La fuga del PCC fue una mudanza

La fuga de los miembros del PCC en Pedro Juan Caballero es un relato de una belleza siniestra, una genialidad con sello indeleble del Parawhy:
– Unos 75 a 93 presos del Primer Comando Capital se escapan de la cárcel.
– La cifra oscila tanto porque no están seguros de cuántos eran cuando estaban adentro, menos que menos ahora que se escaparon.
– Cavaron un túnel de 15 metros (sí, el largo de un bus común y corriente) para «escapar» de los guardiacárceles sin ser vistos. Guiño, guiño.
– Guardaban la tierra en bolsas de plástico en una celda.
– Las bolsas literalmente llegaban hasta el techo porque en este túnel podía erguirse en sus dos piernas un adulto, a diferencia de otros escapes carcelarios, cuyos túneles obligaban a los evadidos a arrastrarse en un hueco angosto por cientos de metros.
– Se tomaron su tiempo y, sinceramente, parecía que lo agarraron ya como un hobbie.
– Una vez terminado el túnel, los presos salen caminando por la puerta del frente. Dicen que enviaron a 2 o 3 manes por el túnel. No se sabe si para guardar las apariencias o porque les dio pena no usarlo después de tanto trabajo.
– La Policía, entonces, con el nivel de inteligencia que la caracteriza, publica una lista de nombres con número cédula de identidad de los supuestos presos.
– No pasó una hora para que en los medios y redes sociales se empiecen a denunciar falsas acusaciones: un señor ya mayor, postrado en su cama por el Parkinson quién sabe hace cuánto tiempo, aparece en dicha lista como uno de los fugados. Y no es el único caso.
– Requeridos, los organismos de seguridad del Estado tuvieron que reconocer (o por lo menos eso dijeron con un nivel de caradurez estratosferica) que no sabían a ciencia cierta quiénes estaban adentro.

Pero la cereza de la torta, el genio puro que indica que esto es cierto porque quién carajos podría inventar algo así, es el hecho de que muchos de ellos no solo salieron por la puerta del frente. También se llevaron ropa, televisores, heladeras y hasta algunos dijeron que un roperito.

Esto no fue un escape: fue una mudanza.

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