encuentre los restos del gobernante para colocarlos en el lugar donde los paraguayos le tenemos a nuestros héroes y les rendimos honores, en el Panteón nacional de los Héroes.

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