La herencia fascista en Chile y América Latina

Por Renato Recalde

«Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos». Salvador Allende, discurso del 11 de septiembre de 1973, a las 9.10 horas, en el Palacio de La Moneda, Santiago de Chile.

El golpe de estado en Chile en 1973 al gobierno socialista de Salvador Allende significó el mayor desplazamiento militar en Latinoamérica en tiempos de paz. Ese despliegue se organizó para destituir y asesinar al presidente constitucional y aniquilar toda reacción popular contraria al golpe. El programa golpista tenía dos objetivos: sitiar militarmente el Palacio de Gobierno para capturar al presidente y ejecutar una guerra relámpago contra la sociedad civil como medida de «apaciguamiento».

A primeras horas del 11 de setiembre los altos mandos militares de Infantería, Marina, Fuerza Aérea y Carabineros movilizaron un contingente de más de 85.000 soldados. A estos se sumó un grupo de 10.000 civiles fascistas. Se conformó un comando mixto de asalto de alrededor de 100.000 hombres. A punta de ametralladoras, carros blindados y tanques de guerra invadieron todo Chile, ahogándolo en un mar de sangre como medida de «apaciguamiento».

A las 9:00, tres horas después de la invasión militar golpista a tempranas horas, se inició el cerco militar al Palacio de Gobierno, donde se esperaba la inmediata rendición y entrega del presidente Salvador Allende. El plan conspirativo se topó con la heroica resistencia armada de 42 civiles, entre ellos el mandatario. Resistieron cinco horas al asedio militar. El presidente Allende terminó acribillado por una ráfaga de fusil ametrallador.

«Alfa uno» fue la denominación militar al plan de asalto al Palacio de La Moneda y captura de Allende. «Beta uno», también llamada «Operación pinzas», era la guerra relámpago contra el pueblo chileno para el exterminio de líderes sindicales, campesinos, estudiantiles, artistas e intelectuales. Finalmente, contra toda organización popular que pudiera terminar en focos de resistencias ante la invasión.

Así, en las primeras 20 horas de «Beta Uno» el saldo de muertos fue de 3000 civiles. Este número ascendió a la macabra cifra de 15.000 personas al cierre de 18 días, sumiendo a la población Chilena en un terrible estado de shock que daría inicio al régimen fascista del General Augusto Pinochet. El plan del golpe militar fue diseñado un año antes de su ejecución, mediante el servicio de inteligencia de las fuerzas armadas chilenas, con el asesoramiento de militares norteamericanos y brasileños, para frenar el programa socialista del gobierno de Allende y aplastar los «motores del marxismo». Estos “motores del marxismo” socavaban los intereses de grandes consorcios norteamericanos y la hegemonía regional del imperio estadounidense. El imperio y sus lacayos locales no podían permitir que América Latina sea contagiada con la fiebre del comunismo. Optaron por una «limpieza nacional» al más puro estilo nazi.

En la actualidad chilena, fuertes protestas sociales contra las medidas económicas del gobierno de Sebastián Piñera tuvieron como respuesta del Ejecutivo la declaración de estado de excepción que posteriormente escaló a toque de queda. Se rememoraba así en Chile aquellos fatídicos momentos del 73 en que los militares ejecutaron la aberrante y antipatriótica acción de ser agentes represores del pueblo, en favor de los intereses de los patrones locales y del imperio.

En Chile, al igual que en todas las naciones que aún no hemos podido erradicar la herencia fascista, siguen asesinando a nuestros líderes sociales, permitiéndose la injerencia de agentes externos en asuntos locales, entregando nuestros recursos naturales, nuestra soberanía e imponiendo tarifazos. Tenemos pues sobre nuestros hombros la invaluable tarea de honrar la memoria de nuestros caídos y darles dignidad a nuestros pueblos mediante la erradicación total de la manifestación política y económica de toda herencia neoliberal fascista al servicio de empresarios, tanto locales como extranjeros.

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Salvador Allende, discurso del 11 de septiembre de 1973.

PD: Los datos históricos del golpe de Estado fueron extraídos del libro del periodista chileno Robinson Rojas titulado: «Estos mataron a Allende».

*Renato Recalde, estudiante de Filosofía y miembro del colectivo Pojoaju

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