La fiesta de Vicente

Por Arístides Ortíz Duarte

Habrá sido cerca de la media noche. Habíamos terminado una primera y agotadora reunión en el local del SPP, luego de que Vicente fuera electo nuevo secretario general del gremio.  Un poco después, en el bar “El Rubio”, el relato de Vicente caía en medio de un silencio reverente y expectante. Doce a quince periodistas estábamos sentados en torno a una mesa colmada de botellas de cerveza Pilsen. Vicente contaba un caso desopilante de Diego Locura, uno de sus personajes reales y predilectos. Hilaba las ideas una tras otra, sin muletillas; hacía hablar  a su personaje con tono jocoso como un ventrílocuo; pasaba hábilmente del guaraní al castellano y de éste al guaraní aprovechando lo mejor de sus recursos, alzando el vaso cada rato. Daba la tonalidad  exacta  a cada pasaje de su relato. Una sonora carcajada del grupo fue el desenlace de la historia. Luego vinieron más historias, risas, y sobre todo muchas cervezas con las que atravesamos las horas de la madrugada.

Vicente Páez frecuentaba como pocos las interminables charlas grupales con un humor festivo y ácido a un mismo. Amaba también la cerveza como pocos.

Otra de sus pasiones sin frenos fue la militancia sindical y política.

Habrá sido entre 1996 y 1997. Un joven de poco más de veinte años clavaba de prisa los dedos en las teclas de una computadora en la redacción del diario La Nación. Tenía una melena negra y larga en coleta. Vestía una remera negra con la figura serigráfica de los integrantes de la banda de hevy metal Iron Maiden, un tipo de música que profesada casi con fanatismo. Los que entonces organizábamos la base sindical del SPP en La Nación nos acercamos a él y le propusimos que sea uno de los delegados sindicales. Aquel “sí” sin mucha convicción se convirtió cinco o seis años después en una vocación sindical inquebrantable, en una acción vertiginosa que no conocía el cansancio, en un orador impecable, con un sentido de la militancia desde la fiesta que a veces creaba desorden.

El fútbol, en sus colores azul y rojo del club de barrio Obrero, fue su segunda piel. Vivió con fe imperturbable y con fiestas inacabables los partidos de Cerro, gane o pierda. El solo hecho de que una persona fuera cerrista podía concitar su atención y su afecto. Fue miembro de su barra brava. Su memoria desgranaba como pocos la historia de Cerro y del fútbol paraguayo.

Un día de no recuerdo que año ni hora, me quedé sin plata para el pasaje en el local del SPP que entonces estaba ubicado sobre la calle Herrera. Debía ir a la redacción del diario la Nación, donde trabajaba. Pedí la plata a Vicente. Sin dudar sacó del bolsillo un cinco mil guaraníes y me lo extendió. Minutos después, antes de que yo saliera a la parada de bus, Vicente pedía a Jorge Zárate un cinco mil para su pasaje y salía antes que yo para ir a no sé dónde. Para los suyos, fue un hombre generoso. Su desapego de lo material era admirable.

Ayer sábado 15 de octubre a la madrugada inhaló su último bocado de aire. No diré que fue bondadoso y puro. Eso sería difamar a Vicente y al ser humano, complejo, contradictorio y gris hasta su última célula como cualquier bicho del Universo. Fue un hombre con sus equivocaciones y aciertos. Yo solo cuento desde el lugar donde me tocó vivir con él durante casi 20 años. Que intentó llevar hasta el extremo, en línea recta, sus creencias y sus gustos. Que entró por el sendero del misterio de la vida con dignidad y firmeza. Y que sentiré la ausencia de su vitalidad.

 

 

Comentarios

.
Sin comentarios

Déjanos tu opinión

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.