La decisión del patrón

En algunos barrios ya lo nombraron hace rato «el tío Horacio». Este personaje tiene los votos en la Cámara de Diputados para lo que se le antoje. Para apretarlo a Mario Abdo y para pasarle una tabla salvadora. Así fue desde el mismo momento en que Mario Abdo estableció un equipo de gobierno sin la gente de Cartes. Desde ese momento han jugado una partida de truco muy interesante. Desde sus medios, más de una docena, se lo ataca, y en público se reconcilian, en una relación esquizoide.
Cartes, que durante los cincos años de gobierno armó la corporación más grande del país, necesita el río liberado y las pistas clandestinas liberadas para seguir aumentando exponencialmente sus fortunas. Es el gran cohesor de los grupos traficantes. Del tráfico ilegal de mercaderías las ganancias son incuantificables. Aquel cargamento de 20.000 kilos de cocaína ubicado en Alemania, Made In Paraguay, ronda los 2.000 millones de dólares.
De los cigarrillos algo ya se sabe, se traen los insumos de Brasil, se los empaqueta acá y se los devuelve al mercado brasilero y de ahí a Colombia, Méjico, Venezuela y Estados Unidos. El grupo Cartes y sus amigos necesitan absoluta libertad en puertos privados y estancias donde bajan y suben los Cessna, avión preferido del tráfico, cuya representación la tiene la familia Cartes. Lindo negocio.
El grupo base de Abdo son las empresas construtoras, parte del denominado la patria contratista, que incluye cadenas de farmacias, seguros y otras líneas. También necesitan del Estado porque nacen y viven de las licitaciones con el Estado. La relación en estos años en entre estos grupos ha sido medio tensa. Si no se le corta algo del origen del dinero del Grupo Cartes no se lo puede bajar del paraíso de dinero que mete en el país comprando todo alrededor.
Fueron tipos como Mario Abdo, Galaverna y otros «líderes» del Partido Colorado quienes, a la derrota del Partido Colorado en el 2008, habían visto en Cartes a un salvador providencial para volver a la Presidencia. Ya sin manejo discrecional de los fondos públicos, activo financiero de sus campañas, el patrón con dinero a discreción para aceitar toda la maquinaria electoral, era el candidato providencial.
Pero en las elecciones del 2013 sentían que una candidatura del frente gubernista liderado por Fernando Lugo tenía las de ganar así que decidieron sacarlo, provocando y utilizando, en una rápida operación, la masacre de Curuguaty para el efecto.
Pero estaba por ahí aquel caudillo militar, Lino Oviedo, en litigio de territorios de tráfico con Cartes, diciendo que su movimiento no lo iba a votar y que pensaba volcar sus votos al candidato liberal Efraín Alegre.
Un día de esos, un poco antes de las elecciones, el helicótero que lo trasladaba se hizo añicos.
En semanas posteriores gran parte de la estructura oviedista se alineaba a Cartes por efectivas razones.
Así volvieron a la presidencia de la República las dos alas más importantes cobijadas por el Partido, el ala traficante y el ala contratista.
Como están cerca de las elecciones, el ala contratista, consagrada de chuparle las tetas al Estado, entra en crisis. Al acercarse las elecciones municipales, retornaron las formas prebendarias y clientelares que necesita de mucho dinero, dinero que el grupo Cartes saca del enorme mundo del tráfico, el lavado de dólares y que el grupo de Mario saca del Estado.
En ese escenario explota todo en salud pública. Los medicamentos se esconden, se desvían y se redireccionan justo en un período en el que la pandemia tocó nuestras puertas.
Esto desbordó y hoy el gobierno de Mario Abdo, salvado ya de un juicio cuando se descubrió que entre gallos y media noche estaban negociando Itaipú a poco tiempo de su renegociación oficial, entre en una crisis terminal.
¿Quién lo puede salvar?.
Hasta ahora es el patrón que ellos mismos, al dejar la Presidencia en el 2008, lo está haciendo, vaya uno a saber con qué tratos a trastienda.
Por ahora.
Para subirlo a Mario Abdo Benítez en las elecciones de 2018 habían comprado encuestas que le daban hasta un 17 por ciento por encima de Efraín. En el día de las elecciones compraron las encuestas de boca de urna con supuestas diferencias de alrededor de 8 a 10 por ciento. La diferencia era mucho menor pero habían logrado desmovilizar hasta bajar la participación a un mínimo histórico, con lo que se aseguraban la victoria oficial.
Este gobierno, aún con el dinero del Estado, aun con el dinero del tráfico, solo obtuvo el apoyo del 25 por ciento de la población electoral.
Así está, sin apoyo popular, a la mira de los grandes mercaderes.
Lo están enfocando, a veces la nariz, a veces los ojos, a veces toman descanso, beben un poco y se ríen.

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