La imposible dignificación del usuario del transporte público

Por Susy Delgado*

¿Cuál es el poder secreto, incontrolable de los transportistas, que ahora se les promete un nuevo regalo por el pésimo servicio que ofrecen?La experiencia de los colectivos que teórircamente iban a solucionar todos los problemas de sus antecesores «chatarra» resultaron un fracaso completo y una nueva burla al público usuario que no tiene otra alternativa un poco más decente que viajar en estas máquinas inhumanas, a un precio que no se ha justificado nunca. Todas las promesas que hicieron los transportistas cuando se inició este experimento no se cumplieron más que en algún caso esporádico y mínimo, cuando el azar reunió ciertas condiciones que deberían ser rigurosas cuando se quiere cumplir verdaderamente los compromisos y se tiene un real respeto al público.
Lo «normal» en estos colectivos es que se transportan pasajeros que rebasan largamente el número recomendado o racional, que deben apretarse en las más increíbles posiciones en los pasillos y pequeños rincones donde les quepa al menos un pie, y si no tomaron la precaución de ubicarse al inicio del viaje junto a la puerta de salida -si todavía podían llegar a ella- su descenso se convierte en una obligada batalla campal con la multitud apretujada que unánimemente lucha por respirar y mantener un mínimo equilibrio en esta verdadera sesión de tortura. Y esto se debe a que, salvo muy contadas excepciones, los colectivos están muy mal diseñados, de modo que en vez de facilitar la circulación, el acceso y el descenso, imponen todo lo contrario a los usuarios.
En cuanto al sistema de aire acondicionado, su buen funcionamiento también depende de ciertas circunstancias fortuitas, empezando por el buen conocimiento que deben tener los choferes del mismo. El principal objetivo del aire acondicionado en estos colectivos, se supone que era combatir el calor agobiante que sufrimos en nuestro país, más de la mitad del año, objetivo que no se cumple en absoluto con la costumbre de embutir personas en todos los menores espacios de esas máquinas infernales, logrando mas bien el efecto contrario. Para agudizar la burla, que termina provocando ese conocido dicho de «Japuka rei jevy…» es que sin haber cumplido dos años esta fallida experiencia, los orgullosos sistemas de aire acondicionado de muchos vehículos se convirtieron en regaderas no solicitadas que mojan impunemente a los pasajeros que osan sentarse en las hileras de asientos ubicadas bajo los conductos. En medio de tanto desastre, hubo alguien que le encontró el lado positivo cuando la lluvia gratuita calmaba precariamente el calor infernal que estos sistemas nunca pudieron disminuir.
El inventario de desaciertos podría ser muy extenso, pero culminamos nuestro recuento con un detalle que, en una frenada brusca, le acarreó un tremendo empujón y consecuente caída al fondo de la escalera de acceso de un colectivo, a una pasajera que debió cambiar su agenda del día y de la semana, con una respetable colección de golpes y dolores corporales, además de algunos gastos nada simpáticos. Y es que las escaleras de estos vehículos, además de que obligan a los pasajeros a hacer un gran esfuerzo para alcanzar el primer escalón altísimo, muchas veces presentan tres o cuatro escalones más de una altura casi igual…
Y en este muestrario de cosas ofensivas, lo que parece absolutamente inaccesible es una escalera a la dignidad del usuario del transporte público.

* Es escritora, Premio Nacional de Literatura 2017

Foto de Martín Crespo

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